La sexualidad va más allá de la genitalidad, es tridimensional: física, psíquica y espiritual


Por: Alejandro Martín del Campo López | Fuente: Catholic.net



Dentro del contexto de las “reformas estructurales” que se han aprobado, y la noticia del matrimonio homosexual en Estados Unidos que, al menos por un par de días, paralizó las redes sociales, me gustaría reflexionar sobre el tema de la sexualidad.

En la reforma educativa y los debates actuales sobre el tema de la sexualidad se habla sobre la posibilidad de que el Estado imparta, casi con exclusividad, esta formación a los niños. No obstante, las tendencias más recientes han sido presentar “mil y una formas” de vivir la sexualidad. La probación del matrimonio homosexual en nuestro país vecino nos vincula directamente con el tema del que quiero reflexionar, la sexualidad.

Conviene precisar, por lo tanto, qué es la sexualidad, y de esta manera tendremos una comprensión más precisa de una realidad totalmente humana; una realidad que, desde antes de que viéramos la luz por primera vez, ya estábamos viviendo.

El tema de la sexualidad no es una realidad nueva. Ha habido, a lo largo de la historia, grandes pensadores que han intentado dar una respuesta. Platón, el filósofo del mundo de las ideas, explicó la sexualidad a través del mito andrógino. El Génesis (1:27) también la explica con la frase clásica de Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

La sexualidad humana, para entenderla bien, tenemos que verla desde tres grandes ámbitos: biológico, psicológico y espiritual; a diferencia del sentir común que la ve única y exclusivamente desde el primer ámbito, el biológico.


La sexualidad biológica trata del desarrollo fisiológico de la persona humana, ya sea como hombre o como mujer. Esta primera clasificación se divide así:

- Sexo cromosómico. Está formado por la presencia o ausencia del cromosoma Y. El sexo femenino está determinado por dos cromosomas iguales: XX; el sexo masculino por XY. El sexo nace antes que nosotros, ya que desde el día de nuestra concepción, biológicamente, nuestra estructura ya estaba definida y determinada a un desarrollo.

- Sexo gonádico. El desarrollo de los cromosomas orienta al desarrollo del sexo gonádico: en sentido masculino los testículos, y en el femenino los ovarios. Las gónadas producen diversas células aptas para la reproducción: para el hombre los espermatozoides y para las mujeres los óvulos. Además, las gónadas producen hormonas que influyen en la formación y fisiología: testosterona, para el hombre, y la progesterona para la mujer.

- Sexo ductual. Se trata de la estructura física propia de cada sexo; en el hombre están las vesículas seminales, la próstata, la uretra, etc., en la mujer, el útero, las trompas de Falopio, etc.

- Sexo genital. Se determina por los genitales externos. Gracias a este nivel, se asigna en el momento del nacimiento la identidad legal y social del ser humano. En una fase sucesiva, como en la adolescencia, se afianza este nivel mediante su crecimiento.

La sexualidad psicológica es la adecuación de la conducta (y lo que conlleva ésta) con el sexo biológico.  Hay tres interpretaciones sobre este punto:

- Identidad entre sexo y género: este primer paradigma pertenece más al pasado y a la cultura occidental. Hay una diferencia entre el género masculino y el femenino en todo ya que a cada sexo o género corresponden, por una simple determinación biológica, funciones sociales y comportamientos culturales fijos e invariables.

- Ideología de género: separación e independencia. Se presenta una separación radical entre el sexo y el género. Aquí cada ser humano puede decidir a qué género pertenecer. La corriente sostiene que las diferencias en el modo de pensar y actuar son producto de la cultura y época determinadas. Es como una lucha contra los derechos de quienes no han tenido derechos.

- Complementariedad en la diferencia. Es evidente que existe una diferencia de sexos (masculino y femenino), pero no va más allá de igualdad de dignidad y derechos. La persona humana no tiene un sexo, antes bien es hombre o mujer (aquí la sexualidad es entendida desde una perspectiva más amplia); solo aceptándose armónicamente podrá realizarse en este mundo.

La sexualidad espiritual es como una ventana hacia lo trascendente; se trata de entender que la persona humana (hombre – mujer) es una realidad que no consuma su vida en este mundo material. Basta con esto que se ha dicho.

Finalmente, la sexualidad va más allá de la genitalidad, es tridimensional: física, psíquica y espiritual. La genitalidad es solo una función localizada, mientras que la sexualidad es un modo de ser, un modo único y necesario de pertenencia al género humano. El ejercicio de actos particulares de la vida sexual no expresa la totalidad de la sexualidad, ni la vida sexual realiza a toda la persona. La sexualidad humana no es un “puro dato”, implica a toda la persona. La sexualidad aúna el sexo que está en medio de las piernas con el sexo que está en medio de las orejas.

Ante estos datos presentados, quizá la “reforma estructural” o lo sucedido en el país del norte, se tendrá que dar una respuesta más adecuada.