El pasado 22 de septiembre se publicó en el Boletín Oficial del Congreso de los Diputados el proyecto de ley de Investigación Biomédica, elaborado por el Gobierno, y que ahora deberá ser sometido al preceptivo trámite parlamentario para su definitiva aprobación.

Se trata de un ambicioso texto legal, que contiene ochenta y ocho artículos y quince capítulos, en el que se abordan importantes aspectos relacionados con la investigación biomédica en nuestro país.

Desde un punto de vista ético un articulado tan extenso incluye aspectos positivos, pero también otros negativos, algunos de ellos de gran calado.

Entre los aspectos positivos destacan: a) dar cobertura jurídica a la investigación biomédica y b) promover la protección de algunos derechos de los ciudadanos relacionados con este tipo de investigaciones y con la protección de su salud.

Pero en contra de ello, contiene aspectos objetivamente negativos como pueden ser: a) una calculada ambigüedad en el lenguaje, que especialmente se manifiesta en afirmaciones claramente contradictorias dentro del propio texto legal, b) intentar reducir el valor ontológico del embrión humano preimplantado a la categoría de cosa, al denominarlo preembrión, sin duda con la intención de facilitar que estos embriones tempranos puedan ser utilizados como material de investigación, sin que ello presuponga ningún problema ético, c) permitir la utilización de cualquier tipo de método de laboratorio de los actualmente disponibles, para la obtención de células madre embrionarias humanas, d) abrir la puerta a la utilización de discapacitados o incapaces para fines de investigación ajenos a su propio bien, e) la constitución de comisiones de control de la investigación compuestas únicamente por miembros designados por diversas instancias gubernamentales, lo cual hace que se vea con escepticismo su independencia ideológica en el momento de emitir su opinión sobre cualquier cuestión ética que afecte a estas materias y f) permitir en nuestro país la clonación humana.

Sin duda, este último es el aspecto de la ley que se está comentando con unas connotaciones éticas negativas más importantes, pues va a permitir, por primera vez en España, la clonación de seres humanos para fines tanto terapéuticos como experimentales. Pero como la clonación humana nunca ha dado resultados positivos para fines terapéuticos, ya que nunca se ha curado a nadie utilizando embriones humanos clonados, esta ley está sin duda, dirigida a la creación, por clonación, de embriones humanos para utilizarlos exclusivamente en investigaciones biomédicas.

Si en el debate parlamentario se aprueba este texto legal, como no cabe duda que así será dadas las mayorías afines a las tesis del actual Gobierno, España será el décimo país del mundo y el cuarto europeo, después de Gran Bretaña, Bélgica y Suecia, en el que se legalice la clonación humana.

Conviene destacar la extrema gravedad ética de este hecho, pues no hay que olvidar que con la denominada clonación terapéutica lo que se está autorizando es la creación de seres humanos en un medio de laboratorio, cuyo fin es ser destruidos para utilizar sus restos biológicos para investigaciones biomédicas. Algo absolutamente incompatible con la dignidad que todo ser humano merece, con independencia del estado evolutivo en que se encuentre.

De todas formas, esta es una ley de ámbito estatal que, una vez promulgada, podrá o no ser aplicada por las autoridades de cada una de las autonomías. En nuestra Comunitat Valenciana esta decisión corresponde a un partido político que gobierna con amplia mayoría, y que en su programa electoral incluye un claro compromiso de actuar de acuerdo a los más elementales principios del humanismo cristiano, entre los cuales, sin duda, está la salvaguardia de la vida humana, algo que de forma manifiesta se conculca en la presente ley. Por ello, desde aquí, lanzo una amable llamada a nuestras autoridades autonómicas, muy especialmente a las sanitarias, y en particular a nuestro presidente Sr. Camps, para que esta ley no abra las puertas en nuestra Comunitat a ninguna práctica que en sí misma conlleve la destrucción de vidas humanas, y eso es lo que se propiciaría si se decidiera permitir entre nosotros la clonación humana.