31 de Agosto, 2017, 11:09: ALFRE306Familia y Sociedad
La Iglesia está comprometida en la recuperación de los adictos.


Por: Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María | Fuente: www.corazones.org



La adicción a la droga, el juego, alcohol, etc. lleva a la persona a perder la libertad sobre su propio comportamiento, a la destrucción de la familia y a la ruina social.

La Iglesia está comprometida en la recuperación de los adictos.

La adicción es un estado de dependencia a algo. Aunque generalmente se refiere al alcohol, las drogas y los juegos de azar, hay muchas otras adicciones, por ejemplo la pornografía. El adicto adquiere un aumento de tolerancia a la sustancia, pero también queda atado al hábito de consumo. Experimenta una creciente dificultad para dejar la droga, sustancia o experiencia. El miedo a los síntomas de retiro de la sustancia es el mayor obstáculo, aún para personas que están convencidas, en el campo moral, que debieran de superar la adicción.

Los programas de recuperación seculares ofrecen algunos medios positivos, pero solos no pueden llegar a la raíz espiritual del problema. El hombre es criatura y depende de Dios. Sin Dios el hombre queda vacío y termina dependiendo de otras cosas. Sólo un retorno a Dios puede verdaderamente liberar al hombre. El hombre sin Dios no tiene las fuerzas para liberarse. Dios puede actuar por medio de programas seculares para ayudar a la recuperación pero, sin una apertura a Su gracia, el alma seguiría vacía.

El Papa Juan Pablo II intervino en el tema de la adicción en más de 360 ocasiones. Cristo ha venido a sanar al hombre cuerpo y alma. El estudio de la adicción ha contribuido a desarrollar la teología moral Católica en cuanto a comprender la culpa subjetiva. El adicto pierde el control de su vida y necesita insertarse en un cuerpo donde experimente el amor de Dios. Solidaridad: esta necesidad del convivir con otros en un ambiente con fundamentos cristianos de moral es necesario para todo ser humano. Comprender esto ha hecho posible un mejor y más efectivo cuidado pastoral de los adictos.

El Espíritu Santo ha suscitado varios movimientos apostólicos en la Iglesia que ministran a los adictos.


La Iglesia: Drogas y Adicción a las Drogas

El Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios abordó la cuestión de las drogas en un manual pastoral titulado “La Iglesia: Drogas y Adicción a las Drogas”, publicado en el 2001. Desde un punto de vista moral la Iglesia no puede aprobar el consumo de drogas, explicaba el texto, porque implica una renuncia injustificada a pensar, querer y actuar como personas libres (N. 43).

El consejo decía que los individuos no tienen el “derecho” a abdicar de su dignidad personal o a dañarse a sí mismos. La liberalización de las leyes que controlan las drogas, advertía el consejo, corre el riesgo de crear una clase inferior de seres humanos subdesarrollados, que dependen de las drogas para vivir. Esto sería un abandono del deber del Estado de promover el bien común (No. 51).

En lugar de extender el acceso a las drogas, el manual proponía una mayor educación que enseñe a las personas el verdadero sentido de la vida y dé prioridad a los valores, comenzando por los valores de la vida y el amor, iluminados por la fe. La Iglesia también propone una terapia de amor y dedicación a las necesidades de los adictos para ayudarles a superar sus problemas (N. 53-55). Soluciones que será difícil poner en práctica, pero que ofrecerán un remedio acorde a la dignidad humana-

A continuación extracto de la Carta a los agentes sanitarios, 1995 del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios.


La dependencia

92. La dependencia, desde el punto de vista médico-sanitario, es una condición de hábito a una sustancia o a un producto -como fármacos, alcohol, estupefacientes, tabaco- por los cuales el individuo sufre una incoercible necesidad, y cuya privación puede ocasionarle turbaciones psicofísicas. El fenómeno de la dependencia presenta en nuestra sociedad una creciente, preocupante y en ciertos aspectos dramática escalada. Este hecho está en relación, por un lado, con la crisis de valores y de sentido por la cual atraviesa la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, por otro lado, con el stress y las frustraciones generadas por el eficientismo, por el activismo y por la elevada competitividad y anonimia de las interacciones sociales. Indudablemente los males causados por la dependencia y su curación no le pertenecen exclusivamente a la medicina. Pero de todos modos le compete una gestión cercana preventiva y terapéutica propia.


Droga

93. La droga o tóxicodependencia es casi siempre la consecuencia de una reprobable evasión de la responsabilidad, una contestación apriorística contra la estructura social que es rechazada sin propuestas productivas de razonables reformas, una expresión de masoquismo motivada por la carencia de valores. Quien se droga no comprende o ha perdida el sentido y el valor de la vida, exponiéndola así a riesgos y peligros, hasta perderla: muchos casos de muerte por sobredosis son suicidios voluntarios. El drogado adquiere una estructura mental nihilista, prefiriendo superficialmente el nada de la muerte al todo de la vida.

94. Desde la dimensión moral "el drogarse es siempre ilícito, porque comporta una renuncia injustificada e irracional a pensar, querer y obrar como persona libre". El juicio de ilicitud de la droga no es un dictamen de condena al drogado. Él vive la propia situación como una "pesante esclavitud", de la cual tiene necesidad de ser liberado. La vía de recuperación no puede ser ni la de la culpabilidad ética ni la de la represión legal, sino impulsar sobre todo la rehabilitación que, sin ocultar las eventuales culpas del drogado, le favorezca la liberación y reintegración.

95. La desintoxicación del drogado es más que un tratamiento médico. Por otra parte, los fármacos poco o nada pueden. La desintoxicación es una intervención integralmente humana, orientada a "dar un significado completo y definitivo a la existencia" y a restituirle al drogado aquella "autoconfianza y saludable estima de sí" que le ayuden a reencontrar el gozo de vivir. En la terapia recuperativa del tóxicodependiente es importante "el esfuerzo de conocer a la persona y comprender su mundo interior; conducirlo hacia el descubrimiento o al redescubrimiento de la propia dignidad de hombre, apoyarlo para que le resuciten y crezcan, como sujeto activo, aquellos recursos personales que la droga había sepultado, mediante una segura reactivación de los mecanismos de la voluntad, dirigida hacia firmes y nobles ideales".

96. La droga es contra la vida. "No se puede hablar de la «libertad de drogarse» ni del «derecho a la droga», porque el ser humano no tiene la potestad de perjudicarse a sí mismo y no puede ni debe jamás abdicar de la dignidad personal que le viene de Dios" y menos aún tiene facultad de hacer pagar a los otros su elección.


Alcoholismo

97. A diferencia de la droga, el alcohol no está deslegitimado en sí mismo: "un uso moderado de éste como bebida no choca contra prohibiciones morales". 200 Dentro de límites razonables el vino es un alimento. "Es condenable solamente el abuso" el alcoholismo, que crea dependencia, obnubila la conciencia y, en la fase crónica, produce graves daños al organismo y a la mente.

98. El alcohólico es un enfermo necesitado tanto de tratamiento médico como de ayuda a nivel de solidaridad y de la psicoterapia; Por eso, se deben poner en ejecución acciones de recuperación integralmente humana.


Tabaquismo

99. También para el tabaco la ilicitud ética no concierne al uso en sí mismo, sino al abuso. Actualmente se afirma que el exceso de tabaco es nocivo para la salud y crea dependencia, ya que induce a reducir siempre más el umbral del abuso. El fumar crea un problema que ha de manejarse por disuasión y prevención, desarrollándolas especialmente mediante la educación sanitaria y la información, aún de tipo publicitario.


Psicofármacos

100. Los psicofármacos conforman una categoría especial de medicina tendientes a controlar agitaciones, delirios y alucinaciones o a liberar del ansia y la depresión.

101. Para prevenir, contener y superar el riesgo de la dependencia y del hábito, los psicofármacos están asumidos bajo control médico. "Rige la misma instancia sobre la indicación médica de sustancias psicótropas para aliviar en casos bien determinados sufrimientos físicos o psíquicos, aunque también conciernen criterios de gran prudencia, para evitar peligrosas formas de hábito y de dependencia". "Es responsabilidad de las autoridades sanitarias, de los médicos, del personal directivo de los centros de investigación dedicarse a reducir al mínimo estos riesgos mediante adecuadas medidas de prevención y de información".

102. Suministrados con finalidad terapéutica y con el debido respeto a la persona, los psicofármacos son éticamente legítimos. Rigen para ellos las condiciones generales de licitud de la intervención curativa. En particular, se exige el consentimiento informado y el respeto al derecho de rechazar la terapia, teniendo en cuenta la capacidad de decisión del enfermo mental. Como también el respeto al principio de proporcionalidad terapéutica en la elección y suministro de estos fármacos, sobre la base de un estudio cuidadoso de la etiología de los síntomas o de los motivos que inducen a una persona a solicitar el fármaco.

103. Es moralmente ilícito el uso no terapéutico y el abuso de psicofármacos llevado al punto de ser potencializadores del funcionamiento normal o a procurar una serenidad artificial y eufórica. Utilizados en esta forma, los psicofármacos son semejantes a cualquier sustancia estupefaciente, por eso se aplica para ellos los juicios éticos ya formulados respecto a la droga.


Psicología y psicoterapia

104. En casi toda la patología del cuerpo está ya demostrado un componente psicológico ya sea como con-causal o como resonancia. De esto se ocupa la medicina psicosomática, que sostiene el valor terapéutico de la relación médico-paciente. El agente de la salud ha de esmerarse en la interacción con el paciente, de modo tal que su sentido humanitario refuerce la profesionalidad y la competencia y, así, éstas resulten más eficaces por su capacidad de comprender al enfermo. El acercamiento pleno de humanidad y de amor al enfermo, procurado por una visión integralmente humana de la enfermedad y avalado por la fe, se inscribe en esta eficacia terapéutica de la relación médico-enfermo.

105. Malestares y enfermedades de orden psíquico pueden afrontarse y tratarse con la psicoterapia. Ésta comprende una variedad de métodos que consienten que una persona le ayude a otra a sanarse o al menos a mejorarse. La psicoterapia es esencialmente un proceso de crecimiento para la persona, es decir, un camino de liberación de problemas infantiles, o de conflictos pasados, y de promoción de la capacidad de asumir identidad, rol, responsabilidad.

106. Como intervención curativa la psicoterapia es moralmente aceptable; pero con el respeto a la persona del paciente, en cuya interioridad él permite entrar. Tal respeto obliga al psicoterapeuta a no violar la intimidad ajena sin su consentimiento y a obrar dentro de los límites que le impone el mismo paciente. "Así como es ilícito apropiarse de los bienes de otro o atentar contra su integridad corporal sin su aprobación, igualmente no es tolerado entrar contra su voluntad en su mundo interior, cuales sean las técnicas y los métodos empleados".

El mismo respeto obliga a no influenciar y forzar la voluntad del paciente. "El psicólogo verdaderamente deseoso de buscar solo el bien del paciente, semostrará muy atento de respetar los límites fijados a su labor por la moral, dado que él, por así decirlo, tiene en la mano la facultad psíquica de un hombre, su capacidad de obrar libremente, de realizar los más elevados valores que comportan su destino y su vocación social".

107. Desde el punto de vista moral las psicoterapias privilegiadas son la logoterapia y el counselling. Pero todas son admisibles, a condición de que sean administradas por psicoterapeutas guiados de un elevado sentido ético.

Consultar el documento completo: Carta a los agentes sanitarios

 

30 de Agosto, 2017, 11:11: ALFRE306General

¿Tiene la cultura occidental crsitiana alguna respuesta?

Con la muerte de Dios, Occidente creía haber iniciado la etapa de sus sueños. Todo parecía tan idílico…


Por: Ángel Gutiérrez Sanz | Fuente: Catholic.net



Con la muerte de Dios, Occidente creía haber iniciado la etapa de sus sueños. Todo parecía tan idílico… Por fin el hombre había alcanzado su plenitud, podía hacer lo que quisiera sin tener que rendir cuentas a nadie y ser feliz en una sociedad del bienestar creada a su medida. En pocas generaciones se produjo  un vuelco tal, que lo que venía siendo fundamental en la vida de los hombres y mujeres y en el  gobierno y ordenación de los pueblos, fue olvidado y lo que es más triste comenzó a ser motivo de vergüenza. Así mientras los católicos de Europa y sobre todo en España, se escondían en el armario, otras expresiones dizque de "libertad" salían de él.

El proyecto europeísta nació bajo el signo del optimismo, pensado que resultaría tan atractivo  al resto del mundo que acabaría por  acogerlo con los brazos abiertos; pero  no fue así y hete aquí que la respuesta religiosa por parte del Islamismo fue bastante distinta a la dada aquí en casa por cristianos y católicos, que  en todo momento se mostraron contemporizadores, sumisos y silenciosos. El mundo islámico desde el primer momento dejó muy claro que no renunciaba a la sociedad del bienestar alcanzada en Occidente y que estaba dispuesto a compartir esta parte de su proyecto aportando los petrodólares que fueran necesarios; pero que eso de una sociedad secularizada y de un régimen político al margen  de Dios y de sus mandatos, ni hablar. Y  es así como comenzó el lío.

El tercer milenio  se  abría con malos augurios. La red yihadista  Al Qaeda perpetraba el horrendo  atentado de las torres gemelas, que fue el detonante de una escalada de violencia, dando lugar a una posterior intervención militar por parte de Estados Unidos, con el apoyo de otras potencias europeas, primero en Afganistán, luego en Irak  y más tarde en Libia. El hecho es que lejos de solucionar la crisis ésta se fue agudizando y los atentados terroristas se han ido sucediendo sin tregua. Esta vez le ha tocado el turno a los pacíficos transeúntes de las Ramblas de Barcelona y mañana nadie sabe dónde estará ubicado el escenario  del terror.

Después de haber alborotado el avispero ahora no se sabe cómo apaciguarlo. El terrorismo preocupa a  un Occidente que por todos los medios trata de liberarse de él, aplicando medidas preventivas, intensificando la vigilancia policial, endureciendo las leyes y  poniendo en práctica respuestas contundentes; pero mucho me temo que esto no va a disuadir a quienes están decididos a morir matando. Tendremos que preguntarnos por qué está sucediendo lo que sucede, dónde está el origen, cuales son las causas y cuando lo sepamos, sólo entonces, sabremos qué remedios pueden ser lo más  eficaces para erradicar este cáncer.

En cualquier caso, resultaría miserable  e injusto que los promotores de la Europa atea y descreída, desvirtuando el significado de lo que está pasando, tomaran pie para decir que en nombre de Dios se está matando, que se le invoca para sembrar el terror y que ello sería un argumento más para hacer desaparecer la religión de la faz de la tierra. No es la primera vez que  situaciones como ésta se han aprovechado para lanzar el mensaje  de que la verdadera paz y tolerancia entre las gentes y los pueblos sólo se puede alcanzar en un  contexto puramente laicista, o que  el ateísmo es sinónimo de liberación y progreso.

Vamos a ser serios. El que un grupo de desalmados utilicen el nombre de Dios en el momento de perpetrar un atentado no quiere decir que Dios esté con ellos, ni tampoco que estén apoyados por la religión a la que dicen pertenecer.  En realidad estamos hablando  de un grupo marginal fanático radicalizado, que sólo se representan a sí mismos, sin que se pueda confundir el yihadismo con islamismo como tampoco, en estos momentos, se pueda meter en el mismo saco Occidente  y el cristianismo.   

Para entendernos, podíamos decir que Al Qaeda no pasa de ser un avispero incomodo, capaz de perturbar los plácidos sueños de  los europeos y de los  americanos, pero con pocas posibilidades de poderle disputar a Occidente la hegemonía cultural en el mundo. El peligro de que esto pueda suceder  viene de otras culturas emergentes, sobre todo de la constelación musulmán de los suníes y chiíes, que se está extendiendo a ritmo vertiginoso, así, mientras que en Occidente por culpa del aborto , la desintegración familiar, las prácticas homosexuales  y  la ideología de género, ha descendido ostensiblemente la población hasta llegar a un índice de crecimiento demográfico negativo  (1, 4 aproximadamente) en el mundo musulmán tal índice es altísimo, situándose en un 8,1. Si a esto unimos el fenómeno de la inmigración y el hecho constatado de que la edad media es mucho más baja en la población musulmana que en la europea, podemos llegar a la conclusión de que los 50 millones de musulmanes existentes en suelo europeo en el año 2006 se pudieran convertir en 100 millones allá por el año 2050.  Lo cual quiere decir que si estas previsiones se cumplen, Europa llegaría a quedar invadida pacíficamente por musulmanes, sin necesidad de utilizar las armas  y sin necesidad de violencia alguna.

No es esto solo, había que añadir además la pérdida de valores, la deshumanización y el vaciamiento espiritual sufrido por Europa después de haber  quedado huérfana de Dios. El relativismo gnoseológico nos ha llevado a cuestionar la verdad y el relativismo ético el bien; nos hemos quedado sin referencias y criterios objetivos a expensas solamente de la  caprichosa voluntad humana, que nos ha llevado a creer que todo es igualmente válido. El nihilismo existencialista ha venido a vaciar nuestras vidas del sentido profundo, nos ha despojado de las finalidades últimas, arrebatándonos también toda esperanza trascendente. El concepto y la dignidad de la  persona han quedado reducidos a meros conceptos metafísicos abstractos, difíciles de traducir en la vida real.  Ante este panorama tan desolador uno no puede por menos que recordar las premoniciones de Oswald Spengler y decir con infinita tristeza que el fin de la cultura europea puede que esté próximo.

Aún en la cúspide de la prosperidad material, los signos de envejecimiento y decadencia en Occidente son manifiestos. Los sistemas económicos de rancio abolengo, llamados a proporcionarnos un alto nivel de vida y hacernos olvidar el rico legado del humanismo cristiano, puede que hayan alcanzado macroeconomías saneadas, pero  lo  que no han logrado es ponernos a salvo de la  voracidad del materialismo consumista y deshumanizador. Esas dos generaciones que crecieron a la sombra del sueño americano dan muestras de cansancio y hoy ya ni siquiera este sueño puramente materialista existe  para la inmensa mayoría. 

A la Europa descreída y sin valores se le están acabando los créditos y ve como se extingue la llama del espíritu. La ciencia, que en su día fue presentada como sustituta de la religión, no va a poder salvarla. Lenta pero inexorablemente su hegemonía en el mundo va eclipsándose. El predominio cultural, filosófico, religioso e incluso político y económico, cada vez más van siendo ya cosas del pasado. En el pulso que previsiblemente Occidente va a tener que mantener con otras culturas, como puede ser la islamista ¿Con qué bagaje  se va a presentar?  ¿Cuál va a ser su fuerte en el enfrentamiento dialéctico,  que tarde o temprano habrá de librarse?

La grandeza de espíritu, junto con  los elevados ideales, son imprescindibles para la continuidad  en la vida de los pueblos, ¿cuáles son los de Occidente? y sobre todo quienes nacieron con la mesa puesta y fueron hijos de la abundancia ¿Estarían dispuestos a luchar y hasta morir por ellos?

Tal como están las cosas y teniendo en cuenta el peligro de una invasión pacífica de Europa por parte de los musulmanes, a mí sólo se me ocurren dos salidas de emergencia a la actual situación. Una sería tratar de integrar a la población musulmana asentada  en nuestro suelo, con el fin de que la cultura vigente occidental no se viera comprometida; pero sucede  no obstante  que las dificultades para que esto se produzca son enormes, casi imposibles de salvar, porque  se arranca de cosmovisiones distintas, casi contrapuestas, sin que haya una respuesta compartida entre el mundo islámico y el occidente secularizado, tanto en el campo antropológico como en el religioso; tampoco en lo político, sobre todo por lo que se refiere al sistema por el que se han de gobernar los pueblos. En este sentido  el sistema teocrático del islamismo choca frontalmente con el sistema  democrático de Occidente. A un creyente musulmán le resulta casi imposible de aceptar que el parlamento pueda legislar algo que vaya en contra de lo prescrito en el Corán. Un creyente no podrá aceptar nunca que la legitimidad de algo venga marcada por la decisión mayoritaria del Parlamento y no por la voluntad de Alá. Un creyente nunca podría aceptar que el plano político esté por encima del plano religioso o que éste no tenga una relevancia en la vida pública. Un creyente nunca podría aceptar que a  la verdad y al bien se le nieguen valor absoluto y universal y por supuesto nunca podría aceptar que el laicismo y la inmanencia desplazaran a la religiosidad y a la trascendencia en la vida ordinaria de las personas. En fin la lista podía ser interminable; por eso la incorporación incondicional de los musulmanes al proyecto secularizado de Occidente sería poco menos que impensable. Incluso en aquellos puntos negros de la cultura musulmana que están pidiendo una urgente revisión, como puede ser la situación marginal de las mujeres, tampoco  la respuesta de Occidente resulta  satisfactoria, porque si es verdad que hay que acabar con la marginalidad femenina, las mismas mujeres musulmanas serían las primeras en negarse a pagar un precio tan alto como sería el tener que aceptar la ideología de género.

 

La otra solución más eficaz y factible estaría en la recristianización de Occidente. Se necesita reavivar la llama  del espíritu e imbuir de savia cristiana  a los pueblos y naciones de Europa, a sus instituciones, a la sociedad, a las familias y a sus moradores. Occidente aún no está muerto, todavía puede  recuperarse y volver a la grandeza y el esplendor de otros tiempos, volver a ser  foco de luz en medio de la noche oscura. Estamos en una situación parecida a la que se encontraron los primeros cristianos y si ellos pudieron ¿Por qué no ahora?.....  En todos los continentes del mundo el cristianismo está experimentando un auge. Naciones como China, Rusia, Japón, la India, Burkina–Faso, Singapur, Vietnam, Bangladesh, Corea del Sur etc.,  están volviendo su mirada a Cristo; entonces ¿por qué no pensar que esto mismo pudiera suceder en el lugar mismo que  sirvió de cuna al  cristianismo naciente? Europa tiene que olvidarse de los prejuicios del materialismo ateo y pensar que la fe en Cristo le hará más feliz, más libre, más humana, más esperanzada, más justa, incluso más próspera y cuando se sienta poseedora de este don, podrá lanzarse, entonces sí,  a la conquista de todos los mundos con la seguridad de que con la fuerza invencible del espíritu nadie se le podrá resistir

 

29 de Agosto, 2017, 11:39: ALFRE306Familia y Sociedad
¿Por si nos divorciamos? ¡Qué clase de mentalidad es esa! ¡Cómo alguien puede casarse así!


Por: Pamela Vizcaíno | Fuente: Catholic.net



Hace unos días llevé mi coche a la agencia para que recibiera el servicio de mantenimiento y sentada a la espera de un taxi que me regresara a mi casa conocí a un señor llamado Raymundo, no soy muy buena con los cálculos pero creo que su edad era de unos sesenta y pico; comenzamos a platicar del tema en turno: coches… y yo, que no sé mucho de eso solo pude comentar algunos puntos sobre diferentes marcas, le hablé sobre mi sueño de manejar un bocho –que espero algún día se haga realidad– y a decir verdad ese tema no duró mucho sobre la mesa.

De un tiempo acá me considero una apasionada por las historias de amor, pero no un amor como el que nos cuenta Hollywood en 120 minutos, ¡qué va! sino un amor de verdad, ese amor que se avienta a lo desconocido y comienza a construir poco a poco una historia que nace de un noviazgo feliz y con bases sólidas como lo son el conocimiento mutuo, los detalles, y la comunicación entre los novios, y que después en el matrimonio construyen juntos un patrimonio, una economía y con la llegada de los hijos ¡una familia! Ese día, Raymundo me platicó diferentes aspectos de su vida, mencionó a sus hijos en la conversación y al poco rato, a su esposa; yo no pude evitar hacer la pregunta obligada: ¿Cuántos años llevan casados? –37 años, contestó él… –¿¡Treinta y siete años!? ¡Felicidades! Levanté la voz al decir esto y las personas que estaban al rededor se me quedaron mirando como diciendo: y a ésta loca, ¿qué mosco le picó? Cabe mencionar que eran las 8:00 a.m. y a esa hora la gente no tiene muchas ganas de convivir. Seguimos conversando del tema y yo hice énfasis en mi felicitación: “En estos tiempos es de admirarse que una pareja llegue a los 37 años de matrimonio, yo a usted lo felicito, y lo admiro” a lo que él contestó: “Es verdad, hoy en día se casan queriendo no casarse… porque a la preparación de la boda se le agregan detalles que antes no era necesario tomar en cuenta, se casan por bienes separados, y los novios dicen: "por si  nos divorciamos…”.


No tardó mucho en llegar el taxi del señor Raymundo, nos despedimos y al poco rato también llegó el mío. El tiempo que tardé en llegar a mi casa me quedé pensando en esta última frase que él me había dicho, y en mi cabeza solo daba vueltas esto: ¿Por si nos divorciamos? ¡Qué clase de mentalidad es esa! ¡Cómo alguien puede casarse así! ¿No se supone que te casas para toda la vida? Y es que, vivir en una sociedad en donde ya todo es desechable, incluso el amor, es un poco complicado. En donde en el colegio, en la clase de sexualidad nos enseñan que para proteger el amor solo es necesario un condón y que “si es por amor” no tiene nada de malo tener sexo, eso si, omiten la parte de que cuando se dan cuenta que en realidad no era amor el corazón termina destrozado y entregarse a una y otra y otra persona al final los lleva a no saber quiénes son en realidad, pues han dado tanto a tantas personas que terminan por quedarse con muy poco.

 

Nadie nos da la opción de vivir la castidad y esperar hasta el matrimonio, fortaleciendo el amor a través de la espera, sabiendo que si la persona con la que estamos ahora no es para nosotros, no tenemos por qué acostarnos con ella pues posiblemente estemos acostándonos con la persona de alguien más. Y para los que pueden ver el futuro y argumentan esto diciendo estar 100% seguros de que se van a casar con la persona en turno… si están tan seguros de ello, entonces, ¿cuál es su apuro con el sexo?

28 de Agosto, 2017, 11:18: ALFRE306Familia y Sociedad
La historia esta en manos de Dios


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Con frecuencia escuchamos valoraciones como estas: "estamos en un cambio de época". "Son procesos irreversibles: no hay marcha atrás". "Hemos dado un completo giro a la historia". "Tras tantos años de crisis empieza una larga era de progreso". "El mundo ha escogido una decadencia irremediable".

Este tipo de valoraciones pueden ser positivas o negativas, restringidas a un lugar o con una mirada que abarca casi todo el mundo, pero tienen una característica común: formulan un juicio considerado definitivo e inmodificable sobre lo que ocurre y sobre sus consecuencias.

En realidad, la historia humana está llena de giros. Ante los mismos, una actitud prudente, caracterizada por el sentido común, permite adoptar una perspectiva más serena, en la que se busca conocer mejor los hechos y esperar a que pase el tiempo para ver las consecuencias.

Además, esa actitud prudente se construye sobre una certeza muy sabia: no existen cambios irreversibles. Es decir, una opción tomada para caminar hacia un lado puede siempre ser modificada, quizá en poco tiempo, quizá después de algunos años, por esta generación o por las siguientes.

Porque una de las características de la historia humana consiste precisamente en la apertura al cambio. Lo que hoy parece una ley y un sistema triunfante y "definitivo", mañana se desmorona y permite pequeños (o grandes) "pasos hacia atrás".

Frente a apreciaciones triunfalistas y exageradas, que presentan novedades como algo definitivo, basta un poco de sentido común para distanciarse, para observar los hechos, para ser conscientes de lo imprevisible que es el ser humano a la hora de tomar decisiones.

Así será posible evitar valoraciones que rayan en el ridículo y que buscan establecer líneas donde no habría "marcha atrás", cuando lo que caracteriza nuestra existencia humana consiste precisamente en la apertura continua a novedades y cambios continuos (hacia lo mejor o hacia lo peor).

Al mismo tiempo, hace falta reconocer que la historia no está totalmente en las manos de los hombres, sino que siempre queda un espacio inmenso y desconocido para que Dios, respetando nuestras libertades, permita giros y transformaciones que ningún analista había podido intuir, pero que eran plenamente posibles en el horizonte de la indeterminación humana.

 

27 de Agosto, 2017, 11:36: ALFRE306Familia y Sociedad
El Uso Correcto de palabras con su Significado Genuino


Por: P. Fernando Pascual, LC. | Fuente: Catholic.net



Quizá algún día encontremos un conferencista que no use la palabra "pobres" por ser poco inclusiva, sino que invente los términos pobros y pobras...

Lo anterior puede parecer ridículo, pero ya hay quien ha empleado las palabras "miembros" y "miembras", y otras manipulaciones parecidas.

La gente usa una lengua según convenciones arbitrarias que pueden ser cambiadas con el paso del tiempo. Lo que resulta extraño es imponer cambios desde ideologías arbitrarias.

Porque es ideológico evitar la palabra "hijo" y sustituirla por "producto de la concepción" cuando se trata de un aborto.

Como también es ideológico, según una narración en la novela "Vida y destino", hablar de los cadáveres como si fuesen simples cuerpos a numerar.

Alguno dirá que distinguir entre miembras y miembros es enriquecedor e inclusivo, y no tiene semejanza con hablar de "producto de la concepción" en vez de "embrión humano".

En realidad, el cambio no es inclusivo simplemente porque quien dice pobres o dice miembros sabe tranquilamente que se refiere a hombres o mujeres, sin discriminación alguna.

Las manipulaciones lingüísticas existen, por lo tanto, cuando desde ideologías se quiere imponer un modo de pensar a la sociedad a través de nuevas palabras. Lo cual es típico de pensamientos totalitarios que tanto daño han hecho en el pasado y en el presente.

Por eso es necesario resistir serenamente, también desde una sana ironía, a manipulaciones lingüísticas que inventan discriminaciones donde no las hay, o que las crean al promover eufemismos con los que buscan que no veamos ciertas injusticias contra los más débiles e indefensos.

La mejor resistencia consistirá en usar las palabras con su significado genuino, ese que todos comprendemos cuando decimos "hombres" para aludir a la vez a mujeres y varones, o cuando decimos "hijos" para designar a todo ser humano en relación a sus padres, también cuando uno todavía sigue vivo en el seno de su madre.

26 de Agosto, 2017, 12:42: ALFRE306Bioética
Una madre está llamada a amar y darse a los demás, pero de un modo mucho más intenso a cada uno de sus hijos


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: accionfamilia.org



Con la legalización del aborto la lucha en Chile no termina. Son numerosos los países que nos dan el ejemplo del combate contra esa ley inicua. Otro tanto debemos hacer en Chile.

Las leyes tienen un valor educativo o deseducativo enorme en la vida de los pueblos y en la formación de la conciencia de las personas

Las leyes tienen un valor educativo o deseducativo enorme en la vida de los pueblos y en la formación de la conciencia de las personas

Muchos hombres y mujeres de buena voluntad trabajan intensamente para prohibir el aborto o para impedir su legalización. Consideran que es un tremendo mal para la sociedad el que el aborto llegue a ser admitido, despenalizado-legalizado, incluso financiado con dinero público.

Pero no faltan personas que afirman que no vale la pena dedicar tantas energías a combatir las leyes abortistas, sino que habría que invertirlas de otra manera. ¿Por qué? Porque el aborto, ilegal o legal, existe por falta de amor, de apoyo, de principios éticos profundos. Según estas personas, que dicen defender el derecho a la vida de los hijos no nacidos, habría que dejar las batallas legales, que normalmente son perdidas ante una clase política cada vez más vacía de principios éticos, para concentrar los esfuerzos en crear una cultura de la vida y para la vida, de la paternidad y de la maternidad, del amor y del respeto.



El razonamiento es sugestivo, pero engañoso. Tiene elementos verdaderos, pero olvida aspectos importantes de la vida de los pueblos y del sentido de la ley.

Es verdad que una ley que permite el aborto no “obliga” a nadie a abortar. Es verdad que ante el aborto legalizado (o despenalizado) una mujer que empieza su embarazo jamás pensará en abortar si ama a su hijo, si cree que Dios es el origen de la vida, si tiene principios sanos, si considera que por encima del egoísmo están la justicia y el amor. Es verdad que las leyes en favor del aborto seguramente tendrán un efecto mínimo en las convicciones de quienes (y no son grandes números) pertenecen a los distintos grupos y movimientos pro-vida (pro-life).

Pero también es verdad que las leyes tienen un valor educativo o deseducativo enorme en la vida de los pueblos y en la formación de la conciencia de las personas. Una ley que permite una injusticia tan grave como la del aborto hiere en lo más profundo de su ser a un pueblo y a miles de personas que se dejan desorientar fácilmente, porque pensarán: si algo es legal no debe ser tan malo, o incluso tal vez sea algo bueno.

Una madre está llamada, como todo ser humano, a amar y darse a los demás, pero de un modo mucho más intenso a cada uno de sus hijos

No podemos olvidar nunca que la ley, para ser justa, debe señalar y perseguir los delitos más graves con penas adecuadas a los mismos. Despenalizar el delito es, simplemente, legalizarlo.

Como bien saben los especialistas del derecho, un delito no castigado se convierte en “no delito”, empieza a ser algo aceptado como correcto en la vida social. Legalizar un delito despenalizándolo (o incluso a través de una ley plenamente legalizadora) daña enormemente las relaciones humanas y destruye en lo más profundo el tejido social.

¿Podríamos imaginar un estado que despenalice los robos de pequeñas cantidades de dinero? Tal despenalización no hará que las personas honestas roben, es verdad. Pero herirá enormemente a víctimas de pequeños robos que verán cómo son robados algunos de sus bienes ante la indiferencia de un estado que acepta como algo “no punible” un delito contra la propiedad. El robo es siempre robo, es un delito, aunque lo robado sea simplemente una caja de caramelos, un bolígrafo o unas pocas monedas del bolsillo.
Vale la pena luchar contra el aborto

Por eso vale la pena luchar contra el aborto a todos los niveles: individual, familiar, local, regional, estatal, internacional. Vale la pena combatir las ideas y los comportamientos que llevan a miles de mujeres, cada año, a destruir la vida de sus hijos no nacidos. Vale la pena promover una cultura de la vida en la que la sexualidad sea vista en toda su riqueza y protegida de cualquier tipo de abuso, en la que el matrimonio y la familia sean el lugar de acogida de la vida, en la que cada hijo sea visto como un tesoro de valor infinito.

Por lo anterior, también vale la pena, precisamente para fomentar la cultura de la vida, luchar firmemente contra cualquier ley que trivialice el aborto como si fuese algo plenamente normal, incluso como si fuese un “derecho”, cuando en el fondo se trata de uno de los delitos más graves que puedan darse en el mundo. Porque destruye la vida de un hijo completamente indefenso. Porque va contra la conciencia de una madre que está llamada, como todo ser humano, a amar y darse a los demás, pero de un modo mucho más intenso a cada uno de sus hijos. Porque aniquila la ética profesional de cientos de médicos y profesionales de la salud que deben servir la vida, no destruirla. Porque adormece a la sociedad al reducir el sexo y la procreación a caprichos en los que siempre se pueden evitar “consecuencias indeseadas”, al haber dado permiso de asesinar con una facilidad fría y despiadada a los hijos que no sean acogidos con amor.

Defender y promover la cultura de la vida implica, por lo tanto, combatir con todas nuestras energías el aborto: el ilegal (siempre será ilegal por ser injusto), y el mal llamado “legal”, que no dejará de ser un crimen aunque esté apoyado por leyes inicuas.

Luchar contra las leyes abortistas es mucho más que una buena estrategia contra el aborto: es un deber de todo ciudadano que quiera construir un estado justo y un mundo capaz de respetar y tutelar el derecho básico de la convivencia social, el derecho a la vida.

25 de Agosto, 2017, 11:51: ALFRE306Familia y Sociedad
Un gran problema en la actualidad es el reduccionismo


Por: Humberto Del Castillo Drago | Fuente: CEC



La persona humana es por su propia naturaleza una unidad bio (cuerpo), psiche (alma), espiritual (espíritu). El ser humano constituye una Unidad inseparable. Es por eso que la mirada objetiva y adecuada de la persona es la mirada integral, considerándola como unidad; reflexionando sobre la integración de sus tres dimensiones fundamentales.

La palabra “unidad” hace entender que el ser humano no es un compuesto, una suma de partes o elementos. No son tres naturalezas ni tres personas, sino una. Esta visión trial es presentada ya en el Nuevo Testamento por San Pablo: «Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tes. 5, 23). Entonces, al entender la unidad integral de cuerpo, alma y espíritu, que se afectan entre sí, la persona comprende que tiene tres dimensiones: la dimensión corporal, la dimensión psicológica y la dimensión espiritual.

Al explorar cada una de esas dimensiones, se puede notar que gracias a la corporalidad (dimensión corporal) la persona puede manifestarse, representarse y expresarse. Es el cuerpo la instancia que media la relación entre el yo y el mundo (Polaino, 1975). De modo que sin el cuerpo sería imposible estar en el mundo y establecer relaciones con él. En lo que se refiere a la dimensión psicológica, se encuentra la vivencia interior de la persona; ideas, criterios, emociones, sentimientos, pasiones, motivaciones, deseos, sensibilidad y percepción, entre otros. Es en esta dimensión donde se estructura la aproximación a la realidad, debido a que le permite a la persona entrar en contacto con el mundo que le rodea.

Por último, la dimensión espiritual es la que le permite al hombre transcender su naturaleza y es por ella capaz de abrirse a Dios. El espíritu (pneuma) es el núcleo, la dimensión más profunda del ser del hombre que San Pablo describe con propiedad como “el interior” o el “hombre interior” (2 Cor. 4,16). Es el punto de contacto con Dios y con los valores trascendentales. La persona posee una realidad espiritual que permanece en su interior a pesar de los cambios físicos o psicológicos que pueda experimentar, y es lo que subsiste después de la muerte. Es importante no confundir la dimensión espiritual con lo religioso, pues no son equivalentes; sin embargo, lo religioso se constituye un ámbito de despliegue de ese mismo espíritu.

En este contexto, resulta importante explicar qué es la mismidad, la cual viene inscrita en lo más íntimo del ser del hombre desde su concepción, es la que lo define como persona única e irrepetible, y que si bien es cierto, comparte con otros distintas características, su mismidad no es igual a la de nadie más.



¿Qué es la identidad personal?

Schnake (2012), en la conferencia sobre la identidad personal, personalidad y sexualidad en el I Seminario Psicología y Persona Humana, dice que “la identidad personal es aquello que nos identifica con nuestro ser más íntimo, que nos permite reconocernos como persona humana única en el tiempo y que nos orienta en la dirección del desarrollo de la plenitud de nuestro ser”. Hay que decir entonces que la identidad personal está conformada por distintos elementos y dimensiones que la persona va descubriendo, madurando y desplegando. La mismidad es el núcleo, el sello más íntimo, más profundo de la identidad. Pero, ésta es más amplia, pues está conformada por tres aspectos que tiene todo ser humano: ser persona, ser cristiano y la vocación particular. La identidad es aquello que otorga continuidad a la persona en el tiempo, es lo que hace que siga siendo ella misma, a pesar de los cambios que pueden ir afectándola.

El ser humano es unidad y la dimensión espiritual es la más importante, pero no anula a las demás dimensiones, sino que existe una jerarquía. De manera que es lo espiritual lo que dirige y nutre la realidad corporal y psicológica. Quien pretenda la realización humana sólo saciando las necesidades físicas o buscando la armonía psicológica sin la vida espiritual, permanecerá frustrado, incluso en el ámbito físico y psicológico.

Un gran problema en la actualidad es el reduccionismo: esto significa que el ser humano al tratar de entenderse a sí mismo, se inclina a tomar una parte de lo que ve y convertirla en la explicación global de su realidad personal y del mundo que le rodea. En este sentido, se pueden distinguir cuatro ilusiones con las que la persona tiende a reducirse; estas son: identificar el ser y la realización con el cuerpo, pensamientos, sentimientos o con mis realizaciones y personajes. Estas serán estudiadas a continuación.

Primero, cuando el ser humano sólo se constituye el cuerpo en parte central de su vida se cumple la ilusión de: “Me creo mi cuerpo”, lo idolatra y le rinde culto como si fuese lo más importante de su vida. Tres claras manifestaciones de culto a la dimensión física de la persona son los vicios hermanos de la gula, la pereza y la lujuria. Segundo, cuando el hombre cae en el “me creo mi pensamiento”, está aferrado a sus ideas, pensamientos y razonamientos. Se deja envanecer y ensoberbecer con sus planes y proyectos personales, sin importar los de los otros; no escucha a nadie, se cree la medida de todas las cosas.



24 de Agosto, 2017, 11:59: ALFRE306Bioética
De no ser así ¿Por qué la han empezado a recomendar instituciones no religiosas?


Por: La Mamá Oca | Fuente: Catholic-link.com



Existe un gran mito alrededor de los católicos que asegura que como la Iglesia no “permite” cuidarse, nos llenamos de hijos porque no usamos métodos de planificación familiar artificiales. Si a eso le sumamos que el mundo de hoy vende la libertad como hacer lo quieres cuando quieres, el recto ejercicio de la sexualidad se ve como represión. Así, etiquetas como “irresponsables” cuando tienes muchos hijos, o “reprimidos” cuando usas un método de planificación familiar natural (PFN), van soltándose de aquí para allá, bajo el escudo de la supuesta libertad.

Por eso este video es particularmente didáctico para tratar el tema del ejercicio de la sexualidad. Ha sido producido por un organismo llamado Population Research Institute, organización secular, no religiosa, que expone objetivamente los pros y los contra de una PFN, no sólo a nivel fisiológico sino también a nivel psicológico y moral. Lo que es interesante notar, pues estas organizaciones no suelen promover los métodos naturales como parte de su agenda.

Como el tema se presta para tratados de miles de páginas que van desde argumentos médicos hasta antropológicos sobre cómo ejercer rectamente la sexualidad, aquí nos vamos a centrar en dos puntos para reflexionar, por separado o junto, como mejor nos parezca. El primero es sobre lo que significa lo “natural” en el ser humano. El segundo sobre qué es la virtud de la castidad. Es importante que luego busquemos profundizar por nuestra propia cuenta en estos dos temas para entender cómo vivir mejor y más felices nuestra vida en pareja.

VER VIDEO:   https://youtu.be/1ompNSK_qUM


23 de Agosto, 2017, 11:11: ALFRE306Bioética
Tú, como otras muchas mujeres has descubierto que después de practicarte el aborto has quedado más o menos incapacitada psicológicamente


Por: Surviving abortión | Fuente: WEBA



La actitud ante la pena y el dolor

Tú, como otras muchas mujeres has descubierto que después de practicarte el aborto has quedado más o menos incapacitada psicológicamente. Sufres y a veces no sabes por qué. Te duele el alma. Te vienen pesadillas, o tu autoestima está por los suelos Te sientes deprimida, o con ira, o intranquila, o temerosa. Tal vez estás preocupada cuando llega el aniversario en que hubiese nacido el bebé; o anhelas tener otro bebé , un bebé de "expiación", y sufres porque ya no puedes. O bien, te dejas llevar por una conducta autodestructiva, abusando de las drogas o del alcohol. Te vienen ideas de suicidio o has perdido el apetito.

Cualquiera que sea el dolor que estés experimentando, no eres la única. Muchos hombres y mujeres están sufriendo como tú; algunos se han abierto paso a través de su dolor. Por ello, queremos ayudarte con nuestra experiencia y darte a conocer un tema sobre el que se ha escrito poco y del que se conoce poco, excepto por nosotras, las víctimas sobrevivientes del aborto.

No permitas que nadie trivialice o menosprecie tu pena

Tu pena es un signo saludable, una señal de que estás haciendo frente a una realidad, en vez de tratar inútilmente de olvidarla, o de intentar sepultarla dentro de ti misma. Las lágrimas purifican. El primer paso para ser curado de las heridas emocionales es admitir su existencia y reconocer su causa.

Tienes el derecho a sentir pena y dolor. Si perdieras un niño muy pequeño por enfermedad o accidente, la sociedad comprendería la razón de tu pena. El aborto espontáneo de un hijo deseado también es una razón legítima para afligirse. Sin embargo, muchas mujeres y hombres se sorprenden de encontrarse apenadas por la pérdida de su(s) hijo(s) porque el aborto era -más o menos- un acto voluntario. La voluntariedad del acto no elimina la pena, sino al contrario. A la pérdida se le añade la responsabilidad -o culpabilidad- de haber desechado el hijo que Dios había puesto en entrañas, lo la cual intensifica la pena.

Puedes ser inducida a creer, apoyada por cualquier persona -profesionales, asesores, otras mujeres, amigas, miembros de la familia, cónyuges o parejas- que tu pena es ilegítima, que no hay razón para tener la conciencia atormentada o para cargar con ese dolor. Esto frecuentemente lleva a las mujeres y a los hombres a sentirse ridículos o culpables por su propia pena, aumenta su confusión y les hace sentir como si estuvieran "perdiendo los estribos".

Tu pena no sólo es justificable, es normal, pues en el mismo momento de iniciar un embarazo comienzan todos los cambios hormonales del organismo, cuyo fin es transformar a la mujer en madre. La maquinaria del cuerpo se prepara para traer al mundo una criatura; y al mismo tiempo que el cuerpo se prepara para la maternidad se prepara también la mente. Cualquier impedimento a este proceso natural como el aborto, destruye la ecología del cuerpo y deja cicatrices en la psíquis de la que iba a ser madre. Por este motivo, después de un aborto, lo que anormal es la ausencia de la sensación de pérdida, de vacío, de pena o de aflicción. Reconoce que estás respondiendo normalmente a una trágica experiencia de la vida. El hecho de que cooperaste en causarte esa tragedia no niega tu pena, sino más bien la intensifica.

No seas demasiado dura contigo misma

Cierto doctor ha dicho que el fenómeno de las dudas que siente la mujer sobre la aceptación o rechazo de tener al hijo al principio del embarazo es tan universal, que en sí constituye un síntoma de embarazo. Se te pidió que tomaras una importante decisión cuando tu estado de ánimo no estaba equilibrado, influenciado en parte por los cambios hormonales que estaban ocurriendo en tu interior al principio del embarazo, cuando tu capacidad para tomar decisiones no estaba en su mejor momento. Por otro lado, es probable que no tomaste sola tu decisión.

Quizás el padre del bebé no quiso o no pudo apoyarte para no aceptar la responsabilidad de tener un hijo. Puede que te haya sugerido el aborto -quizás incluso haya usado su influencia emocional y/o económica para persuadirte, presionarte o coaccionarte para que abortaras.

Frecuentemente los padres, en el deseo de evitarte pasar vergüenza, dolor, o ver interrumpidos tus planes (de educación, de trabajo, etc.); incitan al aborto como una "solución" del "problema", del embarazo "problemático" o inoportuno.

Si una mujer o un hombre están solteros, pueden sentir que, porque su conducta sexual ha sido bastante irresponsable, han renunciado a su derecho a tomar una decisión de tener al niño, en contra de los deseos expresos de sus padres. Sienten que no tienen derecho a avergonzarlos aún más, ni a "turbar" o aplazar los planes que habían trazado para para su futuro. En un sincero deseo de ahorrarles el dolor, muchas mujeres y hombres consideran equivocadamente el aborto como una manera de resolver una situación que está haciendo sufrir a los que más aman.

Tus familiares, tu mejor amiga, todos ellos pueden haberte sugerido que el aborto es realmente la solución más viable para una situación difícil.

O puede ser que los consejeros del centro de planificación familiar no te dieron toda la información necesaria para ayudarte a tomar una decisión informada y libre. Negaron la humanidad a tu hijo aún no nacido. Le llamaron un "puñado de células", "un pedazo de tejido" o "el producto de la concepción". No te informaron de las secuelas físicas y psicológicas del aborto. Apenas te informaron del tipo de procedimiento "seguro y sencillo" con el que "matarían" al niño. Y no te dijeron nada del dolor que tú y tu hijo sufriríais. Es por ello probable que no tomaste tu decisión basándote en una información adecuada y completa.

Finalmente, quizás equiparaste lo que es legal con lo que es correcto. Después de todo, el Tribunal Supremo de los EE.UU. declaró que el aborto es un "derecho" y ¿van a estar equivocadas el millón y seiscientas mil mujeres que abortan cada año en este país? Normalmente confías en la ley como una pauta para dirigir tu vida. No es tu culpa que no te dieses cuenta de la tragedia que ha supuesto la aplicación errónea de la justicia. Es un fracaso de la sociedad, no sólo tuyo.

Las cuestión puede ser muy clara ahora, de vida o muerte. Eso no quiere decir que fuera tan clara entonces. Fue una decisión trágica, pero no fue totalmente "incomprensible".

Perdona a los personas que colaboraron en tu aborto

Es natural que te sientas enfadada con las personas cercanas a ti, las que debieran haberte apoyado en ese momento difícil de tu vida, pero que te fallaron tan miserablemente. Pero no permitas que la ira y la rabia sigan anidando en tu corazón, pues te destruirán, acabando en amargura y enfermedad.

Tienes que darte cuenta de que a lo mejor el padre de la criatura puede haberse sentido entre la "espada y la pared". Quizás renegó de todos los compromisos verbales o no que te hizo. Si has sido generosa contigo misma, ahora sé generosa con él. El aborto frecuentemente acaba con la relación que produjo el embarazo. Si esto te ha sucedido, que así sea. Pero perdónale. Perdona a tus padres, y amigos. Estaban equivocados, aunque buscaban lo mejor para ti. Sus juicios fueron errados pero solo Dios podrá juzgarlos.

Perdona a los profesionales sanitarios que te atendieron y quizás te mintieron, sin darte la información pertinente que podía haber cambiado tu decisión. Se dejaron llevar de una actitud paternalista, pensando que una decisión no informada es menos dolorosa. Aunque nosotras ahora ya sabemos que lo contrario es lo menos doloroso a la larga.

Busca la curación en Dios que es misericordioso

Muchas mujeres y hombres nos han expresado que se sienten indignas del perdón de Dios: que, en efecto, están esperando, o sienten que están bajo el juicio de Dios. Pero lee lo que Dios dice: "Porque Dios amó tanto al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3:16). "El que crea" incluye a cualquiera que haya pecado y Romanos 3:23 dice: "Porque todos han pecado". El aborto no sólo es un acto mal aconsejado, un llevar a cabo una decisión desgraciada, es un pecado. Confiésalo a Dios como pecado y sentirás que "Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y para purificarnos de toda iniquidad"(I Carta de San Juan 1:9). Esto puedes hacerlo, si eres católica, acudiendo al Sacramento de la Confesión o Reconciliación.

No permitas que el enemigo de tu alma te diga que tu pecado fue demasiado grande, o demasiado premeditado, o demasiado egoísta o demasiado destructivo para que Dios te pueda perdonar. ¡No hay ningún pecado demasiado grande, premeditado, egoísta o destructivo que Dios no esté deseoso de perdonar con tal que se lo pidan!

Nota: Tomado del folleto "Surviving abortión" de la organización WEBA (Women Exploited by abortion - Mujeres explotadas por el aborto). Dirección: WEBA; Route 1, Box 821; Venus, Texas 76084. Teléf.:(214) 366-3600.


¿Qué puede detonar el Síndrome Posaborto y cuáles son algunas de sus causas?

Sobre todo recuerdos cercanos a la situación que se vivió cuando se realizo el aborto:

* 10 de Mayo
* Olores
* Sabores
* Punzadas
* Llanto de bebé
* Texturas
* Elevadores
* Canciones
* Doctores
* Hospitales
* Mujeres
* Embarazadas
* Sangre
* Menstruación
* Batas
* Vientre Inflamado
* Bebes

O bien, situaciones en que se hable del aborto, de nacimientos cercanos a ella, bautizos, etc.

También existen ciertos obstáculos para vivir el proceso de duelo:

* No hay evidencia externa de la existencia del bebé
* No hay un ritual formal de despedida
* No tiene un apoyo cercano fuerte (familia y amigos)
* No tiene permiso de afligirse socialmente
* Pocos consejeros profesionales

De acuerdo a su experiencia, ¿cuáles son los síntomas más comunes que presentan las mujeres que han tratado?

* Síndrome del Aniversario: 78% lo presentó (fecha en que el bebé hubiera nacido, la fecha del aborto).
* Depresión/Enojo/Ansiedad/Desesperación: se presentó en el 99% de los casos.
* Ira/Culpabilidad/Remordimiento/Tristeza/Baja Autoestima: se presentó en el 100%.
* Problemas de Alimentación: 90% presentó trastornos de alimentación como la anorexia, la bulimia y el comer compulsivamente.
* Intentos de Suicidio: 26%
* Pensamientos sobre el Suicidio: 45%
* Visiones del Bebé abortado: 37%
* Sueños del Bebé abortado: 45%

 

21 de Agosto, 2017, 12:11: ALFRE306Familia y Sociedad
¿Qué es en verdad lo que necesita el hombre?


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Necesitamos aquello que nos falta. Pero no todo lo que sentimos que nos falta es realmente necesario.

Algunos sienten necesidad de más vacaciones, cuando lo que realmente necesitan es abrir los ojos a los problemas de familiares y amigos.

Otros creen que necesitan más tiempo en Internet, cuando lo que necesitan es aprender a escuchar a amigos y conocidos.

En el camino de la vida necesitamos (una necesidad urgente) distinguir entre lo que realmente importa y lo que es prescindible, entre lo falso y lo verdadero.

En un mundo de pantallas, propaganda, frases fáciles, lecturas engañosas, mentiras repetidas miles de veces, tenemos la urgencia de denunciar necesidades falsas que nos quitan libertad interior.

Si lo logramos, muchas necesidades mostrarán su falsedad: habíamos quedado atrapados por un deseo de avaricia insaciable que nos destruía internamente, o por sueños de placer que esclavizaban nuestros corazones.

Al mismo tiempo, lograremos abrir los ojos a las necesidades verdaderas: recibir y dar amor, perdonar y pedir perdón, invocar a Dios, trabajar por la justicia terrena y por la vida eterna.

El sol sigue su marcha frenética. La luna indica la llegada de la noche. Muchos deseos pasaron ante mi corazón. Hicimos elecciones, empleamos el tiempo en esto o en lo otro.

Antes de acostarnos, podemos mirar al cielo y preguntar a Dios: ¿hemos sabido distinguir entre las necesidades falsas y las verdaderas? ¿Supimos invertir esta breve vida en lo que realmente vale aquí y en el cielo?

El cansancio cierra nuestros ojos. Mañana, si Dios quiere, tendremos en nuestras manos un nuevo día. Pedimos el don de descubrir lo que realmente vale la pena, que surge cuando nos dejamos amar y cuando aprendemos a amar un poco como Dios mismo nos ama: sin medida...

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