La alianza terapéutica médico-paciente

En Jesús encontramos el médico perfecto para todos los males del cuerpo y del alma


Por: Mariano Ruiz Espejo | Fuente: Catholic.net



En la práctica médica conseguir la aceptación de un procedimiento médico, quirúrgico o la participación en un ensayo clínico se considera un requisito previo para cualquier investigación en el paciente (1).

Esto tiene también una expresión religiosa en el anuncio del ángel Gabriel a la Virgen María de que con su consentimiento será la madre del Hijo de Dios (2), (Lucas 1, 35). Es una muestra del respeto a la dignidad de la persona de María por Dios Padre, contando con su adhesión humilde y activa al proyecto divino de salvación, teniendo como fruto la concepción de su hijo Jesús sin intervención de varón, por la sola actuación del Espíritu Santo en su seno virginal previamente informada.

Algunas características de la anunciación del ángel Gabriel a la Virgen María son: la amistad entre el ángel y la Virgen al compartir la misma misión de servir al Señor, el lenguaje verbal sencillo y claro del ángel en la misión del anuncio de la concepción de un hijo a quien la Virgen pondrá por nombre Jesús, y respondiendo el ángel a la pregunta de la Virgen sobre cómo será eso, pues no conocía varón (2), (Lucas 1, 34). Y tras la explicación del ángel, ella contestó con la aceptación del plan del Señor y la voluntad de que se haga en ella según la palabra del ángel.

En el pasaje referido no se hace uso de un documento escrito y firmado de un consentimiento pasivo, pero sí queda claro que la Virgen entiende la intención de lo que se le propone y comprende que debe de colaborar con toda su persona en la misión con su aceptación verbal. Fue el evangelista San Lucas quien dejó constancia escrita de todo lo ocurrido en la conversación y el consentimiento tras la información del ángel. Lo acontecido y el testimonio escrito son pruebas de la adhesión de la Virgen al proyecto divino de salvación, poniendo toda su persona a su servicio.

El documento escrito no es fundamental en lo acontecido entre el ángel y María, pero el evangelista Lucas deja un relato histórico para los que nos interesamos con fe de lo que se acordó en el consentimiento y cómo se produjo el acuerdo, y entre ellos estamos todos los creyentes cristianos. El ángel tuvo fe en su misión al informarle y explicarle, y la Virgen aceptó con toda su vida y su servicio humilde la misión que el Señor le proponía por mediación del ángel.



En la práctica la relación médico-paciente no es exactamente la del ángel-María pues el médico no es necesariamente un ser que se haya ganado el cielo, sino que lo tiene que ganar con sus obras, ni el paciente es necesariamente una joven llena de gracia y salud como era la Virgen. Pero el modelo de trato entre el ángel y María puede ser un ejemplo del trato que debería haber entre el médico y el paciente.

Hay una tendencia que aconseja reflejar la forma utilizada para la obtención del consentimiento informado en la historia clínica, pero no es una práctica habitual en la mayoría de los servicios encuestados (3) y la no obtención del consentimiento informado no es impedimento para la asistencia médica eficaz.

Otro aspecto de la profesión médica es que, por la bondad que se espera de la actuación médica, el médico puede actuar con sus conocimientos en cualquier momento. Jesús lo hizo en sábado (2), (Lucas 6, 6-11; Lucas 13, 10-17; Lucas 14, 1-6), cuando en su tiempo y en su entorno era prohibido hacer ningún trabajo según los fariseos, los escribas y el jefe de la sinagoga durante el día del sábado. Un ejemplo lo encontramos en el hombre curado de su mano derecha paralizada. ¿Está permitido hacer el bien o el mal en sábado, salvar una vida o destruirla? Obviamente lo permitido es hacer el bien y salvar una vida en todo tiempo. Jesús, como buen médico, le dijo al jefe de la sinagoga: “Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?” Pues si esto está permitido, ¿no es más necesario soltar la ligadura de la hija de Abrahán, que el maligno ha tenido atada dieciocho años, en día de sábado? Y de modo similar ocurrió en la curación de un hidrópico en sábado.

Jesús cura la enfermedad, pero también explica la razón de la necesidad de la curación ante el enfermo y ante otras autoridades, explica la necesidad de hacerlo cuando es oportuno incluso ante prejuicios o rígidas interpretaciones del tipo de interpretación religiosa. Él sabe lo que conviene al enfermo, y este amor llevado a la práctica como a sí mismo salva de su enfermedad a todos ellos, deshaciendo las críticas sobre su oportunidad de hacerlo en un día concreto también haciendo uso de la palabra y de la información que es necesaria trasmitir, desenmascarando y disolviendo toda falsa apariencia de buena intención que en realidad no lo es, sino que prolonga el mal en los enfermos.

Por lo tanto, el consentimiento informado no existiría si no hubiera una expectativa razonable basada en la fe del paciente de su curación aceptando la actuación del médico, recibiendo el bien y salvando la vida, o al menos para tener un mejor pronóstico futuro del paciente con la intervención del profesional sanitario.

En otros casos, (2), (Marcos 9, 14-29; Lucas 7, 1-10; Lucas 9, 37-43), la curación tiene lugar por la actuación decidida de un centurión para curar a su criado o la de un padre para curar a su hijo. El centurión y el padre fueron los que intervinieron y otorgaron el poder a Jesús como médico para curar a su criado y a su hijo respectivamente ya que éstos no habrían podido pedir a Jesús su curación. El centurión y el padre actuaron como sus tutores o representantes legales que custodiaban la salud de sus personas encomendadas.

A la pregunta de los discípulos de Jesús sobre: “¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?”, refiriéndose al mal del niño epiléptico, Jesús les respondió que: “Esta especie solo puede salir con oración.” Para Jesús no todo es ciencia material y voluntad de curar, sino que la solución exclusiva proviene de la oración de los discípulos como algo necesario para alcanzar la curación de un enfermo.

Es por esto que, recurrir exclusivamente a medios farmacológicos o técnicos sin actuar en el alma del médico para que confíe en el Señor, puede resultar inútil la preocupación por el enfermo con medios meramente racionales y sin acceder a lo íntimo, a su conciencia y a las causas de los males que les afligen.

El consentimiento informado consiste principalmente en la interacción dialogada y moderada entre médico y paciente en la que el primero explica su diagnóstico y propone una intervención, y aclarando las dudas del paciente llegan a un acuerdo de lo que conviene para rescatar la salud del paciente del modo más conveniente tanto desde el punto de vista de la ciencia, como de la conciencia y de la realidad presente en el médico o enfermero, sus conocimientos reales de actuación eficaz, y del paciente, su propia visión y aportación en su persona en particular.

Esta interacción concluye en las intervenciones de la firma del paciente de un escrito en el que se da constancia de lo informado y de su aceptación por este último. En principio, este documento es la constancia de una voluntad expresada en un momento concreto y que permite actuar al médico y a los profesionales sanitarios.

Si bien el documento escrito y firmado del consentimiento informado se puede considerar un paso necesario de protocolo formal, tiene unas implicaciones que hace que el médico y el personal sanitario tengan un respaldo a su actuación no solo moral sino también en el terreno judicial. Algunas leyes reguladoras del consentimiento informado en España son las publicadas en el Boletín Oficial del Estado (4, 5, 6).

Como sabemos (2), (Deuteronomio 16, 18-20), el nombramiento de jueces y magistrados es un mandato del Señor para el pueblo de Israel, en tiempos de Moisés, para juzgar al pueblo con debida justicia, sin violar el derecho ni hacer acepción de personas, sin aceptar soborno, persiguiendo la justicia y el bien material de los justos. En la justicia penal y civil de un Estado podría tener su sentido similar, pero no es seguro que se busque exactamente lo mismo, pues es conocido por ejemplo la incursión en la justicia de políticos que tratan de favorecer la posición de un partido político en detrimento de los otros y sin buscar necesariamente el bien de los justos en realidad.

San Pablo (2), (1 Corintios 6, 1-11), explica lo inoportuno de llevar a juicio un pleito que se tiene con otro, especialmente si es hermano, ante impíos y no ante los santos. Esto debe hacernos pensar en que lo oportuno para el paciente es ponerse en manos de sus hermanos, confiando en ellos, y no recurriendo a otras personas o jueces si estos fueran impíos para reclamar un pleito ante un hermano, sino en todo caso ante los santos de los que no se duda de su amor y justicia, y ante la comunidad de fe.

También el conflicto puede darse entre el paciente y/o sus representantes legales, y es el médico el que debe mediar cuando hay valores contrapuestos, pero si no hay avance, en segundo lugar recurrir a decisiones colegiadas con otros especialistas, y en último lugar, a instancias judiciales. En los últimos años se impone la formación de grupos promotores de la bioética en los hospitales, que desemboca en la constitución de Comités Asistenciales de Ética (3).

El hombre no es solo un ser corporal sino también espiritual, y las decisiones no estarían basadas solo en criterios de salud sino también en emociones, sentimientos, religión, etc. y es tan autónomo el que quiere saber sobre su salud y los riesgos a que se expone, como quien voluntariamente renuncia a este derecho (7).

El consentimiento informado tal y como hoy lo conocemos es la consecuencia lógica de aceptar la responsabilidad del paciente en su propia curación, que puede ejercer como un derecho, y el deber del médico de informar al paciente en las cuestiones que éste le plantea sobre la actuación aceptable como remedio a su enfermedad, y de tener ambos constancia oral y/o escrita de esta mutua aceptación.

En este propósito la bioética informa de los principios que aconseja y deben ser respetados tanto por el médico como por el paciente, como el principio de beneficencia, el de no maleficencia, el principio de autonomía del paciente, y el principio de justicia. Para que todos estos principios tengan en la práctica un deseable nivel ético es necesario acudir a la ética de las virtudes que deben ser practicadas por el paciente y por el médico.

La ética religiosa cristiana es también un bien que ha de ser respetado por creyentes o no creyentes, por ejemplo, facilitando los profesionales sanitarios la atención espiritual que el paciente requiere, hasta la reflexión que los evangelios dan sobre el servicio integral que se espera del médico y la fe del paciente o de sus tutores o representantes legales al acudir y ponerse en sus manos, confiando en la solución que puede ofrecer para tratar su enfermedad esperando su curación.

El consentimiento informado desde una perspectiva cristiana es un mutuo acuerdo o pacto deseable entre el médico que diagnostica e informa, y el paciente que confía en el médico y al que sugiere también sus dudas, preocupaciones y deseos en el proceso de curación. Dicho acuerdo presupone en ambos una aceptación común de la voluntad de Dios a quien recurren en su oración. El acuerdo puede ser reflejado en un documento escrito en el que se explica el pacto alcanzado ante una actuación terapéutica concreta y deseablemente será incluido en la historia clínica del paciente.

La vocación del médico, como promesa de servicio caritativo al enfermo, forma parte de la alianza terapéutica con el paciente digna de este nombre.

 

Referencias

(1) IDOATE GARCÍA, V. M. “Argumentaciones bioéticas y filosóficas en el consentimiento informado como forma de expresión de la relación médico-enfermo”, Cuadernos de Bioética, 4, 3, (1993), 9-12.

(2) CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Sagrada Biblia, Segunda edición, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2013.

(3) MAULEÓN GARCÍA, M. Á., RAMIL FRAGA, M. J. “Consentimiento informado en pediatría. Un estudio descriptivo”, Cuadernos de Bioética, 9, 1, (1998), 25-33.

(4) BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO. “Ley 3/2001, de 28 de mayo, reguladora del consentimiento informado y de la historia clínica de los pacientes”, Boletín Oficial del Estado, núm. 158, (03/07/2001).

(5) BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO. “Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica”, Boletín Oficial del Estado, núm. 274, (15/11/2002).

(6) BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO. “Ley 1/2015, de 9 de febrero, de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de la vida”, Boletín Oficial del Estado, núm. 54, (04/03/2015).

(7) CEREIJO SILVA, E. G., LLOVO GUILLÁN, M. S., ORDÓÑEZ NOVO, M. C. “El consentimiento informado y el paciente oncológico”, Cuadernos de Bioética, 9, 1, (1998), 55-63.