Artículos y anotaciones generales

12 de Agosto, 2017, 12:29: ALFRE306General
James Damore ha sido duramente criticado en los medios y finalmente despedido por su escrito

Despiden a un ingeniero de Google por cuestionar la ideología de género; la ciencia le da la razón


Por: Redacción | Fuente: Religión en Libertad



Enfrentarse a la ideología de género puede acarrear consecuencias nefastas para aquel que se atreva a hacerlo. Pero la "corrección política" ya niega incluso el debate, aunque pueda estar basado en evidencias científicas que han sido aceptadas desde hace siglos.

Que se lo digan al ingeniero de Google, James Damore, que ha sido víctima de una campaña global y que finalmente ha sido despedido tras filtrarse un documento interno que escribió en el que pedía abrir un debate sobre la teoría de género, defendiendo las diferencias entre hombre y mujer y su complementariedad.

Durante días, medios de comunicación de todo el mundo han arremetido duramente contra él por su supuesto machismo, hasta tal punto que Google le ha despedido y ha enviado una carta a todos sus trabajadores asegurando que lo dicho por este ingeniero es inadmisible para esta multinacional.

El fondo del mensaje del ingeniero
Pero una vez que los titulares hablan del “escándalo Google” o del “sexismo en Google”, ¿qué dijo exactamente este trabajador para ser perseguido de esta manera?

"Valoro la diversidad y la inclusión, no estoy negando que el sexismo exista ni respaldo el uso de estereotipos. Al abordar la brecha de representación de la población, necesitamos observar las diferencias de distribución de la misma. […] Las diferencias en la distribución de rasgos entre hombres y mujeres pueden explicar parcialmente por qué no tenemos una representación del 50% de mujeres en puestos de liderazgo tecnológico. .[..] Si no podemos tener una discusión honesta sobre esto, nunca podremos resolver de verdad el problema", aseguraba en su escrito.

De este modo, añadía que "las opciones y las capacidades de hombres y mujeres divergen, en gran parte debido a causas biológicas, y estas diferencias pueden explicar por qué no hay una representación igual de mujeres (en posiciones) de liderazgo".

En las carreras de ingeniería los hombres son una mayoría bastante clara

Según el ingeniero ya despedido, las mujeres presentan "más ansiedad" y "menor tolerancia al estrés", además de centrarse más "en sus sentimientos y la estética en lugar de en las ideas". El hecho de que las mujeres tengan más facilidades para empatizar y los hombres para sistematizar hace que las primeras opten por elegir más carreras relacionadas con lo "social y artístico", mientras que los hombres son mayoría en carreras como la de la informática.

Una víctima más de la corrección política
Para acabar, aseguraba: "Espero que quede claro que no estoy afirmando que la diversidad sea algo malo, que Google o la sociedad ya sean 100% justos, o que no debamos intentar corregir los sesgos existentes […]. A lo que voy es a que mostramos una intolerancia hacia ideas y evidencias que no se ajustan a un determinado marco ideológico. […] Tampoco propongo que debamos restringir a las personas a determinados roles de género; de hecho sostengo más bien lo contrario: que las tratemos como a individuos y no sólo como un miembro más de su grupo social".

James Damore quería fomentar el debate y promover la libertad de opinión y política en el seno de su empresa. Pero cuestionar la ideología de género es hoy en día un deporte de riesgo.

Lo más llamativo es que el fondo del mensaje es algo que es aceptado e incuestionable en distintos ámbitos científicos: la genética, la neurología, la psicología… Hombres y mujeres son diferentes y por ello también actúan y piensan de manera diferente.

De la ideología a la ciencia
Sin embargo, durante estas últimas décadas los “estudios de género” han impuesto el pensamiento, ideológico pero no científico, de que las diferencias entre hombres y mujeres son únicamente una “construcción social”.

 Aun así, la ciencia refleja una realidad y es que hombres y mujeres son diferentes. El profesor de Neurología de la Universidad de Siena, Antonio Federico, asegura que “los datos científicos muestran diferencias claras entre el cerebro masculino y femenino, diferencias que son genéticas, hormonales y en la estructura anatómica y fisiológica, con consecuencias importantes en la función cerebral e incluso de ciertas enfermedades”.

Diferencias palpables y positivas
“Mujeres y hombres son diferentes  no sólo en la anatomía y en la manera de afrontar la vida sino también en el uso de uno de los órganos más importantes del cuerpo, por ejemplo el cerebro”, añadía.

A este respecto, el neurocirujano Giulio Maira agrega que “el hombre tiene un cerebro que sigue los esquemas basados en la racionalidad mientras que las mujeres son más intuitivas. Esto significa que las mujeres son mejores en la multitarea, en habilidades sociales y son más empáticas. Los hombres, sin embargo, sobresalen en actividades motrices y son más capaces de analizar el espacio”.

En otro estudio de la Universidad de Cambridge, Simon Baron-Cohen, también reafirmaba que los hombres tienden a estar más cerca del extremo que sistematiza mientras que las mujeres lo están al empático, aunque pueda haber excepciones. Esto explica por qué haya más informáticos varones o maestras mujeres.
 

16 de Julio, 2017, 13:08: ALFRE306General
Interioridad y encuentro en las Confesiones de San Agustín

Todo sistema social tiene en su base una concepción determinada del hombre; la respuesta debe darse en primera persona


Por: Reseña | Fuente: Catholic.net



Pretender investigar y escribir sobre el hombre ha sido y sigue siendo una de las empresas más osadas y al mismo tiempo más importantes de la filosofía. Una de las empresas más osadas porque se propone como objeto una realidad completamente peculiar y compleja: absolutamente cercana —el investigador es el objeto mismo-, y al mismo tiempo profundamente misteriosa; una de las empresas más importantes porque de los resultados a los que llegue depende en buena parte el planteamiento personal y social de la vida humana.

Hay que recalcar este doble carácter social y personal de la antropología. La pregunta misma que busca responder se plantea siempre con dos caras: ¿qué es el hombre?, ¿quién soy yo? Su respuesta busca ser válida para todos los hombres —y es por esto que toda cultura y sistema social tiene en su base una concepción determinada del hombre—, pero se trata al mismo tiempo de una respuesta para cada uno de los hombres —que debe ser, por tanto, dada "en primera persona"— en cuanto es expresión de esa búsqueda de la propia identidad presente en todo corazón humano y desde la cual cada uno plantea el horizonte de su propia vida.

San Agustín ha buscado dar una respuesta a esta pregunta bidimensional por el hombre no en un tratado de filosofía sino en una obra espiritual: las Confesiones. Habrá quien apresuradamente objete que el estudio de una obra espiritual no es trabajo de un filósofo, pero la objeción nos parece banal en cuanto depende de una concepción de la filosofía que excluye a priori una dimensión de la realidad que en el caso del hombre es esencial, a saber, su relación con lo Absoluto. Nos aventuramos a decir que quizás San Agustín habría también descartado tal objeción como un sin sentido. Nadie mejor que él supo reconocer en la filosofía un verdadero amor por la sabiduría, abierta a la totalidad de lo real y guiada por aquella pasión por la verdad que lo lleva a proclamar en un momento de su vida: «¡Piérdase todo y dejemos todas estas cosas vanas y vacías y démonos por entero a la sola investigación de la verdad!».

Confesando ante Dios su propia vida, San Agustín nos ha legado un profundo ensayo sobre el hombre en el cual las dos caras de la antropología arriba mencionadas son conservadas con una frescura existencial pocas veces superada. Creemos que investigando este aspecto de la vida interior como la concibe San Agustín, se pueda dar un aporte a la antropología de nuestros días, que parece olvidar, con trágicas consecuencias, la identidad más profunda del ser humano.

Hombre y Dios: la antropología teologal de San Agustín:


Todo aquel que haya leído con un poco de atención las Confesiones de San Agustín no podrá negar que se encuentra ante un hombre "experto en sí mismo". Análisis profundos, ricas descripciones, trabadas argumentaciones, sentidas oraciones, se van sucediendo en esta especie de paisaje de la vida humana, mostrando la capacidad —especulativa y existencial— de su autor para entrar en contacto con lo humano.

Demos, sin embargo, un paso atrás para observar en la estructura fundamental de las Confesiones la clave de la antropología agustiniana: el hombre ante Dios. El hombre que buscándose a sí mismo y su propia felicidad, busca a Dios, y encontrando a Dios se encuentra a sí mismo. Podría decirse que aquí entrevemos la "situación" fundamental desde la cual parte para San Agustín cualquier investigación sobre el ser humano y su realidad.

Esto nos muestra al mismo tiempo dos rasgos fundamentales de su antropología, que pueden ser considerados dos rasgos de su pensamiento todo: su agudo realismo y su profundo carácter existencial. Como señala acertadamente Copleston: «la actitud agustiniana tiene por su parte la ventaja de que contempla siempre al hombre tal como éste es, al hombre en concreto, porque de facto el hombre tiene solamente un fin último, un fin sobrenatural, y, en lo que respecta a su existencia actual, no es sino hombre caído y redimido: nunca ha sido, ni es, ni será, un mero "hombre natural", sin un fin y una vocación sobrenatural».


«Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». En estas pocas palabras que Agustín dirige a Dios al inicio de las Confesiones encontramos densamente resumida la esencia de la antropología agustiniana. Ellas expresan en primer lugar la experiencia de "inquietud" del corazón humano ante la realidad que lo rodea, señalando esa apertura al infinito que caracteriza al hombre en cuanto hombre. Y no sólo eso, muestran asimismo el motivo de esta inquietud: el ser el hombre creado por Dios para "descansar" en Él. San Agustín —enseña Juan Pablo II recordando este pasaje- «ve al hombre como una tensión hacia Dios». Como señala al respecto Romano Guardini: «La existencia del hombre tiene la forma de "hacia-Dios" y "desde-Dios"... El hombre puede, en fin, ser comprendido sólo partiendo de Dios, existiendo y realizándose sólo por obra de Dios».

Ciertamente estas coordenadas no van en desmedro de las demás dimensiones de la vida humana -los demás, uno mismo, el mundo-, pero constituyen el punto de referencia desde el cual se ordena toda la visión agustiniana del hombre.


Esta situación existencial del hombre, que constituye la respuesta de Agustín a dos de los cuestionamientos fundamentales de todo ser humano: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ilumina asimismo la realidad esencial del ser humano (¿quién soy?), permitiendo con ello el acceso del hombre al sentido de su propia existencia.

Así, para el Obispo de Hipona la esencia del hombre es su ser "imagen de Dios". Tratando de lo más elevado en el ser humano en De Trinitate, San Agustín recuerda que «es su imagen [de Dios] en cuanto es capaz de Dios y puede participar de Dios». Más allá de las conclusiones específicas de esta monumental obra, resulta emblemático el intento mismo de San Agustín: "ejercitar" nuestro débil entendimiento para acercarnos lo más posible al misterio de la Santísima Trinidad a través de la comprensión de su imagen más perfecta en este mundo, la naturaleza humana. Nos adentramos en la imagen para entender el Modelo, pero a su vez desnaturalizamos la imagen si perdemos de vista que lo es siempre del Original.

Jacques Maritain, desde su perspectiva propia, da algunas luces sobre esta íntima unión en el pensamiento agustiniano: «Al experimentar a Dios místicamente, el alma experimenta también, en el repliegue más oculto de su actividad santificada, su propia naturaleza de espíritu. Esta doble experiencia, producida bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios y por sus dones, es como el acabamiento sobrenatural del movimiento de introversión propio de todo espíritu. Ella es, en todo lo concerniente a Dios y al alma, el centro de gravitación de las doctrinas de San Agustín. Si la perdemos de vista, se nos esfuma el sentido profundo de estas doctrinas» (9).

Dios y el hombre. El hombre siempre ante Dios, Dios siempre presente en el hombre. Sólo desde esta "teologalidad" de la existencia humana se puede entender la profundidad de la interioridad agustiniana.

Para saber más:

http://es.catholic.net/op/articulos/56931/cat/403/interioridad-y-encuentro-en-las-confesiones-de-san-agustin.h

2 de Julio, 2017, 13:42: ALFRE306General
Son de las que más han crecido en membresía en los últimos años y por ello se han hecho de las mas "famosas" o conocidas en Latinoamérica y España


Por: Yasmín Oré | Fuente: Religion en Libertad



En este artículo analizaré los aspectos que guardan en común estas tres sectas de impronta cristiana que como saben son de las que más han crecido en membresía en los últimos años y por ello se han hecho de las mas "famosas" o conocidas en Latinoamérica y España.

SIMILITUDES ENTRE LAS TRES

  1. Nacieron o se fundaron en USA en la primera y segunda mitad del siglo XIX. Mormones en 1830, Adventistas en 1863 y Testigos de Jehová en 1870.
  2. Las tres tienen su sede oficial en USA. Mormones en Salt Lake City (Utah), Adventistas en Silver Spring (Maryland) y Testigos de Jehová en Brooklyn (NuevaYork).Testigos de Jehováen Silver Spring (Maryland) y Adventistas en Salt Lake City (Utah), Mormones2. Las tres tienen su sede oficial en USA. 
  3. Las tres interpretan la Biblia de manera fundamentalista y según las enseñanzas de su fundador.
  4. Las tres creen que la Iglesia Católica es la Ramera del Apocalipsis o la Babilonia.
  5. Creen en la Apostasía de la Iglesia de Cristo y que tenía que llegar su fundador para volver a restaurar las verdades perdidas. Por ello se les conoce con el nombre de Sectas Restauracionistas.
  6. Sus fundadores profetizaron sobre la fecha del fin mundo o la Segunda Venida del Señor y esas profecías nunca se cumplieron.
  7. Las tres creen en el Armagedon y el Milenarismo con pequeñas variaciones.
  8. Las tres enseñaron doctrinas racistas en el pasado. Los Mormones no permitían a los negros ser Sacerdotes hasta 1978 creyendo que la raza oscura era fruto de la maldición de Cam y de Caín. Los Adventistas siguiendo las enseñanza de su profeta Elena G. White creían que los negros provenían del cruce de hombre y animal (Doctrina de la Amalgamación). Los Testigos de Jehová coincidiendo con el mormonismo tuvieron algunas publicaciones donde enseñaron que la raza negra es inferior y dada al servilismo.
  9. Tienen prohibiciones radicales y actitudes rigoristas a nivel moral y religioso.
  10. Cantan himnos en sus reuniones sacramentales o religiosas con un mismo estilo musical (acompañados de un piano).
  11. Las tres hacen proselitismo agresivo usando folletos, revistas, libros, medios de comunicación, etc. Los  Mormones con sus misioneros a tiempo completo para charlas en casa o en la calle. Los Adventista a través de sus miembros con cursos, escuelas y visitas domiciliarias. Y los Testigos de Jehová  con sus precursores para la distribución de revistas y estudios bíblicos en casa.
  12. Las personas que han abandonado estas organizaciones denuncian conductas sectarias como adoctrinamiento, control mental, limitación de la información, etc.
  13. Las tres han sufrido escisiones o divisiones fundándose así nuevos grupos derivados de ellas.
  14. Tienen canales de televisión donde promueven sus creencias. Los Mormones tienen BYU TV Internacional, los Adventistas tienen varios (3 ABN Latino, Esperanza TV, etc.) y los Testigos de Jehová a JW Broadcasting.

SIMILITUDES ENTRE MORMONES Y ADVENTISTAS

  1. Tienen otros libros inspirados aparte de la Biblia que son la fuente de sus demás doctrinas. Los Mormones tienen al Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y Perla de Gran Precio. Los Adventistas a los Escritos de Elena G. White.
  2. Las dos practican la doctrina del Diezmo.
  3. Tienen universidades y colegios propios.
  4. Hacen ayudas humanitarias, atención médica y de caridad con lo cual han atraído a más personas a su Secta.

SIMILITUDES ENTRE MORMONES Y TESTIGOS DE JEHOVÁ

  1. Sus fundadores escribieron una traducción propia de la Biblia. Joseph Smith escribió la Versión inspirada de la Biblia y Charles Taze Rusell escribió la Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas escrituras.
  2. No creen en la Santísima Trinidad y su bautismo es inválido.
  3. Sus fundadores fueron varones y pertenecieron a la masonería.
  4. Hacen proselitismo en parejas en las calles entrevistando gente o tocando puertas.


SIMILITUDES ENTRE ADVENTISTAS Y TESTIGOS DE JEHOVÁ

  1. Ambos tienen su origen en el Adventismo de William Miller. Algunos estudiosos las llaman "Primas hermanas".
  2. Ambos niegan la inmortalidad del alma.
  3. Ambos creen en la purificación del santuario más o menos de la misma manera y en el mismo tiempo. El “russelismo” enseña que el santuario fue purificado en 1846; pero llega a esta conclusión siguiendo el mismo principio de interpretación adventista, tomando en cuenta los 2,300 días del capitulo 8 de Daniel.
  4. Ambos creen que los 1260 días mencionados en el capitulo 7 de Daniel y los capítulos 12 y 13 de Apocalipsis, son 1260 años proféticos.
  5. Ambos niegan el castigo eterno.

NOTA ACLARATORIA: A pesar que las tres sectas guardan muchas características en común debemos resaltar que los Adventistas creen en la Trinidad y por ende su bautismo es válido a diferencia de los Mormones y Testigos. Sin embargo, ese aspecto no le exonera para muchos estudiosos de ser catalogada como Secta o Nuevo movimiento pues sus demás doctrinas la alejan completamente de ser una congregación cristiana, además de no querer hacer ecumenismo alguno con otras iglesias cristianas y menos con la Iglesia Católica. A pesar de ello aun se discute si es una secta o una comunidad eclesial no católica.

En Cristo y Maria,

Artículo publicado en el Blog Convertidos Católicos en Religión en Libertad

 

1 de Julio, 2017, 12:53: ALFRE306General
Las discusiones sobre el embrión humano resultan difíciles y complejas.


Por: P.Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Catholic.net



Las discusiones sobre el embrión humano resultan difíciles y complejas por el contexto en el que se producen, sobre todo si el aborto ha sido legalizado.

Cuando hay numerosas sociedades que consideran el aborto como algo normal, incluso como un servicio público, es fácil que el embrión sea considerado como un puñado de células, como un ser subhumano, como un producto apreciado o rechazado según los deseos de los adultos, como un ser sin dignidad.

Las visiones sobre el embrión humano, por lo tanto, quedan muchas veces enmarcadas en el contexto de leyes gracias a las cuales resulta posible eliminarlo fácilmente a través del aborto.

Si, además, añadimos que en la fecundación artificial (in vitro) se producen cientos de embriones excedentes, que son congelados, o seleccionados según parámetros de calidad exigidos por quienes los encargan, se comprenderá lo difícil que es discutir correctamente sobre la dignidad y el estatuto de esos seres tan pequeños.

Hay, sin embargo, un dato que podría ayudar a dirigir la mirada sobre los embriones humanos de un modo adecuado: recordar que con cada fecundación de un óvulo por parte de un espermatozoo inicia una nueva existencia humana.



Esa existencia tendrá una historia más corta o más larga, pero no por ello deja de ser una existencia nueva. Esa existencia coloca a cada embrión como un miembro de nuestra familia humana en su primera etapa de desarrollo, desde relaciones concretas, gracias a su origen y a su ADN, con su padre y con su madre.

Ello permite verlo no sólo como un producto, un material biológico, un puñado de células, o una realidad indefinida, sino como un hijo en las primeras fases de su vida. Un hijo pequeño, como pequeños fuimos nosotros cuando iniciamos, en un momento concreto del pasado, nuestra existencia terrena.

La dignidad de ese hijo puede ser reconocida o puede ser ignorada, pero las diferentes opiniones no la suprimen. Porque la dignidad de cada existencia humana no radica en el hecho de ser aceptada o rechazada, sino que acompaña siempre al hijo, en todas las etapas de su desarrollo.

Si se llega a ese reconocimiento de la dignidad de cada hijo, será posible reprobar cualquier acto que vaya contra la integridad de los embriones, precisamente porque ellos, en el momento concreto en el que se encuentran, merecen ese respeto a la vida que queremos sea defendida para cualquier ser humano en las diferentes etapas de su biografía terrena.

25 de Mayo, 2017, 12:09: ALFRE306General
Respuestas, apoyadas en las Sagradas Escrituras y el Magisterio de la Iglesia, a 7 errores recurrentes que los católicos debemos evitar.


Por: Angelo Stagnaro | Fuente: National Catholic Rebister // ACI Prensa



Ante la complejidad de la teología católica acerca de la naturaleza de la muerte, el infierno y el demonio, la siguiente lista, apoyada en las Sagradas Escrituras y el Magisterio de la Iglesia, contiene respuestas a 7 errores recurrentes que los católicos debemos evitar.

1. El demonio es un mero símbolo

Si esto fuera cierto, entonces Jesús debe haberse equivocado cada vez que habló del demonio en diferentes partes de las Sagradas Escrituras. El diablo es real y anda alrededor como león rugiente buscando almas para devorar (1 Pedro 5: 8). Y, francamente, ¿si es posible para un ser humano rechazar a Dios, por qué es tan inconcebible que un ángel pueda hacer lo mismo? En esta existencia, al igual que en la otra, los ángeles y los seres humanos pueden alinearse con Dios o no (Deu 30:19).

2. Al morir nos volvemos ángeles

No, absolutamente no. El ser humano es distinto a un ángel y no puede convertirse en un ser que no es.

El Catecismo de la Iglesia Católica señala en el numeral 328 que los ángeles existen. En el numeral 330 se afirma que son seres puramente espirituales con inteligencia y voluntad. También se precisa que son servidores y mensajeros de Dios.

A diferencia de los ángeles, el ser humano tiene un cuerpo. El Catecismo señala, en el numeral 366, que el alma espiritual del hombre ha sido creada por Dios y “no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final”.



3. Es fácil determinar quién irá al infierno

La competencia de la Iglesia está en determinar quién está en el cielo, sin embargo, nadie sabe quién se encuentra en el infierno. Los que mueren en estado de pecado mortal tienen muy pocas opciones disponibles, sin embargo, esta no es una razón por la que debemos ser despectivos o triunfalistas hacia ellos. Más bien, es importante orar por todos los pecadores, incluso por nuestros peores enemigos para que se arrepientan y conviertan (Sab 1: 13-15). Perdonen y serán perdonados (Mateo 6:14, Lucas 6:37). El juicio solo le pertenece a Dios y nadie más. Simplemente no podemos conocer el interior de otra alma y la verdadera naturaleza de su relación con Dios.

4. Todos irán al cielo

El infierno existe y Jesús lo asegura varias veces a lo largo de los Evangelios (Mateo 7: 13-14, Mateo 8:12, Marcos 9:43, Mateo 13: 41-42, 49-50, 48-49, Mat 22:13, Mat 25:46, Lucas 12: 5, Juan 3: 18). Juan también le dedica un largo pasaje en el Apocalipsis (Ap 14: 9-11; 19:3). Si todo el mundo va al cielo, eso significa que Jesús estaba confundido o era un ignorante, lo cual es inaceptable.

5. Quien muere en estado de gracia se va directamente al cielo

Dejemos esto en las manos del Dios que todo lo puede. Es posible que algunos se olviden del Purgatorio, pero las Sagradas Escrituras son muy claras acerca de esto (II Macabeos 12: 39-46, Mat. 5: 24-25, Hab 1:13, I Cor 3: 11-15, Apocalipsis 21:27). El Purgatorio existe como parte de la economía salvífica. ¿Aparte de la Virgen María, hay alguien entre nosotros lo suficientemente puro para estar delante de Dios? (Romanos 3:10, 14: 4, Deu 07:24, Josué 23: 9, 1 Sam 6:20, Esdras 10:13, Proverbios 27: 4, Salmo 76: 7, 130: 3, Nahum 1: 6), incluso los santos tienen pecados que necesitan ser expiados y el Purgatorio es parte de la infinita misericordia de Dios, porque no quiere que ninguno de nosotros muera, sino que viva y se arrepienta (2 Pedro 3: 9).

6. Las cosas malas solo le suceden a personas malas

Cristo nos asegura personalmente que esto no tiene sentido (Lucas 13: 1-5). Él les replicó a quienes llegaron con la noticia de aquellos galileos que fueron asesinados por Pilato cuando ofrecían sacrificios a Dios, diciéndoles: "¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que los demás porque corrieron semejante suerte? Yo les digo que no. Y si ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo".

Jesús también nos recuerda que las mejores personas sufren enormemente, sin embargo, nos da ánimo ante las tribulaciones (Juan 16:33). Él mismo sufrió una muerte innoble después de ser torturado. Su madre la Virgen María, mujer concebida sin pecado, tuvo difíciles pruebas durante toda su vida que le ocasionaron gran dolor ¿Por qué el resto de nosotros, pecadores, nos ahorraremos el sufrimiento que Pablo nos comenta en Colosenses 1:24?: "Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia".

7. Podemos escoger qué reglas queremos obedecer

Tenemos el derecho de cuestionar todo, pero debemos aceptar la enseñanza de la Iglesia por completo. Si no, nos ponemos encima de la Iglesia y de la voluntad de Dios. Jesús estableció la Iglesia, a San Pedro como su Vicario en la tierra y sus sucesores. ¿Quiénes somos para creer que Dios se equivocó en sus decisiones? (Job 15: 8) ¿Cómo se puede contar con increíble autoridad para juzgar la ley de Dios?

BONUS: El Concilio Vaticano II puede deshacerse o ignorarse

Imposible. Los 21 concilios ecuménicos en el transcurso de 1700 años son importantes, irrevocables e ineluctables debido a que el Espíritu Santo dirige a todos ellos. Cabe señalar que la doctrina puede haber generado discrepancias, pero eso significa menos que nada. Del mismo modo que un católico no puede elegir qué reglas desea seguir, tampoco se le permite elegir su concilio favorito y excluir los demás.

Artículo originalmente publicado en National Catholic Register
Traducido y adaptado para ACI Prensa por Diego López Marina.

14 de Mayo, 2017, 10:50: ALFRE306General
La única forma de alcanzar una sociedad más humana, más digna, es mediante la revalorización del amor en la vida social, política y económica.


Por: Cristina Valverde | Fuente: www.capsulasdeverdad.com



Por más de 100 años, la Iglesia Católica ha denunciado las condiciones infrahumanas en la que vive la mayor parte de la población, y el abismo económico que existe entre ricos y pobres.

En 1891, la Encíclica Rerum Novarum, denunció la obtención de la riqueza (de los empresarios) a costa de otros (los trabajadores). ¿Es mejor entonces el modelo socialista? La Encíclica también condena al socialismo porque atenta contra la naturaleza humana. De la misma naturaleza humana surgen grandes diferencias entre los hombres: “no son iguales los talentos de todos, ni la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna”. Además, el ser humano, es un ser libre que puede crear, inventar, desarrollar, emprender…, pero esta libertad NO le permite abusar de otros para obtener beneficio.

La ley del mercado, “el dejar hacer, dejar pasar” tampoco es la respuesta. El mercado puede determinar en 50 dólares el salario de un obrero (por ejemplo), y con este salario la empresa sigue creciendo, los precios de venta son convenientes para los consumidores, pero al mercado no le interesa si ese trabajador puede alimentar a su familia con esa remuneración. El mercado no es capaz de satisfacer numerosas necesidades humanas (acceso a una buena educación, salud, beneficios para discapacitados, ancianos, niños…) El trabajo nunca puede ser entendido como una simple mercancía, porque quien la realiza es un ser humano, con dignidad, y merece recibir una remuneración digna.

evitar que el trabajo se reduzca a simple mercancía: el salario debe ser suficiente para la vida de familia, los seguros sociales para la vejez y el desempleo.”  JPII

¿Porqué existe tanta diferencia entre los empresarios y sus trabajadores? La respuesta nos la da el Papa Pío XI: “la falta de caridad, la ansia inmoderada de bienes materiales y el olvido de Dios.” El mercado y el consumismo se han apoderado de la mente de muchos, la avaricia y el poder han invadido sus corazones y no les permiten ver que sus colaboradores viven en condiciones paupérrimas. El Papa valora el esfuerzo de los trabajadores, cuyo trabajo es fundamental para el crecimiento de la empresa, y por tanto reflexiona sobre la justa participación del trabajador sobre los beneficios obtenidos.



La Encíclica Rerum Novarum promulgada en 1891, significa cosas nuevas, estableció la necesidad un salario mínimo justo, el descanso dominical, la limitación de la jornada diaria, la prohibición del trabajo infantil y la especial protección de la mujer trabajadora.

De lo anterior, alguien podría concluir que la Iglesia está en contra de los empresarios, no es así. En las Encíclicas se defiende el derecho a la propiedad privada, el derecho a la iniciativa económica, a la creatividad de la persona, a la libertad de mercado.. Pero pide a los empresarios encontrar el equilibrio entre la búsqueda de beneficios y la dignidad de sus trabajadores. En palabras de Juan Pablo II: “La empresa debe ser una comunidad solidaria” orientada al bien común. (CA,43)

La única forma de alcanzar una sociedad más humana, más digna, es mediante la revalorización del amor en la vida social, política y económica.

Jesús « nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana, y, por tanto, de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor » (cf. Mt 22,40; Jn 15,12; Col 3,14; St 2,8)

 

 

11 de Mayo, 2017, 12:42: ALFRE306General
¡Ya somos novios!... ¡Hay que ver con qué calor sale de sus labios una expresión semejante!


Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: es.catholic.net



Cuando hablamos de la familia tantas veces y se nos dan tantas conferencias sobre la vida matrimonial, nunca falta ni puede faltar una charla sobre el noviazgo, sobre ese tiempo idílico que precede a la celebración de la boda.

No creemos que haya momento más feliz en la vida de dos jóvenes que aquel en que él y ella, los dos juntos, pueden decir y se dicen: ¡Ya somos novios!... ¡Hay que ver con qué calor sale de sus labios una expresión semejante! ¡Hay que ver con qué cariño lo miramos todos nosotros! Nuestros corazones saben acompañar a esos dos corazones felices, y lo más importante es que el mismo Jesucristo se pone en medio de ellos para santificar desde el principio un amor tan bello, en espera de verlos a los dos delante de su Altar...

Pero tanto idilio corre el peligro serio de tomar el noviazgo como un entretenimiento o poco menos, sin dedicarle lo principal de todo y lo que es el fin del noviazgo, o sea, la preparación para el matrimonio.
Sin esta preparación, el noviazgo está de más.
Porque si la preparación no fuese necesaria, bastaría ir directamente al altar y ser esposos apenas conocido y declarado el amor.

El matrimonio, que compromete para toda la vida, exige la preparación de todo asunto importante, y, en este caso, la preparación debe ser mayor, desde el momento que el matrimonio es el asunto más importante de la vida. Si el equivocarse resultaría fatal, el acertar es la suerte más grande.

Esa preparación para el matrimonio tiene una doble dimensión: humana, cara la vida; y espiritual, cara a Dios.

Porque el matrimonio entraña dos cosas: es la solución normal de la vida del hombre y de la mujer, y Dios ha querido además que sea un Sacramento, un medio poderoso de santificación.

Por eso decimos que nos preparamos a él como hombres y como cristianos. De aquí, que quienes están más interesados en formar a los novios son los padres y la Iglesia. A los novios se les pide que correspondan vivamente a la solicitud de la familia y de la comunidad eclesial.

- Mamá, ¿y tú, qué preparación recibiste para casarte?

Esto le preguntó a su madre la hija atrevida y rebelde para reírse un poco de ella. En aquellos tiempos de la mamá iban al matrimonio sin preparación alguna, cuando no se impartían cursos ni se daban conferencias ni nadie hablaba a nadie sobre el asunto.
Pero la hija se llevó una buena lección, cuando oyó la contestación de la madre:
- ¿Qué preparación? Por desgracia, ninguna. Entonces no se nos decía nada. Tú no sabes la suerte que tenéis ahora. Si no aprovechas la gracia de Dios, es cosa tuya...

A esta solicitud que hoy se tiene con ellos, corresponden los novios informándose sobre el matrimonio en todos sus aspectos.
Piensan muchos que se trata solamente de saber las intimidades de la vida sexual. Y eso no es verdad. Eso pudo tener mucha importancia en aquellos tiempos ya idos cuando los niños venían de París o los traían las cigüeñas...

Hoy la información sexual está casi de más. Aunque no negamos que los novios están muy interesados en informarse sobre cuestiones morales de la vida sexual, ya que oyen opiniones tan divergentes sobre asuntos delicados.

Mucho más importante que la información sobre la sexualidad, es la formación en la vida afectiva.

Porque el amor tiene fases muy diferentes a lo largo de los años, y es aquí donde fallan tantos matrimonios, que empezaron muy bien y acabaron en tragedia.

Esta información y formación no la ofrecen las fatales revistas del corazón ni la enseñan las telenovelas, porque esas películas y esas revistas no suministran sino la desinformación y la deformación más lamentables.

Hay que recurrir a libros buenos y autorizados, igual que a conferencias especializadas, como se ofrecen muchas veces en las parroquias. Y no digamos ya del curso de preparación matrimonial que brinda la Iglesia a los novios.

Esos libros buenos y esos cursos impartidos por la Iglesia, aunque muchos los miran con recelo, son la fuente donde el cántaro se llena de agua fresca y pura, que se bebe sin recelo alguno.

Naturalmente, que esa formación espiritual impartida para el matrimonio es una ocasión magnífica para renovar los conocimientos de vida religiosa que tal vez van quedando ya un poco lejos, desde que se asistió de niños al Catecismo, o de adolescentes al curso de la Confirmación.

Esta formación e información para el matrimonio son como el bagaje y provisión para un viaje largo y complicado tal vez. Toda la prudencia es poca.

Bien formados de novios, los que serán pronto nuevos esposos mirarán con optimismo el porvenir. Las dificultades se vencerán con más facilidad y no se perderán esas ilusiones que ahora expresan con esas palabras encantadoras: ¡Ya somos novios!...

Un día las cambiarán por estas otras, que ojalá se las repitan muchas veces por muchos años:
- ¡Ya somos esposos desde hace un año..., desde hace diez..., desde hace veinticinco..., desde hace cincuenta!... ¡Qué bendición de Dios!

3 de Marzo, 2017, 9:07: ALFRE306General

Ideas para vivir este valor desde tu situación personal y de acuerdo a tus posibilidades

Pensar en la naturaleza y la cultura ecológica tan de moda en estos tiempos, nos ubica en una situación un tanto incierta. Quizás no vivimos cerca de un bosque, ni podamos ir a salvar ballenas.  Pese a las campañas y la abundancia de carteles, ese sentido de la distancia y no pertenencia a un medio ambiente determinado, nos hace seguir inmersos en nuestras ocupaciones, sin darnos el tiempo necesario para pensar seriamente en la importancia de vivir este valor tan necesario en nuestros días.

Para despertar en nosotros una conciencia ecológica, hace falta reflexionar profundamente sobre el sentido que tiene toda forma de vida para nosotros, y en primer instancia, la nuestra.

Los cuidados que requiere nuestra persona son bastante conocidos: adecuada alimentación, el debido descanso, hacer un poco de ejercicio, prevenir las enfermedades y tratarlas oportunamente, trasnochar lo menos posible, alejarse de los vicios, trabajar con orden, etc., sin embargo, el descuido voluntario de estos y otros aspectos igualmente importantes, necesariamente afecta nuestra salud, por eso, es imposible pensar en preocuparse de lo que ocurre en el exterior, cuando somos incapaces de cuidarnos a nosotros mismos.

Si además del descuido personal, agregamos una falta de voluntad para realizar acciones concretas, podemos formarnos una idea más clara de nuestra conducta. Por ejemplo, no es raro que el “clasificar la basura” nos provoque cierta pereza, sobre todo si ya existe quien lo haga. Recoger envolturas, papeles y residuos de comida para depositarlos en su lugar o limpiar líquidos derramados, deberían ser actitudes que reflejen nuestros hábitos y costumbres .

Ahora podemos darnos cuenta, que el cuidado de nuestra persona y mejorar cualitativamente nuestros hábitos, nos llevará a conservar nuestro entorno inmediato en óptimas condiciones, y de esta manera, comprender en toda su extensión las grandes y pequeñas iniciativas ecológicas.

Tal vez esa es la clave y fundamento de este valor: considerar como propio todo lo que nos rodea. Así como tenemos especial cuidado por conservar nuestro hogar limpio, de igual manera deberíamos hacerlo en la calle, la oficina, los lugares de esparcimiento… tomando las precauciones y medidas necesarias para cada caso, en vez de quejarnos del deficiente servicio público de limpieza o la falta de conciencia de los conciudadanos. Una vez más, nuestro ejemplo constituye el punto fundamental para la transmisión de los valores.

¿Cuál es el resultado de la conciencia de este valor? Primeramente la solidaridad que debemos a nuestros semejantes, tal vez no está en nuestras posibilidad acudir al sitio de una catástrofe, pero si podemos contribuir en la protección de nuestra comunidad; paralelamente surge el respeto por las personas y la naturaleza, que son inseparables y dependientes entre sí. Dicho de otra forma, representa el compromiso personal por servir a los demás, procurando espacios limpios que faciliten un modo de vida digno para todos.

Para vivir este valor desde tu situación personal y de acuerdo a tus posibilidades, puedes comenzar por:

– Cuida tu salud prudentemente y sin caer en exageraciones. Tan delicada es una dieta rigurosa, como el exceso en la comida, por ejemplo.

– Refuerza tus hábitos personales de orden y limpieza, en tu hogar, oficina, lugares que frecuentas y hasta en las calles. No es lo mismo arrojar un papel y que caiga a un lado del cesto, que depositarlo dentro.

– Respeta las normas de cuidado ambiental de todo lugar (área de fumadores, depositar basura, no dar alimento a los animales del zoológico, no encender fuego, etc.).

– Acostúmbrate a reportar las deficiencias del servicio público de limpieza y las anomalías que surgen por la falta de conciencia de personas, empresas o instituciones.

– Infórmate sobre los aspectos fundamentales de la cultura ecológica, aplicando lo que haga falta en tu hogar y comunidad. Seguramente encontrarás a otras personas que apoyen tus iniciativas.

– Promueve alguna campaña ecológica sencilla en la escuela de tus hijos. Si eres estudiante, con mayor razón.

– Reflexiona en esta idea: Mi entorno va más allá de las paredes de mi casa, la escuela y la oficina.

Quien vive este valor en la medida de sus posibilidades y con acciones concretas, demuestra un serio compromiso por el bienestar de sus semejantes, con quienes se solidariza para realizar una labor más efectiva, pues su actitud no depende de la moda o el fanatismo, sino por la firme determinación de mejorar el mundo en el que vivimos.

Adaptado de un artículo originalmente publicado por encuentra.com

26 de Febrero, 2017, 9:41: ALFRE306General
Puntos para darnos cuenta si la relación que está comenzando valdrá o no la pena.

Cuando se trata de vida de pareja debemos entender que hay mucho en juego y que nosotros somos quienes decidimos estar con la persona que estamos.


Por: Alejandro Gutiérrez Rojas | Fuente: www.somosrc.mx



Cada que comenzamos una nueva relación de pareja surgen cualquier cantidad de preguntas. Muchos de los jóvenes que atiendo en consulta me piden mi pronóstico sobre su relación de pareja, me preguntan en qué deben fijarse para saber si la relación que están comenzando valdrá o no la pena, si será una cosa seria o no. Claro que cada noviazgo presenta sus particularidades y resulta imposible con una o dos premisas realizar un pronóstico completamente atinado. Con la intención de ofrecer algún tipo de respuesta a estas interrogantes, en las siguientes líneas se proponen 5 criterios que, sin ser exhaustivos, pueden servir para hacer un pronóstico sobre una relación que va comenzando.

 

El primer aspecto son las pautas de comunicación que se establecen desde el inicio de la relación. Es importante hablar de lo que se espera de la relación, estar seguros que ambos esperan cosas similares del noviazgo que está comenzando y para esto lo mejor es decir lo que se siente, se piensa, se quiere y se espera. En la medida en que lo esperado por cada uno sea similar (tiempo, respeto, seriedad en la relación, vida social, vida íntima, etc.), la relación tendrá un mejor pronóstico.

 

En segundo lugar hay que valorar la sensación de riesgo, es decir, si terminara la relación, qué pérdidas implicaría en mi vida, qué recursos se perderían con la ruptura. Ciertamente tiene que existir un riesgo en algún momento, siempre que nos donamos a otra persona, en el nivel que sea, existe cierta expectativa de reciprocidad que de no ser satisfecha quedamos expuestos a la decepción. Pero ¿qué sucede cuando me encuentro a mi mismo regateando esfuerzos y pensando en qué estrategia seguir para cubrirme las espaldas? Ese sería un buen momento para cuestionar mi actitud ante la relación y valorar el origen de esa desconfianza (¿desconfío por experiencias pasadas o esta persona no me transmite seguridad?). Más resumido, ¿lo que estoy sintiendo es ilusión o miedo?



 

Por otra parte es importante tener presente la postura que hay ante “las alternativas”. No se trata de comparar a la pareja con alguien más, sino entender cómo hago el planteamiento. Desde el momento en que pienso en otras opciones, estamos hablando de un indicador negativo. Si estoy pensando “lamentablemente no tengo mejores opciones”, además de devaluar a mi pareja, es también una forma de devaluarme ya que no me creo capaz de estar con quien realmente quiero estar, lo cual tampoco trae un buen pronóstico. Si por el contrario no tengo necesidad de revisar con demasiado detenimiento mis alternativas, es más probable que esté con quien debo estar.

 

En cuarto lugar debemos “echar un ojo” al nivel de compromiso que tiene la pareja, es decir la disposición para entregarse mutuamente, la capacidad de renuncia en beneficio de la relación. Es importante también que tanto la entrega como la renuncia vayan de acuerdo al momento de la relación y a la madurez de cada persona. No se esperaría que dos adolescentes al mes de novios, decidiera uno de ellos mudarse de ciudad para poder estar juntos, cuando por otro lado sí podría esperarse lo mismo de una relación de mayor duración entre jóvenes o adultos. El punto clave es que el nivel de compromiso no sólo sea alto sino adecuado a la etapa que está viviendo la relación.

 

Finalmente, para evaluar al noviazgo, se debe prestar atención a la sensación general que provoca la relación. En otras palabras, es necesario valorar lo que me hacen sentir las actividades, responsabilidades, compromisos, trato mutuo, sentimientos y emociones que se viven en esos primeros días de relación. Esto nos va a dar un pronóstico acertado de la relación ya que si la sensación generada al inicio de la relación es negativa, cuando se espera todo sea más dulce y se disimulen al máximo los problemas, estamos delante de un posible indicador de una relación tormentosa.

 

Aunque pueden haber muchos más aspectos que revisar, estos podrían ser un buen inicio para saber si lo que estoy haciendo es realmente lo que quiero. Cuando se trata de vida de pareja debemos entender que hay mucho en juego y que nosotros somos quienes decidimos estar con la persona que estamos. Es necesario conocernos lo suficiente para poder entender mejor qué es lo que sentimos, qué es lo que queremos y así tomar mejores decisiones.

18 de Febrero, 2017, 8:37: ALFRE306General
Hay una ley natural y esta ¡nos hace libres!


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE | Fuente: TeologoResponde.org



       No sería de extrañar que muchas veces hayas escuchado la palabra ley y la palabra libertad. Tengo suficientes elementos para temer que no te hayan presentado ni de una ni de otra el verdadero concepto.

         Hoy en día se exalta mucho la libertad, sin hacer las aclaraciones que corresponden; y no se habla de la ley sino en un sentido empobrecido; y probablemente la mayoría de nuestros contemporáneos se formen una idea de estos dos conceptos como el de dos pugilistas que se dan tortazos sobre el ring de nuestra conciencia. Si yo quiero ser libre, la ley me frena; si intento imponer la ley, confino mi libertad o la de mis semejantes. Con una idea así no tendrán mucho futuro los que quieran hablarme de los mandamientos de Dios. ¡Y qué pensarás de mí si te vengo a decir que los mandamientos de Dios te liberan y te abren horizontes desconocidos! ¿Me creerás o pensarás que hablo como un cura que viene a imponerte mojigaterías?

         Y sin embargo, quisiera llamar tu atención sobre este punto, porque si no comprendes la potencia liberadora de los mandamientos y de la ley (natural y divina) te aseguro que no te están desatando ninguna cadena sino que te están robando las piernas con las que camina tu verdadera libertad.

         Antes de proseguir, quiero aclarar un punto para que no nos confundamos. Hablaré indistintamente (para simplificar las cosas) de los mandamientos de Dios (o decálogo, o sea diez palabras o leyes) y de la ley natural, como si fueran la misma cosa. No lo son, pero coinciden sustancialmente. La ley natural es la ley que está grabada en nuestro corazón, desde el momento en que hemos sido creados (todo ser la lleva grabada en su naturaleza). El decálogo ha sido revelado por Dios en varias oportunidades; la más solemne fue la revelación de Dios a Moisés sobre el monte Sinaí; pero más veces aún lo repite nuestro Señor en los Evangelios. En realidad el decálogo es una expresión privilegiada de la “ley natural”. Como la sustancia de los mandamientos pertenece a la ley natural, se puede decir que, si bien han sido revelados, son realmente cognoscibles por nuestra razón, y, al revelarlos, Dios no hizo otra cosa que recordarlos (añadiendo indudablemente algunas precisiones o aplicaciones estrictamente reveladas). San Ireneo de Lyon decía: “Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo”[1]. La humanidad pecadora necesitaba esta revelación; lo dice San Buenaventura: “En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad”[2]. Por esto, conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral.

         Si comparamos los Diez Mandamientos de la Ley Antigua, los de la Ley de Cristo y la ley natural veríamos esta correlación:


VER COMPLTO: http://es.catholic.net/op/articulos/64426/que-es-la-ley-natural


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