23 de Octubre, 2017, 11:30: ALFRE306General
Nunca será más mujer que cuando respete el plan de Dios


Por: n/a | Fuente: TeologoResponde.org



Pregunta:

Estimados señores: Yo opino que existen muchas leyes que no son aplicables a la vida de hoy y que deben ser actualizadas por los jerarcas de la Iglesia. Me inquieta muchísimo lo referente a la anticoncepción. En mi condición de mujer casada, creo que tengo el derecho de decidir mi vida; no creo que ataque a ninguna ley evitar un embarazo, ¿debería entonces embarazarme cada año, hasta que mi cuerpo no aguante, y me muera en un parto, o tener todas las complicaciones que un embarazo tiene, tener niños que no pueda criar? ¿no poder estudiar?, ¿llevar una vida dedicada a criar niños y no poder ejercer ningún cargo?, ¿ser discriminada por la sociedad y no ser empleada por mi estado? Yo tengo un concepto muy alto de la mujer y no me gusta escuchar que la mujer es una especie de objeto de pecado, una mancha, una cosa o un objeto malo. Me gustaría recibir de ustedes una respuesta a mis dudas o una opinión de lo que expresé. Por su atención muchas gracias.

Respuesta: 

Estimada Señora:

La Iglesia tiene la más alta estima por la mujer, como podría Usted comprobar leyendo los documentos pontificios que hablan sobre ello (como, por ejemplo, la Carta Mulieris dignitatem, sobre la dignidad de la mujer, del Papa Juan Pablo II). Es más, tiene un concepto de la mujer (y del hombre) más alto que el que tienen muchos que piden libertades para la mujer que en el fondo no la liberan sino que la esclavizan.

Es parte esencial de la dignidad de la mujer el saber respetarse y hacerse respetar. Respetarse es conocer su propia verdad, saber qué es ella en el plan divino y respetar el plan de Dios sobre ella. Ese plan está admirablemente grabado en sus íntimas estructuras, en su psicología, en su espiritualidad y en su biología. Respetando el plan de Dios sobre la mujer, ésta se respeta a sí misma y puede llevarse a la más alta dignidad.

La anticoncepción disgrega dos elementos que Dios ha querido juntos en el ejercicio de la sexualidad humana: la unión de los cónyuges (siempre actual) y la paternidad/maternidad (no siempre actual sino que muchas veces no es más que potencial, según lo prevé la misma naturaleza). Separando ambas dimensiones se desvirtúa la sexualidad. Así como es una aberración querer la maternidad sin amor (como ocurre en el acto sexual ejercido con violencia, o con desprecio, o por fines de lucro o de placer, pero sin amor), igualmente es una aberración querer el ejercicio de la sexualidad sin la donación total a la otra persona (donación que es total cuando incluye también la potencialidad procreadora, tal como la naturaleza la prevea para el momento en que ejercen la sexualidad).

Éste es el motivo por el que la Iglesia, por respeto a la ley natural y por tanto, por respeto al hombre y a la mujer, condena la anticoncepción.

Además, la anticoncepción se inserta en una lógica antivida; de hecho ella es madre del aborto y del rechazo a la vida. Y hacer de una persona una mentalidad antivida es el peor abajamiento al que puede sometérsela.

Esto no implica esclavizar a la mujer a una maternidad constante, quedando embarazada una vez tras otra. El conocimiento de sus ritmos biológicos (y por tanto, de los sabios planes de Dios) le permite reconocer e identificar los momentos en que ella es fértil y los momentos en que no lo es; ya sea para decidir ejercer la sexualidad conyugal en los momentos de fertilidad (buscando ser madre) como para restringirse por motivos serios a los momentos de infertilidad distanciando los embarazos. Tal es el núcleo de los métodos naturales.

Tenga por cierto que nunca será más mujer que cuando respete el plan de Dios que fue quien hizo a la Mujer.

22 de Octubre, 2017, 12:00: ALFRE306General
Estas acciones pueden crear en el matrimonio un patrón de pensamiento en el cual la probabilidad de adulterio aumenta


Por: Philip Kosloski | Fuente: PhilipKosloski.com // PildorasdeFe.net



Recientemente me senté en mi oficina con un joven esposo y comenzó a contarme una historia acerca de cómo su esposa lo había descubierto teniendo un inapropiado intercambio de mensajes de textos con contenido sexual con una compañera de trabajo. Su esposa había sospechado que algo estaba mal, que podía haber una infidelidad, porque inconscientemente él se había alejado de ella de forma emocional y física, mientras le daba más y más espacio en sus pensamientos a esta otra mujer.

Hasta ese momento, no habían cruzado la línea del contacto físico o sexual, únicamente la parte emocional, y aun así, le hizo mucho daño a su matrimonio. Como muchas parejas, se encontraron en una posición en la que jamás se imaginaron y ahora estaban tratando de comenzar a reconstruir la confianza y restaurar su relación.

Mi conversación con él me llevo a pensar en aquellos pequeños errores que frecuentemente cometemos y nos pueden llevar a caer en el adulterio. Así que a continuación voy a listar cinco señales que he visto frecuentemente.

Estas no están específicamente relacionadas a una relación inapropiada con alguien que pueda llevar al adulterio, PERO estas acciones pueden crear en el matrimonio un modo de pensamiento donde el adulterio tiene mayor probabilidad de ocurrir.

Comparto entonces los 5 malos hábitos que nos pueden llevar a la infidelidad (sin un orden en particular):

1.- Criticar a tu cónyuge en público, en privado o en línea.

El criticar, quejarse o constantemente corregir a su cónyuge puede hacer que ambos sean más vulnerables a una aventura. Cuando tú miras a tu esposo(a) con un ojo crítico, estás más propenso(a) a poner tus ojos en alguien más y tu cónyuge está más propenso a ser atraído por alguien que le dé un cumplido en lugar de una crítica. Si hay un clima de crítica en tu matrimonio, toma acción inmediata para cambiar esta situación.

2.- Falta de afecto físico

Si tú y tu pareja no se están abrazando, besando, agarrando de la mano, etc. esta es una señal mayúscula. La intimidad sexual frecuente es obviamente importante también, pero estos pequeños actos de contacto físico diario son importantes para la conexión física y emocional que mantiene juntos a marido y mujer. Si en tu matrimonio está faltando esto, comienza ya a tener estos contactos físicos. Si tu cónyuge no recibe con calidez tus acercamientos, deben conversar sobre las razones por las que hay una falta de conexión.

3.- Rodearte de amigos que no conozcan (o no les guste) tu cónyuge.

Estoy convencido de que uno de los grandes factores que llevan a las personas a tener una aventura son los amigos de los que se rodean. Esto te puede sonar sorprendente, pero lo he visto pasar muchas veces. En la mayoría de los casos (no todos) de adulterio, el cónyuge que ha tenido una aventura también ha estado pasando tiempo con amigos y compañeros de trabajo que no contribuyen a la fidelidad matrimonial. Rodéate de amigos que fortalezcan tu carácter y aléjate de aquellos que pueden comprometer tus principios.

4.- Creer que tú tienes la razón todo el tiempo.

Cuando empiezas a faltarle el respeto a tu cónyuge al no considerar sus puntos de vista, estás abriendo la puerta a la infidelidad. Muestren respeto mutuo todo el tiempo. El respeto y la consideración no solo son excelentes herramientas para prevenir el adulterio, son vitales para sanar cada parte de tu matrimonio.

5.- Tener secretos para con tu cónyuge.

El sigilo es el enemigo de la intimidad. ¡El momento en el que empiezas a borrar tus mensajes de texto, esconder cosas o hacer cualquier cosa que esperas que tu cónyuge no se dé cuenta, realmente estas cruzando una línea de respeto! Si quieres que tu matrimonio no esté en riesgo y este protegido del adulterio, asegúrate de que esté “Libre de Secretos”. Nunca guardes secretos y nunca mientas a tu cónyuge. La transparencia y honestidad total son la única forma en la que un matrimonio puede funcionar.


 

Artículo publicado originalmente en: PhilipKosloski.com,
Adaptado y traducido al español por Manuel Rivas, para PildorasdeFe.net

 

21 de Octubre, 2017, 13:48: ALFRE306Familia y Sociedad
5 consejos para evitar la hipersexualización en los niños


Por: Red Famiia | Fuente: yoinfluyo.com



Actualmente los niños y niñas son utilizados y sexualizados para vendernos a los adultos y a ellos mismos todo tipo de productos, ropa, coches, muñecas videojuegos, accesorios entre otros.

Niños sexualizados

La hipersexualidad es el manejo mercantilizado del cuerpo, en donde el valor de alguien se basa en su capacidad de gustar. Si bien a todos nos agrada arreglarnos y vernos bien, el matiz cambia cuando se sexualiza o se usan poses, ropa o arreglos que enfatizan atributos que no corresponden a una edad tan temprana.

Esto provoca que las niñas se preocupen excesivamente en su apariencia física y se inician en el culto al cuerpo, lo cual origina que los trastornos alimenticios inicien a los 10 años, además hay series en las que niñas de entre 3 y 10 años son presionadas a utilizar pelucas, maquillaje, bronceadores para concursos de belleza infantil, sin importar los daños físicos y mentales, lo triste es el mensaje: una sociedad que valora el aspecto físico, donde las niñas y niños viven por y para esos concursos.

Los medios de comunicación y los anunciantes deben ser estrictos en sus códigos de ética, pero los principales responsables de fomentar y terminar con la hipersexualidad son lo padres, ya que deben estar presentes en vigilar y acompañar en lo que ven, escuchan y compran los niños y las niñas, así tendrán un juicio adecuado por lo que son y no por lo que aparentan.



Consejos para evitar la hipersexualización:

1. Cuida lo que tus hijos ven, busca contenidos apropiados.

2. Ropa adecuada para su edad.

3. Videojuegos sin violencia ni aspectos sexuales.

4. Seguridad de los padres en quienes son.

5. Que la apariencia física no sea una obsesión.

Si nos ven felices siendo quienes somos ellos también lo serán con el cuerpo y apariencia que tienen, porque para formar en una sexualidad sana y autoestima a nuestros hijos, en la familia está la solución.

20 de Octubre, 2017, 12:33: ALFRE306General
La libertad permite que actuemos de modo responsable


Por: P.Fernando Pascual, L.C. |



Ser libres implica ser responsables. Por eso, cuando alguien nos pregunta por qué hicimos algo, nuestra respuesta implica asumir la propia responsabilidad.

Este hecho explica el fenómeno de la culpa. Alguien es culpable de un acto dañino precisamente porque pudo no haberlo cometido, porque era libre.

En las teorías que suponen el determinismo, no hay culpas. Uno hace lo que hace porque está determinado por sus neuronas, o por sus hormonas, o por la presión social, o por su psicología, o por el destino.

En cambio, en las teorías que admiten que cada ser humano, al iniciar su plena conciencia, puede actuar desde la inteligencia y la voluntad libre, entonces sí existen culpas.

La experiencia personal y la vida social están más cercanas a las teorías que admiten la libertad que a las teorías que admiten el determinismo. Basta con ver cómo funciona el sistema jurídico y las alabanzas o los reproches que formulamos sobre otros para constatarlo.



Por eso, resulta importante reconocer ese nexo profundo que existe entre culpa y libertad. Porque solo la libertad permite que actuemos de modo responsable. Y solo un acto responsable puede ser bueno o malo, digno de alabanza o merecedor de desprecio.

Desde luego, hablar de culpas implica hablar de méritos. Si uno es culpable de un daño grave en la vida familiar, también puede ser merecedor de alabanzas cuando pide perdón y repara el dolor causado en otros.

Reconocer la libertad humana en sus dimensiones éticas, y buscar un ejercicio responsable de la misma, nos llevará a tomar conciencia de la seriedad de cada una de nuestras opciones, nos apartará de actos culpables, y nos impulsará a invertir tiempo y energías en actos meritorios, justos y bellos.

19 de Octubre, 2017, 12:42: ALFRE306General
Estamos hechos para creer.


Por: H. Jose Andazola LC | Fuente: Catholic.net



Este verano fui a visitar la “ciudad de los dioses” (Teotihuacán) con un grupo de adolescentes de todo el país. Les organizamos un rally por todas las pirámides y el parque. Estuvo muy bien organizado y más chistoso el verlos tomando con un ratón (que se les proporcionó) investigando datos de las pirámides y bailando la macarena con turistas europeos.


Pero, lo que más me impresionó fue la prueba de fingir estar haciendo una “ceremonia de energía” en la punta del templo del sol. Un chico de Cancún empezó a susurrar en voz baja entonando canticos ritualísticos. Los demás chicos se pusieron de acuerdo para unirse poco a poco para generar confianza en la gente. En pocos minutos había  unas 25 personas en un círculo escuchando a este gurú cancunense. Les empezó a decir que liberen la mala energía de sus cuerpos aprovechando la energía de las pirámides. Y todos levantaban las manos al unísono. Luego les dijo que se acercaran a la piedra más alta de la pirámide y la tocaran tomando toda la energía positiva. Y, todos sin falta se hincaron para tocar la piedra con una cara tan fervorosa que me costaba no mostrar una risita. Y, finalmente les dijo que se podían quedar allí aprovechando la energía que era un momento muy especial ya que estábamos en el quinto sol del calendario Azteca. Y, con este último comentario unas tres personas dudosas o tímidas se unieron a la recepción de energía.


Debo de decir que de todo el grupo había una persona que lo hacía como broma, riéndose y volteando a su pareja que le estaba grabando todo. Excluyendo esta excepción, la demás gente se veía bastante metida en el “rito de energía.” Y, ver a más de veinte personas tan metidas en algo inventado 10 minutos antes es algo que nunca había visto.


Me sorprendió muchísimo pero también me dejó pensando en el valor y en la necesidad intrínseca de todo ser humano de creer. Estamos hechos para creer. Hoy día se escucha mucho sobre la energía. Hay varios tipos de energía. Pero es un concepto y una realidad bastante misteriosa para nosotros. La electricidad es energía, el fuego contiene energía y nuestros cuerpos también están cargados con energía. Y, parece ser que en una sociedad tan pagana (como la de hoy) busca satisfacer este deseo de creer con una realidad misteriosa que sabemos que existe y “está allí” pero que no sabemos exactamente qué es. Toda sociedad tiene sus creencias, todo ser humano cree en algo.


José María Cabodevilla lo dice con una pizca de humor en su libro, “La jirafa tiene ideas muy elevadas: Para una teoría cristiana del humor”:

Le decía que no hay nadie que no crea en algo. En definitiva, todo es fe. La ciencia misma, ¿qué otra cosa es? El científico cree en las leyes de la naturaleza, en la exactitud de sus propios análisis, en la capacidad de la inteligencia para descubrir la verdad. Aunque parezca un contrasentido, las ciencias están construidas con más candidez que rigor. Se empieza por un acto de fe, se empieza creyendo en el testimonio de los sentidos, y se acaba en la elaboración de un credo. ¿Qué diferencia hay entre creyentes religiosos y no creyentes? Unos creen lo que no ven, otros creen que ven. Unos y otros creen por igual, si bien en cosas distintas y a veces contrarias. Todos ellos son creyentes en el sentido en que podríamos decir también que todos los hombres, tanto los ricos como los pobres, son pobres, pues todos son indigentes y mortales. Todos creemos mucho más de lo que sabemos.

Hoy día la fe es mirada como una consolación para los débiles o para los ignorantes. Una creencia no tiene el mismo nivel de importancia que una teoría científica o una operación matemática. Sin embargo, por la misma experiencia hoy día podemos constatar que hay gente que da su vida por una creencia pero nadie ha muerto por una teoría científica u operación matemática.


Creer es saber sin ver. Saber es “ver” personalmente. Si unos alumnos están fumando a escondidas y llega un amigo corriendo y les dice que viene el profesor, inmediatamente apagan los cigarros y los esconden. Nadie vio al profesor pero le creyeron al amigo. No sabemos a ciencia cierta si existió Napoleón porque no lo vimos. Creemos que existió, y creemos basados en estudios hechos por profesionales e historiadores. Pero no lo sabemos. O, cuando nos subimos a un avión no sabemos cómo funciona, no sabemos si el capitán se llama realmente como dijo, ni siquiera sacamos una brújula para asegurarnos la dirección del aeroplano. Confiamos ciegamente en la aerolínea y en el capitán de que llegaremos a nuestro destino.


Por tanto, estamos hechos para creer. No se puede no creer. Lo importante es saber en quien creer que allí nos jugamos todo. Porque como sabiamente dijo Chesterton,
“When men stop believing in God, they don’t believe in nothing; they believe in anything"

 

18 de Octubre, 2017, 11:16: ALFRE306Bioética
Demasiadas historias interrumpidas, cuentos sin contar, alegrías sin vivir.


Por: José Bolio Halloran | Fuente: yoinfluyo.com



Por un primer despertar. Por una sonrisa pura, sin dientes y con mucha baba. Por un par de ojos que brillan como soles. Por una piel suave y delicada. Por una noche de mal dormir. Por una risa suave que alegra hasta el más triste de los rincones. Por un tierno gesto de sorpresa ante los sabores desconocidos. Por un “ma-má” balbuceado.

Vida interrumpida

Por unas rodillas percudidas. Por unos primeros e inseguros pasos. Por una primer caída. Por una primer levantada. Por un primer día de escuela. Por unos zapatos raspados. Por un primer amigo. Por un pastel con velitas. Por un abrazo de oso. Por un beso baboso. Por una mirada de amor. Por un “te amo” canturreado. Por un “me perdonas” susurrado. Por un primer triunfo. Por una primer derrota. Por un grito alegre sin razón. Por una caricia. Por una primer pelea. Por una primer reconciliación. Por un sueño. Por un baile sin razón. Por una inocente travesura. Por un “gracias”. Por una carcajada sin control. Por un sollozo. Por una ocurrente y, a veces, incómoda pregunta. Por una lágrima de felicidad. Por una primer fiesta. Por un primer amor. Por un primer beso. Por una difícil decisión. Por un experimento fallido. Por un primer trabajo. Un primer ascenso. Por un sí en el altar. Por un hogar. Por un hijo. Por otro hijo… y, quizá, por otro. Por un primer viaje. Por un hermoso paisaje. Por oír el trinar de los pájaros. Por una meta cumplida. Por un esfuerzo recompensado. Por una sola vida llena de alegrías y sinsabores, de éxitos y fracasos, de esperanzas, de oportunidades, de sueños…

En México se registran alrededor de 80,000 abortos anuales. Demasiadas historias interrumpidas, cuentos sin contar, alegrías sin vivir. No seamos testigos silenciosos y pasivos.  

Por defender tan solo uno de estos milagros valdría la pena luchar sin descanso día y noche hasta el último de nuestros alientos. Arriesgar la propia vida. Perder hasta el último centavo. Porque son estas maravillas las que le dan sentido a la vida. Afortunadamente, no hay que llegar a tanto. Con muy poco podemos hacer mucho.

El esfuerzo constante y alegre. El sacrificio desinteresado. La aportación generosa. El comentario valiente. La actitud congruente. El valioso tiempo. El conocimiento útil. El consejo oportuno. La opinión informada. Son éstas nuestras armas contra los cada vez más enemigos de la vida humana.
17 de Octubre, 2017, 12:32: ALFRE306General
Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org



Pregunta:

Soy una persona que está de acuerdo en que la eutanasia es un pecado grave. Pero también reconozco que no tengo buenos argumentos para sostenerlo en una discusión, especialmente cuando me plantean algunos casos límite presentados con una gran carga afectiva. ¿Puede Usted fundamentarme la doctrina de la Iglesia?

Respuesta:

Estimado amigo:

         «Por eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor»[1].

         «De ella debe distinguirse la decisión de renunciar al llamado ‘ensañamiento terapéutico’, o sea, ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia ‘renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares’. Ciertamente existe la obligación moral de curarse y hacerse curar, pero esta obligación se debe valorar según las situaciones concretas; es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante al muerte»[2].

Algunas denominaciones de la eutanasia

         Respecto de la eutanasia se ha elaborado una terminología bastante amplia que, a veces, se utiliza para hablar del tema en forma confusa y presentar una cosa por otra. Conviene entender las principales acepciones.

         1) Eutanasia eugénica: es la eutanasia practicada por razones de higiene racial o por razones sociales, económicas, etc. Pretende liberar a la sociedad de enfermos crónicos, discapacitados, minusválidos que consumen lo que no producen, y que son una carga. Sus propulsores se basan en teorías eugénicas de Galton, Garófalo, Lombroso, Sanger, Nietzsche, Rosember, etc. Tuvo su paradigma en el nazismo: el régimen obligó a esterilizar, abortar y a eutanasiar a todos los considerados no productivos, sin valor o disidentes. Juzga en base a factores demográficos, económicos, políticos, utilitarios, hedonísticos.

         2) Eutanasia piadosa (mercy killing): se practica con el fin de aliviar los dolores y sufrimientos del enfermo. Parten sus apologistas de que en la vida no tiene sentido el dolor, y de que no hay trascendencia. La sostuvieron Thompson, Pauling, Modod, Barnard, Platón, Voltaire, Sartre, etc.

         3) Eutanasia positiva: es el homicidio, cometido por fines eugénicos o piadosos, en el que el agente de manera directa o positiva o activa actúa sobre la persona enferma provocándole la muerte (ahogándola, haciéndole inhalar gases venenosos, inyecciones tóxicas, etc.). Pertenecen a esta modalidad el suicidio y el suicidio asistido, y la eutanasia prenatal o aborto eugénico.

         4) Eutanasia negativa: es la muerte del paciente por medios indirectos, pasivos o negativos. El agente deja de hacer algo que permite proseguir la vida, omite practicar o seguir practicando un tratamiento activo. Tiene dos modalidades importantes:

a) La ortotanasia: es la interrupción u omisión de medios médicos proporcionados, ordinarios y normales.

b) La distanasia: es la interrupción u omisión de medios médicos desproporcionados y extraordinarios, de gran envergadura. Técnicamente no es eutanasia.

         5) Eutanasia directa: es la eutanasia en la que la intención del agente es la de provocar la muerte, ya sea por homicidio o por suicidio asistido. No importa los fines o los medios.

         6) Eutanasia indirecta o lenitiva: técnicamente no es eutanasia. Consiste en realizar determinados actos (administración de sedantes, ciertas drogas) con un fin bueno (el disminuir el dolor del paciente), el cual tiene por efecto secundario el abreviar la vida del paciente.

         7) Eutanasia voluntaria: solicitada por el paciente, ya sea por medios positivos o negativos.

         8) Eutanasia involuntaria: es la que se aplica a los pacientes sin su consentimiento.

Valoración moral

         La eutanasia (salvas las excepciones de la distanasia y la eutanasia lenitiva, que no son propiamente eutanasias) está comprendida en la calificación moral del homicidio y del suicidio directos. Concretamente, según las diversas modalidades, puede ser: sólo suicidio, sólo homicidio, o suicidio y homicidio al mismo tiempo (suicidio asistido u homicidio consentido).

         1) Cuando es sólo suicidio pueden darse casos de moralidad subjetivamente atenuada por la desesperación y por perturbaciones psicológicas producidas por ciertas enfermedades terminales. Evidentemente, esto ocurre siempre que se den alguno de los impedimentos del acto humano (ignorancia de la malicia del acto, enfermedad psicológica, etc.).

         2) Cuando se trata de suicidio asistido, aun mediando «razones de piedad», se añade a veces el agravante de los lazos de parentela de quien asiste positivamente o consiente al suicidio del moribundo, o las obligaciones de justicia y deontología de quienes lo practican (médicos, enfermeros, etc.): «La eutanasia… debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante ‘perversión’ de la misma. En efecto, la verdadera ‘compasión’ hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes –como los familiares– deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos –como los médicos–, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas»[3].

         3) Cuando se trata sólo de homicidio, la eutanasia presenta características particularmente agravantes y repugnantes: el cinismo de desembarazarse de los seres juzgados «sin valor», la negativa de prestar servicio al que sufre, el pecado contra la justicia propio de todo homicidio, la calidad de indefenso del enfermo. Dice la Evangelium vitae: «La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. Así, se presenta de nuevo la tentación del Edén: ser como Dios, conocedores del bien y del mal (Gn 3, 5). Sin embargo, sólo Dios tiene el poder sobre el morir y el vivir: Yo doy la muerte y doy la vida (Dt 32, 39; Cf. 2 R 5, 7; 1 S 2, 6). El ejerce su poder siempre y sólo según su designio de sabiduría y de amor. Cuando el hombre usurpa este poder, dominado por una lógica de necedad y de egoísmo, lo usa fatalmente para la injusticia y la muerte. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas»[4].

         Por todo esto, hay que decir que la eutanasia es un pecado:

         1º Contra la sacralidad de la vida y contra el señorío divino. Con la eutanasia, el hombre se proclama señor de la vida y de la muerte de sus semejantes: «Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad: En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo (Jn 8, 34)»[5].

         2º Contra el sentido del dolor y de la muerte.

         3º Contra la tarea esencial de la medicina: «para un médico, el único éxito profesional es curar».

         4º Contra la absoluta indisponibilidad de la vida humana.

         Dice Juan Pablo II en la Evangelium vitae: «Hechas estas distinciones, de acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio»[6].

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Bibliografía para profundizar:

            Ravaioli, Luis Aldo, Valoración ética de la eutanasia, Serviam, Buenos Aires 1994.

            Monge, Fernando, ¿Eutanasia?, MC, Madrid 1989.

            Basso, Domingo, Nacer y morir con dignidad, Consorcio de Médicos Católicos, Buenos Aires 1989, 405-464.

            Conferencia Episcopal Española, La eutanasia. 100 cuestiones y respuestas, MC, Madrid 1993.

[1] Evangelium vitae, n. 65.

[2] Ibid.

[3] Evangelium vitae, n. 66.

[4] Ibid.

[5] Evangelium vitae, n. 20.

[6] Evangelium vitae, n. 65.

16 de Octubre, 2017, 12:21: ALFRE306General
Desde San Francisco hasta Juan Pablo II

El hombre se contagia del ejemplo y de las opiniones de los que lo rodean. Restaurar la vida cristiana en la sociedad... es el desafío


Por: P. Fernando Gioia, EP | Fuente: es.gaudiumpress.org



Cierta vez San Francisco de Asís pidió a Fray León, su allegado discípulo, que lo acompañase pues iría a predicar un sermón. Salieron del convento, anduvieron de un lado a otro de la ciudad y volvieron después de cierto tiempo. Fray León, perplejo, preguntó a San Francisco, pensando que se había olvidado, qué había pasado con el sermón. A esto el santo le respondió: "nuestro caminar por las calles ha sido el sermón". Había sido el fenómeno del contagio. Ver un monje tan humilde, tan recogido en oración, tan compenetrado del llamado a la pobreza que Dios le hizo, fue un testimonio penetrante, fue una predicación.

Lo relatado nos hace considerar cómo el hombre se contagia del ejemplo y de las opiniones de los que lo rodean. También los ambientes juegan un papel preponderante en lo que podríamos llamar de contagio. Es imposible que encontrándose dos hombres no se influencien mutuamente, sea para el bien, sea para el mal. Muchos se preocupan por la prevención de enfermedades contagiosas. Pocos se dan cuenta o percatándose, toman una actitud de vigilancia, ante los peligros de contagio "espiritual" en el convivio de los hombres.

La influencia que ejercía un San Francisco de Asís era similar al impacto que producía un San Juan María Vianney, el famoso cura de Ars, que siendo poco inteligente y de presencia simple, ejercía tal estremecimiento que, preguntado un viñador del Mâcnnais qué había visto en la aldea de Ars, respondió: "He visto a Dios en un hombre". Era tan santo, que se veía que él no era Dios, pero se percibía que Dios estaba en él, algo de sobrenatural trasparecía en su persona.

Una mirada, una actitud de silencio, una media palabra, una presencia, pueden crear una atmósfera en un lugar. Al mismo tiempo, la acción que ejercen los ambientes, las costumbres, los edificios, las ceremonias, el arte en general - cuando no y destacadamente la música -, así como también otros y numerosos factores que conforman el convivir cotidiano de los hombres, tienen su poderoso efecto.

Recordando los tiempos del gran Patriarca del monacato occidental San Benito con sus monjes, en el silencio, la disciplina y el trabajo, la oración, el estudio y el ceremonial litúrgico, acabaron cristianizando un continente, y esto repercutiendo en el mundo a través de los siglos. En su accionar ejercían una sana influencia sobre pueblos y ciudades, marcando el entorno con el buen ejemplo de su "ora et labora". A través de la irradiación de su mística, ideal de vida y virtudes, transmitían agradable perfume a sus alrededores y en sus misiones apostólicas, "llegando al gran movimiento de piedad y renovación en el que se formó la idea de Europa" (Joseph Ratzinger, Convocados en el camino de la fe).

No parece ser la oportunidad de desarrollar los diversos tipos humanos que a través de la historia fueron apareciendo como "modelos de contagio". Pero sí recordar que, a partir de la mitad del Siglo XX, aparecieron nuevos y singulares en medio del deterioro de la sociedad. La Primera Guerra Mundial señaló el fin de un tipo humano caracterizado por una forma de ser más ceremoniosa, donde la educación y la cultura tenían un peso muy grande en las relaciones humanas. Tiempos en que la influencia religiosa era aún destacada en la vida social y personal.

Entraba en escena la llamada "revolución cultural", calificada por no pocos como postmoderna, reflejando estereotipos de vida caracterizados por las malas maneras, la suciedad, la completa falta de compostura. Actitudes incompatibles con las costumbres ordenadas del convivir humano fruto de la evangelización que, a través de los siglos, sacó a los hombres de la barbarie. Conductas que iban desviando a las almas del bien y, a la larga, de la verdadera religión. Era, y es, la penetración del desorden, contrario visceralmente al propio Dios, autor de todas las formas de orden.

Se fue produciendo una quiebra de los padrones de vida repercutiendo en el desarrollo del pensamiento. Este acontecimiento coincidía con lo que Pablo VI señalaba: "numerosos psicólogos y sociólogos, afirman que el hombre moderno ha rebasado la civilización de la palabra, ineficaz e inútil en estos tiempos, para vivir hoy en la civilización de la imagen" (Evangelli Nuntiandi, 42). El cine, impulsado especialmente desde los Estados Unidos, con sus imágenes, fue dando los modelos a ser seguidos. Era la influencia de Hollywood, que inundando especialmente al mundo occidental, marcó una época en la historia del pensamiento. Ya hoy el modelar del pensamiento de las personas lo hacen más los medios modernos de comunicación. Dejaron de predominar los bienes del espíritu destacándose lo material ante todo; como si la vida fuese sólo la búsqueda del éxito y el bienestar temporal. Salud, dinero, felicidad, son los mitos. Culminando con la deformación de las propias reglas morales.

"Vivimos en un tiempo caracterizado en gran parte por un relativismo subliminal que penetra todos los ambientes de la vida", decía Benedicto XVI (24-9-2011). Este fenómeno -en el que la verdad completa no es considerada- ha llegado a tener carta de ciudadanía en los estilos de vida, influyendo en las relaciones humanas, y por lo tanto sobre la sociedad, por el "efecto-contagio".

Preocupaba seriamente a Juan Pablo II la avalancha de cambios culturales que se vivían. Decía que, urgía restablecer el cuerpo cristiano de la sociedad humana, y esto sólo se conseguiría con la presencia de testigos de la fe cristiana, que superen "la fractura entre el Evangelio y la vida, recomponiendo en su vida familiar, en el trabajo y en la sociedad, esa unidad de vida, que en el Evangelio encuentra inspiración y fuerza para realizarse en plenitud" (Mane Nobiscum Domini, 34).

Rehacer, recomponer, restaurar la vida cristiana en la sociedad es el desafío. Para lograr eso, se hace necesaria una coherencia que supere la "fractura" de vida que sufren los hombres de hoy. Sólo se logrará con el "impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico" (Decreto Conciliar Apostolicam actuositatem, 5).

Por el P. Fernando Gioia, EP

(Artículo publicado en LaPrensaGrafica.com, 16-01-2016)

15 de Octubre, 2017, 10:23: ALFRE306General
Reflexión del evangelio de la misa del Jueves 12 de Octubre de 2017

Jesús propone ponernos en manos de nuestro Padre Dios


Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato |



Malaquías 3, 13-20: “Ya viene el día, ardiente como el horno”
Salmo 1: “Dichoso el hombre que confía en el Señor”
San Lucas 11, 5-13: “Pidan y se les dará”

 

 

Cuando escucho las constantes quejas sobre la situación actual y las críticas acervas contra todas las propuestas y acciones que se realizan, recuerdo lo que alguien hace tiempo me decía: “Si el tiempo que dedicamos a renegar, quejarnos y criticar, lo empleáramos en hacer oración, hace tiempo que habríamos transformado el mundo”

Es lo mismo que Jesús nos propone en este pasaje, utilizando ejemplos que todos podemos comprender y hasta aventurándose a comparar a Dios con un vecino duro de convencer. Y no es que en alguna forma pueda aparecer Dios con un corazón indiferente a las necesidades, sino que la enseñanza se dirige a conseguir la perseverancia y una verdadera actitud de confianza en Dios. Jesús propone ponernos en manos de nuestro Padre Dios, movidos por el Espíritu Santo, orando con fe, con el corazón dispuesto a aceptar su voluntad y no hacerlo que cumpla nuestros caprichos.

 

Hay quien vive con resentimientos contra Dios porque no le concedió lo que, según él, justamente pedía. Pero no podemos convertir la oración en un comercio, tasando los favores a costo de número de oraciones o de privaciones o de veladoras. La oración nos lleva a ponernos con una total confianza en manos de Dios que nos llena de esperanza para afrontar las dificultades, sobre todo las sufridas por el Reino. Jesús insiste en esta oración de petición porque lo primero que tenemos que reconocer es que somos creaturas necesitadas de Dios. Quizás este sea el pecado actual: nos sentimos seguros, satisfechos y cuidados, por la tecnología, la ciencia y los adelantos modernos.

 

Y entonces nos olvidamos de Dios, no tenemos tiempo para dialogar con Él y mucho menos para hacerlo con insistencia. La imagen de un padre que busca dar lo mejor para sus hijos, se la adjudica Jesús a su mismo Padre, pero dejando una clara diferencia entre nosotros que somos malos y Él que es bondad. Dios es ternura, compasión, cercanía, misericordia… Tomemos hoy el consejo de Jesús y todas nuestras empresas pongámoslas en manos de nuestro Padre Dios con una confianza absoluta. Pero también con una insistencia machacona, no para “despertar” a Dios, sino para despertar nuestros afectos filiales de confianza, seguridad, que nos lleven a actuar con mayor coherencia entre lo que estamos orando y lo que estamos actuando. Abramos nuestro corazón al Espíritu para que nos ilumine en estos momentos y nos aconseje qué es lo que debemos pedir y la forma de hacerlo constantemente.

14 de Octubre, 2017, 11:58: ALFRE306General
Lo responde el Padre Daniel Pajuelo con ideas muy claras y muy sencillas para entender bien principios de fe


Fuente: Religión en Libertad



Lo responde Daniel Pajuelo, sacerdote marianista conocido en la red como smdani, con ideas muy claras y muy sencillas para entender bien principios de fe y moral que a la cultura mundana hoy le chocan.



VER VIDEO:   https://youtu.be/Cl9LfNMv8Ew