5 puntos fundamentales para entender la labor e importancia de esta ciencia.


Por: Alvaro Díaz | Fuente: catholic-link



De modo clásico, la bioética puede definirse como «el estudio sistemático de la conducta humana en el ámbito de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, examinada a la luz de los valores y de los principios morales» (Encyclopedia of Bioethics).

 

Hace un tiempo, ésta era uno de los temas de obligada referencia en la medicina y la investigación, pero poco a poco ha ido cayendo en algunas relativizaciones por el pensamiento actual y se ha desvirtuado un poco su sentido.

 

Es por eso que hemos preparado esta galería con 5 puntos fundamentales para tener en cuenta y ayudar a otros:




1. La ciencia al servicio del hombre

Sabemos de los acelerados cambios que experimentan las ciencias y los nuevos desafíos que necesitan una reflexión para que no se pierda el rumbo del servicio al ser humano y su bienestar. La bioética aparece recientemente buscando ser un puente entre las ciencias y los aspectos humanos. Trata de promover una cultura que respete la dignidad del hombre, valioso desde su concepción hasta el fin último, incluso en su fragilidad y su debilidad; busca, además, que la ciencia esté orientada al bien tanto en sus objetivos como en los medios que utiliza.
 


2. Por una medicina más humana

La bioética no solo surge para dar orientaciones a la medicina. Pareciera obvio que la medicina y la atención en la salud es de por sí humana; sin embargo, vemos lamentablemente cómo hoy en día se atropella la dignidad de las personas por parte de profesionales de la salud. Se escuchan con más frecuencia situaciones marcadas por la indiferencia, la negligencia, actitudes en contra de la integridad y del bienestar de la persona. Es preciso entonces rescatar el valor de lo humano, retornar a una cultura más humana.

 


3. El Juramento Hipocrático, ¿un asunto del pasado?

El juramento que tradicionalmente hacen los médicos mantiene fidelidad al original de Hipócrates, el padre de la medicina. Pudiera resultar en esta época como antiguo y obsoleto, pero vemos cómo los aspectos que se resaltan no pierden ni su vigencia ni su relevancia; entre ellos el respeto por el carácter sagrado de la vida humana, el respeto y la reverencia por cada persona en su dignidad de ser único e irrepetible, la no realización de prácticas que intenten dañar al ser humano como son el aborto o la eutanasia, la actitud honesta y justa, etc. En el juramento también se encuentran los principios de beneficencia y no maleficencia que tanto resalta la bioética. Estos han sido tradicionalmente los dos principios que han orientado el actuar del médico. Hacer el bien a quien se atiende, a la persona del enfermo, y buscar además no hacerle ningún mal.

 


4. La persona siempre en el centro

San Juan Pablo II decía en una ocasión a un grupo de médicos: «La persona, en efecto, es medida y criterio de bondad o de culpa en toda manifestación humana. El progreso científico, por tanto, no puede pretender situarse en una especie de terreno neutro. La norma ética, fundada en el respeto a la dignidad de la persona, debe iluminar y disciplinar tanto la fase de investigación como la de aplicación de los resultados adquiridos mediante ella». Por lo tanto, es preciso volver siempre a las raíces, a la intención y razón de ser de la medicina como de otras ciencias que han surgido con el ideal de servir al bienestar del hombre. La ciencia para servir al hombre, no el hombre para servir a la ciencia.

 


5. La persona no es un mero objeto de experimentación

Todo lo que es técnica y científicamente posible, no es necesariamente éticamente adecuado, porque no siempre se consideran el respeto y el bien del ser humano. Como pasa por ejemplo con las experimentaciones con personas –muchos de ellos en condiciones de fragilidad y vulnerabilidad, como los embriones, los que tienen déficit cognitivo, ancianos, etc.– que terminan siendo utilizados como objetos de descarte. Aunque estas investigaciones pueden tener un fin bueno, por ejemplo, entender las enfermedades o probar y validar algunos tratamientos, este fin no justificaría cualquier medio. Con la reflexión bioética se buscarán alternativas que sean éticamente válidas y que ofrezcan un camino para seguir desarrollando la ciencia.