23 de Septiembre, 2017, 12:02: ALFRE306Familia y Sociedad
Video: Una explicación contundente de la cultura millennial


Por: Silvana Ramos | Fuente: catholic-link



 

Simon Sinek es un escritor y motivador que encontró la fama luego de dar una charla en TED llamada: «How great leaders inspire action» (cómo los grandes líderes inspiran la acción). En las últimas horas, nuevamente una plática de Sinek está dando qué hablar: «Los millennials en el lugar de trabajo». Lejos de ser una charla diseñada solo para empresarios o para los jóvenes millennials que quieren algún consejillo para mejorar su performance laboral, Simon Sinek nos sorprende con una claridad impresionante sobre una realidad que no solo les puede costar la felicidad a este grupo de personas, sino que, finalmente puede tener un impacto (y muy grande) en el resto de generaciones por venir.

El viral trae los extractos más resaltantes de la plática. Yo los invitaría a que vean la charla completa aquí. Las razones que da Sinek sobre por qué los millennials son como son, son las siguientes:

    La crianza, es decir, el estilo de crianza que sus padres tuvieron con ellos
    La tecnología con la que crecieron
    La impaciencia, el querer todo inmediatamente
    El ambiente, un ambiente que no se preocupa por ellos sino por los resultados

Nuevamente se trata de la familia, nuevamente son los padres los primeros responsables por la educación de sus hijos. En los millennials (y en todas las generaciones) la labor de los padres tiene sus consecuencias. Ellos no son narcisistas, centrados en sí mismos, que necesitan sobresalir, le rehuyen al esfuerzo, buscan el placer inmediato, porque simplemente decidieron ser así; ellos fueron formados de tal manera que terminaron adquiriendo estos hábitos y creencias.

Luego de ver el video, que por un momento puede sonar muy pesimista, yo como padre y que no estoy lejos de los millennials, me quedo con dos tareas por cumplir y ayudar a descubrir:


1. La gratificación instantánea solo dura un instante

(¡Ja! por eso se llama instantánea). El placer inmediato no es un buen negocio en ningún caso. Desde comerme un litro de helado cuando estoy triste hasta embarcarme en una relación de una noche sin compromiso alguno, el placer inmediato no soluciona nada y más bien puede complicarlo todo.


2. La satisfacción con tu carrera y las relaciones personales, ¡requieren tiempo!

Mucho tiempo y trabajo duro. Siempre, no importa el momento histórico que estés viviendo o la tecnología maravillosa con la que cuentes. Hay cosas que nunca cambian y esto es la naturaleza de las relaciones humanas, para conocer el misterio de otro no hay App. que valga, la comunicación directa, el tiempo, la paciencia, la decisión y la constancia son imprescindibles, de lo contrario vamos muertos…o peor aún conformándonos con nada.

Los millennials son nuestros jóvenes. Nosotros los adultos necesitamos salir al paso, darnos verdadero tiempo para entender quiénes son y por qué se comportan como se comportan. Dejar la crítica y poner nuestra “adultez” al servicio. Ir enseñando (y de paso aprender), con paciencia y compromiso, donde sea que nos toque (una corporación, una empresa pequeña, un colegio, una catequesis para jóvenes, el periódico en donde escribo, etc.), a que estos jóvenes se re encuentren con el mundo real y consigo mismos.

Y una reflexión final para los millennials, los jóvenes de hoy: está bien pedir ayuda. Si bien son una generación caracterizada por la autosuficiencia, no hay persona en el mundo que lo sepa todo y menos en cuanto a lo esencial, sobre el amor, sobre las relaciones duraderas y sobre la felicidad misma. En este sentido buscar ayuda y consejo es sumamente importante.

    «En este sentido a vosotros, jóvenes, os pertenece el futuro, como una vez perteneció a las generaciones de los adultos y precisamente también con ellos se ha convertido en actualidad. De esa actualidad, de su forma múltiple y de su perfil son responsables ante todo los adultos. A vosotros os corresponde la responsabilidad de lo que un día se convertirá en actualidad junto con vosotros y que ahora es todavía futuro» (San Juan Pablo II – Carta Apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo 1985).


VER VIDEO: https://youtu.be/YwM-U5z2N3c

 

20 de Septiembre, 2017, 12:47: ALFRE306Familia y Sociedad
Cada una con su rol. La madre es la madre. La niñera es la niñera. Desde su posición ambas son importantes en el corazón del niño.

Video: 3 consejos geniales para la crianza de los hijos


Por: La mamá Oca | Fuente: catholic-link



Actualmente existe una realidad: muchas madres trabajan y deben delegar el cuidado de sus hijos a terceros, ya sean parientes, niñeras o instituciones como guarderías o colegios. Las razones son tan diversas como las situaciones familiares y no es motivo de este post analizar o juzgar qué tipo de dinámica familiar es mejor que otra. El hecho es que existen y que hay que asumirlas y manejarlas de la mejor manera para bien de todos los protagonistas.

En este video se ven casos particulares en los que la niñera conoce aspectos específicos del niño que cuida que la madre ignora. No sabemos si es que la filmación recogió también los casos en los que la madre sí acierta y la nana no, o en las que ambas coinciden. No es relevante para el fin de esta producción centrada en el llamado a ser caritativos y justos con las personas que se emplean en las casas. Pero para el caso de esta reflexión, vamos a centrarnos en la dinámica afectiva entre madre-niñera–niño.

 ¿Mamá vs. Niñera? El error en el que normalmente se cae cuando se habla sobre estos casos es enfrentar negativamente el rol de la madre con el de la niñera. ¿Está bien o mal que el niño quiera a su niñera? ¿Si la quiere significa que no ama a su mamá o que ella está haciendo un mal trabajo? ¿Debe tener, una criatura de corta edad, la capacidad racional para categorizar sentimientos diciendo algo así como “a mi nana no la voy a querer tanto porque es una empleada doméstica y no debo sentir nada por ella —a pesar de que me cuida, me quiere mucho, juega conmigo, y me prepara la comida—porque sino mi mamá se va a sentir culpable y se ve muy mal socialmente”?

La maravilla de la inocencia infantil es que nos enseña algo más profundo: un niño ama espontáneamente, porque lo aman, porque la persona existe. Para los niños el amor no es un pedazo de pizza que se reparte y se acaba. Ellos saben, sin haber leído nada al respecto, que el amor “no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad” (1 Cor 13, 5-6). El amor de un niño respeta la dignidad de cada una de las personas como hijos de Dios. No discrimina por posición social, trabajo, ingreso económico o color de piel. Si discrimina, de alguna manera, es por lo que recibe de la otra persona.

Por eso las madres deben ser sabias para manejar la relación con la niñera, y no sentirse culpables o celosas si sus hijos la quieren. Sentimientos de ese tipo sólo cabrían en el corazón materno si es que la madre siente que está haciendo algo incorrecto al dejar a sus hijos a cargo de otra persona teniendo otras opciones. Si es así, hay que revisar las prioridades, las decisiones tomadas y reacomodarlas. Pero ese no es un problema ni de la niñera, ni del niño, ni de la relación de cariño que se genera entre ambos.

Si la realidad es que las madres tienen que trabajar porque así lo demanda la situación económica o es una decisión tomada a conciencia por otros motivos, ¿de qué sirve la culpa? ¿Qué más da que la niñera sepa algunas cosas que ellas no? Seguramente sucede lo mismo con algún profesor del colegio o con alguno de los abuelos en los que los niños confían. En todo caso, no sería ésta la única medida que un experto usaría para diagnosticar un problema en la relación madre-hijo.

Cada una con su rol. La madre es la madre. La niñera es la niñera. Desde su posición ambas son importantes en el corazón del niño. Cada una, desde su lugar, sabrá dar lo mejor.

Lo que no puede hacer una madre es estar siempre ausente o delegar absolutamente todas las tareas de crianza y educación. La madre es irremplazable, y debe estar presente para ir cultivando la relación con los pequeños. Y mientras más crecen, más la necesitarán sobre todo para el diálogo y la guía. Una madre debe buscar compartir con sus hijos los momentos importantes como el baño, la hora de dormir, del cuento, de alguna de las comidas, los fines de semana, los eventos sociales importantes, etc. Lo más que se pueda. Dar pautas. Poner límites. También debe repetirle a los niños que los ama y enseñarles con el ejemplo a ser personas virtuosas, responsables, caritativas y generosas.

¿Qué rol juega la niñera en este proceso de crianza? Debe ser una aliada en la educación cotidiana y en la afectiva. ¡Qué mejor regalo que la persona que cuide a un hijo lo quiera y lo cuide como una madre! ¿O se prefiere la indiferencia, la falta de cariño o de humanidad por simple competencia entre los amores?

Pero ese regalo se debe retribuir. ¿Cómo? Mediante el trato justo, el diálogo constante y abierto no sólo sobre el niño sino sobre la vida y necesidades de la niñera, el pago generoso, el respeto a su dignidad como ser humano que tiene las mismas preocupaciones y los mismos anhelos de felicidad que cualquiera. Inclusive,  esta relación puede enriquecerse mediante la ayuda para el cultivo y crecimiento personal de la niñera, considerando que, en la mayoría de los casos, es la madre la que tiene mayor preparación. También hay que convencerse de que no se le está haciendo un favor dándole este trabajo. No es sólo un intercambio mercantil o laboral como el que se recibe en la oficina. Es algo más poderoso. Es una relación de ida y vuelta que tiene como eje central lo que más se ama y, por lo mismo, debe estar nutrida de caridad y respeto.

En definitiva, es una relación interpersonal. Son personas las involucradas. Cada una con su rol. La madre es la madre. La niñera es la niñera. Desde su posición ambas son importantes en el corazón del niño. Cada una, desde su lugar, sabrá dar lo mejor. Para ayudar al niño, para crecer como ser humano y para aprender a acoger al otro como un hijo de Dios, que es lo que, finalmente, define nuestra verdadera naturaleza y nos hace ser un real ejemplo de virtud para los más pequeños.


VER VIDEO:   https://youtu.be/2qzbX_hDpow
10 de Septiembre, 2017, 12:43: ALFRE306Familia y Sociedad
Te lo explicamos con esta sencilla animación


Por: Daniel Prieto | Fuente: Catholic-link.com



Tengo miedo ¿Es bueno o malo? ¿Lo combato o lo asumo? ¿Cuál es la postura cristiana ante esta “experiencia” tan humana? El video de hoy nos deja entrever o intuir algo, pero no lo suficiente. Por eso “es menester distinguir”.

A nivel psicológico el miedo está vinculado a la percepción de un peligro que creemos real y puede manifestarse en relación a cosas particulares (fobias), o ser extendido hasta la perdida total de control (pánico). También puede tratarse de una agudo sufrimiento interior (ansiedad), o pierde su rostro definido y se prolonga, invadiendo profundamente el ánimo de la persona (angustia). Estas experiencias por supuesto no son buenas para el hombre, pues le llenan el corazón de desconfianza, lo encierran en sí mismo, y así le impiden abrirse con libertad a Dios y a sus hermanos.

En el mundo occidental se está produciendo una extraña paradoja en relación al miedo: por un lado la tecnología y el desarrollo han permitido un bienestar y una “seguridad” sin precedentes; las posibilidades de diagnosticar y curar las enfermedades, de prolongar la vida, de proteger lugares, de resolver toda clases de problemas o dificultades, son enormes; sin embargo la proliferación de la desconfianza, del miedo, de la ansiedad, ha aumentado de manera desproporcionada ¿Por qué se da este fenómeno?


VER VIDEO:  https://vimeo.com/126060304

9 de Septiembre, 2017, 11:38: ALFRE306Familia y Sociedad
La nobleza de la donación de órganos reside en la decisión de ofrecer, sin ninguna recompensa, una parte del propio cuerpo para la salud y el bienestar de otra persona


Por: P. Miguel A. Fuentes, IVE. | Fuente: TeologoResponde.org



Pregunta:

¿Cuál es el problema que se plantea con los trasplantes y especialmente sobre los criterios de muerte para el caso de algunos trasplantes?

Respuesta:

El tema de los trasplantes es un tema muy largo y arduo. Me limito a señalar algunos principios indicativos del Magisterio:

La actitud del donante

      Es elogiable la disposición de donar sus órganos (siempre que se cumplan los parámetros que hace lícita esta acción): “Más allá de casos clamorosos, está el heroísmo cotidiano, hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad que alimentan una auténtica cultura de la vida. Entre ellos merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas”[1]. También: “Es preciso poner de relieve, como ya he afirmado en otra ocasión, que toda intervención de trasplante de un órgano tiene su origen generalmente en una decisión de gran valor ético: ‘la decisión de ofrecer, sin ninguna recompensa, una parte del propio cuerpo para la salud y el bienestar de otra persona’[2]. Precisamente en esto reside la nobleza del gesto, que es un auténtico acto de amor. No se trata de donar simplemente algo que nos pertenece, sino de donar algo de nosotros mismos, puesto que ‘en virtud de su unión sustancial con un alma espiritual, el cuerpo humano no puede ser reducido a un complejo de tejidos, órganos y funciones, (…) ya que es parte constitutiva de una persona, que a través de él se expresa y se manifiesta’[3]”[4].

El consentimiento

         Sobre este punto señalo los siguientes criterios:

            1º “El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente”[5]. “El consentimiento de los parientes tiene su validez ética cuando falta la decisión del donante”[6].

            2º “Naturalmente, deberán dar un consentimiento análogo quienes reciben los órganos donados”[7].

Los peligros y riesgos

     “El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario”[8].

¿Qué órganos se pueden donar y trasplantar?

    “No todos los órganos son éticamente donables. Para el transplante se excluyen el encéfalo y las gónadas, que dan la respectiva identidad personal y procreativa de la persona. Se trata de órganos en los cuales específicamente toma cuerpo la unicidad inconfundible de la persona, que la medicina está obligada a proteger”[9].

Mutilación o muerte del donante

     “Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas”[10].

Trasplante de órganos vitales singulares

    Se entiende por órganos vitales singulares, aquellos órganos sin los cuales el ser humano no puede vivir (vital) y que además los posee no en número doble sino simple (singular); por ejemplo el corazón. Ha dicho el Papa Juan Pablo II: “Los órganos vitales singulares sólo pueden ser extraídos después de la muerte, es decir, del cuerpo de una persona ciertamente muerta. Esta exigencia es evidente a todas luces, ya que actuar de otra manera significaría causar intencionalmente la muerte del donante al extraerle sus órganos”[11].

Transplantes y eutanasia encubierta

     Cuando no se respetan los criterios objetivos de muerte, bajo la excusa de los trasplantes se esconde en realidad una verdadera eutanasia: “No nos es lícito callar ante otras formas más engañosas, pero no menos graves o reales, de eutanasia. Estas podrían producirse cuando, por ejemplo, para aumentar la disponibilidad de órganos para trasplante, se procede a la extracción de los órganos sin respetar los criterios objetivos y adecuados que certifican la muerte del donante”[12].

¿Es válido el criterio de muerte encefálica?

     De todos los problemas que presenta el tema de los trasplantes, el más serio es, ciertamente, la constatación de la muerte del donante. El principio moral que debe regir es el siguiente: en el caso del trasplante de órgano único vital hecho ex cadavere se requiere la certeza de la muerte del mismo.

    Debemos decir que si el trasplante se realiza verdaderamente de un cadáver a un hombre vivo, teniendo en cuenta y respetando todas las normas éticas pertinentes, no parecen haber objeciones morales, y se trataría de un acto “perfectamente lícito”[13]. Ahora bien, tales “normas éticas” son determinadas por los principios que siguen a continuación.

            1º Mientras haya vida, aunque sólo sea vida vegetativa, ésta es inviolable. Como afirma Mons. Sgreccia: “No se puede introducir la distinción entre ‘vida biológica’ y ‘vida personal’ (vida de conciencia y relación): en el hombre, hay una vitalidad única y mientras que hay vida hay que retener que se trata de vida de la persona…”[14]. Por su parte el Papa Juan Pablo II ha dicho: “El respeto a la vida humana… no es para el hombre uno de los derechos, sino el derecho fundamental… Derecho a la vida significa derecho a venir a la luz y, luego, a perseverar en la existencia hasta su natural extinción: mientras vivo tengo derecho a vivir’”[15].

            2º Como consecuencia de lo anterior, no se puede proceder en la duda o basándose en la sola probabilidad sino siempre y solamente en la certeza de su muerte. Aquí se aplica en toda su extensión el principio que enuncia Juan Pablo II para el trato de los embriones humanos: “… desde el punto de vista de la obligación moral, bastaría la sola probabilidad de encontrarse ante una persona humana para justificar la más rotunda prohibición de cualquier intervención destinada a eliminar un embrión humano”[16].

        Teniendo esto en cuenta, ¿puede aceptarse el criterio de la muerte encefálica? Sobre este tema tan delicado, ha dicho el Papa Juan Pablo II: “Al respecto, conviene recordar que existe una sola ‘muerte de la persona’, que consiste en la total desintegración de ese conjunto unitario e integrado que es la persona misma, como consecuencia de la separación del principio vital, o alma, de la realidad corporal de la persona. La muerte de la persona, entendida en este sentido primario, es un acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente. Pero la experiencia humana enseña también que la muerte de una persona produce inevitablemente signos biológicos ciertos, que la medicina ha aprendido a reconocer cada vez con mayor precisión. En este sentido, los ‘criterios’ para certificar la muerte, que la medicina utiliza hoy, no se han de entender como la determinación técnico-científica del momento exacto de la muerte de una persona, sino como un modo seguro, brindado por la ciencia, para identificar los signos biológicos de que la persona ya ha muerto realmente. Es bien sabido que, desde hace tiempo, diversas motivaciones científicas para la certificación de la muerte han desplazado el acento de los tradicionales signos cardio-respiratorios al así llamado criterio ‘neurológico’, es decir, a la comprobación, según parámetros claramente determinados y compartidos por la comunidad científica internacional, de la cesación total e irreversible de toda actividad cerebral (en el cerebro, el cerebelo y el tronco encefálico). Esto se considera el signo de que se ha perdido la capacidad de integración del organismo individual como tal. Frente a los actuales parámetros de certificación de la muerte –sea los signos ‘encefálicos’ sea los más tradicionales signos cardio-respiratorios–, la Iglesia no hace opciones científicas. Se limita a cumplir su deber evangélico de confrontar los datos que brinda la ciencia médica con la concepción cristiana de la unidad de la persona, poniendo de relieve las semejanzas y los posibles conflictos, que podrían poner en peligro el respeto a la dignidad humana. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que el reciente criterio de certificación de la muerte antes mencionado, es decir, la cesación total e irreversible de toda actividad cerebral, si se aplica escrupulosamente, no parece en conflicto con los elementos esenciales de una correcta concepción antropológica. En consecuencia, el agente sanitario que tenga la responsabilidad profesional de esa certificación puede basarse en ese criterio para llegar, en cada caso, a aquel grado de seguridad en el juicio ético que la doctrina moral califica con el término de ‘certeza moral’. Esta certeza moral es necesaria y suficiente para poder actuar de manera éticamente correcta. Así pues, sólo cuando exista esa certeza será moralmente legítimo iniciar los procedimientos técnicos necesarios para la extracción de los órganos para el trasplante, con el previo consentimiento informado del donante o de sus representantes legítimos”[17].

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Notas

[1] Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 86.

[2] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un congreso sobre trasplantes de órganos, 20 de junio de 1991, n. 3: L’Osservatore Romano, 2 de agosto de 1991, p. 9.

[3] Congregación para la doctrina de la fe, Donum vitae, 3.

[4] Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional, 29 de agosto de 2000.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2296.

[6] Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional, 29 de agosto de 2000.

[7] Ibid.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2296.

[9] Pontificio Consejo para la Pastoral de los agentes de la salud, Carta a los agentes de la salud, n. 88.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2296.

[11] Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional, 29 de agosto de 2000.

[12] Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 15.

[13] Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias, del 14 de diciembre de 1989, L’Osservatore Romano, 7 de enero de 1990, p.9, n. 6.

[14] Sgreccia, Manuale di Bioetica, op.cit., tomo I, p. 449.

[15] Juan Pablo II, Clausura de la IX Conferencia Internacional de agentes sanitarios; L’Osservatore Romano, 9 de diciembre de 1994, p. 7, n. 2.

[16] Juan Pablo II, Evangelium vitae, n. 60.

[17] Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional, 29 de agosto de 2000.

Este artículo fue publicado originalmente por nuestros aliados y amigos: El Teólogo Responde

 

8 de Septiembre, 2017, 11:21: ALFRE306Familia y Sociedad
Ningún hijo puede ser considerado como “existencia equivocada”.


Por: Fernando Pascual | Fuente: catholic.net



La frase es tan repetida que merece un momento de reflexión: “existen hijos que no deberían haber nacido” O, lo que es lo mismo, “hay existencias equivocadas”.

¿Qué se quiere decir con frases como estas? Que algunos hijos no deberían existir, que su vida es tan miserable o tan triste que hubiera sido mejor que no hubiesen nacidos.

Los motivos que llevan a este tipo de afirmaciones son de diferente orden. Unos dicen que no deberían nacer hijos en familias con escasos recursos económicos. A veces son los mismos esposos quienes piensan: no podemos llevar adelante, de modo decoroso, más de uno o dos hijos. Creen que el cariño les obliga a ofrecer un nivel de vida aceptable, a veces incluso cómodo, a los hijos. Sospechan, además, que si nacen más hijos verían reducidas sus posibilidades económicas. Tener más hijos sería, entonces, una “irresponsabilidad”.

Otras veces los esposos querrían tener más hijos, pero los familiares, los amigos, los jefes de trabajo, les presionan continuamente para que no hagan una “locura”, para que sean realistas, para que se den cuenta de que tienen el dinero muy justo como para acoger a nuevos hijos en una casa que ya resulta muy pequeña y, en muchos casos, mal acondicionada.

Junto a los motivos económicos, se unen motivos que podríamos llamar “educativos” o pedagógicos. Algunos padres piensan que si tienen los hijos muy seguidos, o si tienen “muchos” hijos, no podrían darles el cariño que merecerían, o tal vez verían, con una pena inmensa, que los hijos inician pronto el camino de la delincuencia o de los vicios. Deciden, entonces, espaciar la llegada de los hijos. Otras veces se preguntan si los que ya tienen (dos, tres, “incluso” cuatro, como si ese número fuese elevadísimo) serían “demasiados” para un sano equilibrio familiar y para una educación personalizada, capaz de dar como resultado hombres y mujeres maduros y socialmente sanos.

Existen motivos que podríamos llamar de tipo médico, que se refieren a las madres o a los hijos. A las madres, si el inicio de un nuevo embarazo podría significar un peligro para su salud, incluso la posibilidad de perder la vida. A los hijos, si el nuevo hijo podría nacer con graves deformaciones o con enfermedades hereditarias.

Nos detenemos ante estos tres argumentos (económicos, pedagógicos, médicos). Es cierto que afectan de modo distinto, según circunstancias muy variables, a los esposos, y que ofrecer una reflexión más concreta sería sumamente largo. Creemos, sin embargo, que es oportuno recordar una dimensión en la vida humana que ayuda no poco a abrirse con más esperanza a la llegada de los hijos.

Cada existencia humana implica un juego muy rico de relaciones. Vemos cómo la llegada de cada hijo enriquece y “sella” la vida conyugal. Además, el surgir de cada vida humana implica el cariño eterno e infinito de Dios, que acompaña en sus distintas etapas la existencia de cada uno de los seres humanos. La sociedad entera también es enriquecida: no podemos verla como un simple conjunto de reglas políticas y de factores económicos, sino como el ámbito en el que todos los hombres y las mujeres pueden nacer, crecer, desarrollarse, aportar y recibir, hasta el momento en el que termine el tiempo terreno y partamos hacia el encuentro definitivo con Dios.

Todas estas relaciones ponen en evidencia que el hijo, cada hijo, es un tesoro, es un don, es una riqueza, es una maravilla. Lo sabemos “desde abajo”, desde el cariño que hemos recibido millones y millones de seres humanos, cuando llegamos a un hogar y fuimos acogidos, cuidados, amados, vestidos, curados, educados e iniciados en el camino de la vida. Lo saben “desde arriba” los padres, cuando viven el amor de esposos abiertos a cada hijo que acoge y enriquece ese amor, que pide un “rincón” en la casa (grande o chica, pobre o lujosa) y, sobre todo, un espacio de cariño en los corazones.

Ningún hijo puede ser considerado como “existencia equivocada”. Aplicarle esa etiqueta implica tener una visión errada de lo que es la vida. Porque vivir no es conservar ansiosamente un conjunto de parámetros preestablecidos y deseados por los adultos, sino abrirse a la experiencia del amor, en el que cada día “perdemos” partes físicas o mentales de egoísmo para “ganar” y avanzar hacia la belleza del desgastarse y del morir un poco por el bien de otros. Especialmente si esos otros son hijos que nacen desde el amor y que aprenden, así, que están llamados a vivir para el amor.

Hay que recordar, en justicia, que no sólo es plenamente legítimo, sino que es incluso para integrante del mismo amor, el querer dar lo mejor a los propios hijos, desear que sean sanos y fuertes, buscar la educación más completa que los lleve a ser buenos, instruidos y enamorados de Dios y del prójimo. Estos deseos, si son auténticos, no pueden ir en contra de la llegada del hijo. Porque si queremos el bien de alguien es porque estamos dispuestos a que ese alguien exista.

En otras palabras, desear lo mejor para el hijo se compagina perfectamente con la apertura generosa a la llegada de ese hijo. Porque si inicia una vida es porque Dios bendice de un modo inmensamente magnífico el amor entre los esposos. Si la fe reina en la familia, si existe esa mirada profunda que reconoce que no cae ni una hoja de árbol sin que Dios lo permita, entonces los padres vivirán la llegada del hijo llenos de alegría y de esperanza.

Por eso, nunca será correcto hablar de “existencias equivocadas”. Porque Dios nunca se equivoca, porque el camino del amor nos permite descubrir en cada vida humana, aunque sea pobre, aunque esté enferma, aunque caiga en el camino resbaladizo del pecado, un destello maravilloso de un designio divino.

El amor sabe acoger a todos. Porque el amor es eso: perder un poco para “ganar” mucho, muchísimo. Ganar tanto que existen hogares, testimonios vivos de esperanza, que celebran la llegada de cada hijo como un acontecimiento, una fiesta, una participación en el sueño de amor que arranca del corazón mismo del Padre de los cielos.

Preguntas o comentarios al autor
7 de Septiembre, 2017, 12:35: ALFRE306Familia y Sociedad
Cada vez que abrimos el corazón a la voz de la conciencia, que nos avisa de los peligros y nos estimula en el camino hacia el bien


Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net



Dios ama a cada uno de sus hijos. Por eso, de mil maneras, busca atraerlos hacia sí, suscita en sus corazones ayudas para que emprendan el camino del bien. Entre esas ayudas está la conciencia, que santa Catalina de Siena llamaba con una fórmula sugestiva: el “perro de la conciencia”.

En su “Diálogo”, la santa italiana recordaba cómo Dios desea que los hombres acojamos sus enseñanzas y nos lancemos a reparar los propios pecados. De este modo podremos recibir grandes regalos. Según el texto de Catalina, Dios explica que muchos “por sus deseos de reparación, recibirán el perdón de sus pecados y este beneficio: que yo hago despertar en ellos el perro de la conciencia, sensibilizándoles para que perciban el perfume de la virtud y se deleiten en las cosas espirituales” (santa Catalina de Siena, “Diálogo”).

¿En qué modo ocurre esto? Así continúa el párrafo antes citado: “¿Cómo lo hago? Permito a veces que el mundo se les muestre en lo que es, haciéndoles sufrir de muchas y variadas maneras con objeto de que conozcan la poca firmeza del mundo y deseen su propia patria: la vida eterna. Por estos y otros muchos modos, que mi amor ha ideado para reducirlos a la gracia, yo los conduzco, a fin de que mi verdad se realice en ellos”.

El perro de la conciencia nos ayuda, según este texto, con un doble movimiento. Por un lado, nos permite reconocer la fragilidad del mundo. Por otro, despierta en nosotros el deseo de ir a la patria verdadera.

El “Catecismo de la Iglesia Católica” tiene una amplia sección donde habla de la conciencia. Entre las ideas que ofrece este documento, encontramos la siguiente descripción: “Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (cf. Rm 2,14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (cf. Rm 1,32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla” (“Catecismo de la Iglesia Católica”, n. 1777).

Cada vez que abrimos el corazón a la voz de la conciencia, que nos avisa como un perro fiel ante los peligros y nos estimula en el camino hacia el bien, estamos escuchando a Dios, que nos invita a apartarnos del mal, a arrepentirnos de nuestros pecados, y a correr en el amor a Él y a los hermanos.

 

6 de Septiembre, 2017, 16:45: ALFRE306Familia y Sociedad
¿Tenemos en casa niñera electronica?


Por: P. Fernando Gioia, EP | Fuente: es.gaudiumpress.org



Hemos tenido oportunidad, de preguntarnos si somos adictos digitales, así como confirmar cómo este fenómeno nos "roba" el espacio que tenemos reservado para los nuestros y para Dios. Queremos considerar ahora el crecimiento de acceso, uso y abuso de los aparatos digitales por parte de niños y preadolescentes.

Según numerosos pediatras, psicólogos y educadores, el fenómeno del "dominio de la pantalla", perjudica el normal desarrollo emocional e intelectual de un niño pues, dejan de interactuar con el mundo que los rodea, aislándolos en el mundo digital.

Pero ocurre que, al lado de los niños, encontramos a padres pegados continuamente a los aparatos digitales. Eso los imposibilita, en cierta forma, para establecer normas, pues no son ejemplo vivo de lo que no se debe de hacer. Consideran más cómodo, menos trabajoso, da más libertad, ponerle un aparatito en sus manos, en vez de compartir, estar con él, escucharle.

La Dra. Steiner-Adair, autora del singular libro "La gran desconexión: protección de la infancia y relaciones familiares en la era digital", resalta dos importantes momentos en el relacionarse con el niño o el preadolescente: la ida al colegio, y más aún la vuelta del mismo; pues aquí tienen para contarle sus andanzas, sus preocupaciones, sus alegrías.

Los padres quedan preocupados, no saben cómo maniobrar esta difícil situación. Hay ventajas y desventajas. Ventajas, dicen algunos, son el comunicarnos con nuestros hijos, que los juegos desarrollan el pensamiento, que en la pre-adolescencia intercambian con amigos aumentando su relacionamiento social.

Pero, el Lic. Ignacio Gath, psicólogo del Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires, objeta que el preadolescente quedará expuesto a sitios web inadecuados, que se corre el riesgo de que accedan a él personas desconocidas exponiéndolos a situaciones de vulnerabilidad. El debate es amplio...

Piden los niños celulares a edades cada vez más tempranas, ¿por qué no...si todos lo tienen?, dicen ellos. Pero, se pregunta uno: ¿cuáles son los beneficios para su bienestar, tanto emocional como social?

La psicóloga mexicana Tania Castro llama de "huérfanos digitales" a los "niños cuyos padres les permiten sumergirse en la tecnología sin restricción alguna, con el objetivo de mantenerlos tranquilos y sin protestar". ¿Cuál es el riesgo?, se pregunta esta psicóloga. Es que, con el uso excesivo de estos dispositivos electrónicos los transforma en una "niñera electrónica". La televisión, en su puesto de relevancia, va siendo desplazada gradualmente por las tabletas, los celulares (con sus juegos y redes sociales), dando lugar a que "se pierda el vínculo comunicativo entre padres e hijos" (ACI, 14 de mayo 2017).

Encuestas en variados países muestran que los niños pasan entre 5 a 6 horas y media por día frente a la pantalla, sea TV, celular o Tablet. Singular queja, en Reino Unido, de los niños: el 27 % dice que sus padres tienen normas dobles sobre la tecnología...Diríamos nosotros: son "adictos digitales" y quieren impedir que sus hijos lo sean; el mal ejemplo los traiciona. Hay enfrentamiento en las respuestas: 60% de los padres creen que su hijo pasa demasiado tiempo en el dispositivo móvil en casa, pero el 21 % de los niños sienten que sus padres no los escuchan porque están en mensajes, llamadas o textos en sus móviles. Espántense: en Reino Unido, el 39 % de los niños se comunican por texto, correo o redes sociales con sus padres, ¡estando en la misma casa!

Este fenómeno de "encajar el chupete (pepe)", de la "niñera electrónica", de la "paternidad distraída", de los "huérfanos digitales", nos lleva a la consecuente preocupación frente la excesiva presencia de la pantalla en los niños y preadolescentes.

Las asociaciones de pediatría alertan sobre el uso, sobre todo en los bebés, ya que puede ocasionar problemas de aprendizaje y de psicomotricidad. Esto, muchos padres no lo saben. A veces puede producir trastornos en el habla (o específicos del lenguaje), en niños de 4 o 5 años, que vivieron acompañados de ellos durante toda la infancia. "Porque la imagen no tiene una palabra que acompañe el proceso de aprendizaje, es tanta la velocidad que no aparece el procesamiento adecuado. Los niños prefieren ver e interactuar con el mundo digital en vez de crear escenarios en el mundo real. La reducción de la manipulación de objetos afecta la motricidad" (Clarín de Buenos Aires, 1-3-2017).

Ocurren aún repercusiones en el comportamiento, la salud, el estudio: el excesivo uso en preadolescentes produce insomnio y falta de descanso que derivan en dificultades atencionales, bajando el rendimiento escolar; la disminución de actividad física y de exposición al sol da trastornos del peso; el intercambio online dificulta la adquisición de habilidades comunicacionales y sociales (un conflicto online se soluciona con un clic, borrando el contacto o bloqueándolo).

Clara explicación hace la psicóloga argentina Ileana Fischer, que coordina equipos en el Centro Rascovsky. Recomienda - entre otras cosas - no darles celular a niños menores de 2 años. Es lo que vemos, niños que aún no hablan, con los teléfonos celulares o las tabletas de sus padres, impidiendo eso que exploren el mundo de su entorno y relacionarse con quienes los rodean.

Confirmando esta recomendación, la Academia Estadounidense de Pediatría, basada en un estudio del 2010 de la Kaiser Family Foundation, declara: "el cerebro de un niño se desarrolla rápidamente durante estos primeros años y los niños pequeños aprenden mejor si interactúan con personas, que con pantallas". Distraerlos con pantallas no es la solución, hay que enseñarles a que se apacigüen o entretengan por sí mismos.

Más radicales en sus propuestas están la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría: los niños no deben usar aparatos electrónicos portátiles antes de los 12 años. ¡Sorprendente afirmación! ¿Y por qué propondrán esto? Veamos las observaciones de Cris Rowan, terapeuta pediátrica y experta en desarrollo infantil, autora del libro "Infancia virtual", entra en polémica proponiendo prohibir el uso a los niños menores de esa edad. Numerosas razones pone en el tablero de discusión, veamos apenas algunas: 1) la exposición excesiva a las tecnologías, se ha demostrado que se asocia con déficit de atención, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, impulsividad y disminución del autorregularse, por ejemplo, rabietas. 2) Poco movimiento, retraso en el desarrollo. El movimiento, mejora la atención y la capacidad de aprendizaje. 3) Aumento de la obesidad. 4) De 9 y 10 años, privados de sueño, calificaciones afectadas negativamente. 5) Uso abusivo, factor causal en el aumento de la depresión infantil, ansiedad, trastornos de vinculación, déficit de atención, comportamiento del niño problemático. 6) Contenidos violentos pueden causar agresión infantil. 7) Y cuando son de alta velocidad contribuyen al déficit de atención, disminución de la concentración y de la memoria. Quien no puede mantener la atención no puede aprender.

Dejamos en sus manos estas variadas informaciones para un mejor accionar en esta delicada problemática familiar. Que Dios y la Virgen los ayuden.

 

 

1 de Septiembre, 2017, 12:08: ALFRE306Familia y Sociedad
¿Sabías que el buscar una novia es uno de los negocios más serios y decisivos de tu vida?


Por: Dante Ramírez | Fuente: Revista Si




¿Sabías que el buscar una novia es uno de los negocios más serios y decisivos de tu vida? Es la construcción del propio futuro junto a quien has de compartir todas tus horas, tus penas y alegrías. Un fracaso en la carrera o en una inversión fuerte, es duro y triste, pero siempre es posible rehacerse. Sin embargo, el fracaso en el amor, en la realización de la propia familia, puede teñir de tristeza toda tu vida

El trabajo creativo durante tu noviazgo empieza cuando tu novio(a) decide dejar atrás la fase de cortejo y el compromiso abre las puertas para un futuro juntos. La única manera de construir un futuro sólido es conociéndose, hablando sobre los temas que dan sentido a la vida de ambos y negociando las diferencias para crear un estilo de vida en común.

Un noviazgo sólido es aquel que logra el reconocimiento y la aceptación de las fortalezas y debilidades individuales y de la relación, pero que decide construir sobre las primeras y no quedarse atrapada en los aspectos difíciles.

Responde este test y descubre qué tan bien te va buscando pareja...


1) Has planeado tu boda... ¿a qué edad piensas casarte?
a) De 18-24 años.
b) De 25-32 años.
c) De 33-39 años.


2) Tu noviazgo ha sido genial, nunca han existido broncas, ni discusiones, tu novio te entiende perfecto y jamás se han peleado. Él te pide matrimonio... Tú:
a) Piensas que tu noviazgo tiene una base muy pobre de experiencia.
b) Aceptas sin dudar.
c) Truenas porque a tu novio todo le parece bien.


3) Tu novia habla siempre de lo maravilloso y color de rosa que es el matrimonio, y acostumbra hacer comentarios como estos: "Qué bello va a ser nuestro matrimonio, por fin vamos a estar los dos solos"... "Casándonos vamos a ser felices toda la vida"... "Cuando nos casemos tiene que cambiar tu forma de pensar"... ¿Qué haces tú?
a) Te casas porque es una persona lindísima como novia y tú piensas lo mismo del matrimonio.
b) Platicas con él o ella de que el matrimonio no es todo felicidad.
c) Le buscas un buen psicoanalista.


4) Tu novia(o) es excesivamente depresiva, pero tú no le has dado importancia, de hecho, nunca han tocado el tema y estás a un día de tu boda... ¿Qué haces?
a) Te casas, y buscas un terapeuta de pareja para resolver el problema.
b) Le marcas en ese instante por teléfono y le dices que tienes que hablar con él o ella en ese momento y si no existe acuerdo de que se trate su problema emocional no te casas.
c) Lo sigues pasando por alto y todo sigue adelante.



5) Conoces a una persona que te atrae muchísimo. Empiezas a salir con ella y a la segunda salida se hacen novios, la persona te hace sentir muy feliz, nunca has sentido esto con alguna otra persona, pasan dos meses y te pide matrimonio... tú:
a) Le pides que se conozcan mejor; que te interesa conocer qué expectativas tienen cada uno sobre su relación y su persona para ver si realmente pueden con el matrimonio.
b) Aceptas, ya habrá una vida para acabar de conocerse y aprender a manejar las diferencias que se presenten..
c) Te lanzas, al fin existe el divorcio.


6) La familia de tu novio(a) insiste en que se casen, porque en toda su familia ha habido matrimonios felices y por herencia esta nueva familia también lo será... tú:
a) Le pides una explicación de los matrimonios de su familia, y al ver que todos han sido felices te casas, porque seguramente es lo que la familia quiere y no lo dejarán que haga un mal matrimonio.
b) Le haces ver que la decisión matrimonial se toma en pareja, y que lo que la familia diga es sólo un consejo.
c) Te casas al ver la insistencia de la familia.


7) Tu novio(a) tiene prisa por casarse, entonces tú:
a) Aceleras el proceso del noviazgo sin importar que no se conozcan bien.
b) Te añades a su prisa y planean la boda para el siguiente mes.
c) Le pides paciencia y calma, que las cosas se dan a su debido tiempo.



8) Para escoger tu novio(a) te fijas en que:
a) Sea completamente diferente a ti.
b) Sea alguien como tú.
c) Tenga un ligero parecido a ti.


9) Durante el noviazgo tu comunicación es:
a) Interesante.
b) Divertida, pero superficial.
c) Profunda.


10) Estás casado(a) y sabes algunas intimidades de tu cónyuge:
a) Las dices en reuniones de amigos íntimos, porque tal vez son chuscas.
b) Las comentas exclusivamente con tu cónyuge.
c) Las cuentas a todo el mundo sin importar lo que piense tu cónyuge.



RESPUESTAS
1) A=1 B=3 C=0
2) A=3 B=0 C=1
3) A=0 B=3 C=1
4) A=1 B=3 C=0
5) A=3 B=1 C=0
6) A=1 B=3 C=0
7) A=1 B=0 C=3
8) A=0 B=3 C=1
9) A=1 B=0 C=3
10)A=1 B=3 C=0



De 0-9 puntos
Sería bueno que revisarás los siguientes conceptos: Hoy se valoran mucho la espontaneidad, la sinceridad y la inmediatez en las relaciones humanas, especialmente entre los jóvenes. Hay en ello un valor innegable, pero con frecuencia se mezcla con ese valor un grave defecto: la superficialidad. El amor, se dice, es un impulso espontáneo, hay que dejarse llevar por el amor. Recuerda que el noviazgo debe ser la escuela del amor, la escuela en la que dos jóvenes se conocen a fondo y aprenden a amarse de verdad, a desprenderse de sí mismos para darse al otro y a dar la vida a otros: sus futuros hijos.



De 10-20 puntos
Si tienes esté puntaje no te desanimes recuerda ante todo que el noviazgo es para conocerte y conocer a tu novio(a); sólo podemos amar de verdad, cuando surge el amor personal y profundo, cuando hay conocimiento. No basta saber quién es el otro, dónde vive o quiénes son sus padres. Es necesario conocerlo bien como persona. Esto es importante para poder discernir maduramente y basar el futuro matrimonio sobre fundamentos firmes. El amor es adhesión de la voluntad a la otra persona como es; y esa adhesión no puede darse si no se le conoce como es. SUPÉRATE, quien ama desea lo mejor para el amado; desea superarse él, ayudar a que se supere el otro, y superarse, elevar las relaciones mutuas que constituyen a la pareja como tal.



21-30 puntos
Felicidades estas listo para el matrimonio. Recuerda que existe el amor verdadero, limpio y duradero, y que sólo en él encuentra el hombre su felicidad.

31 de Agosto, 2017, 11:09: ALFRE306Familia y Sociedad
La Iglesia está comprometida en la recuperación de los adictos.


Por: Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María | Fuente: www.corazones.org



La adicción a la droga, el juego, alcohol, etc. lleva a la persona a perder la libertad sobre su propio comportamiento, a la destrucción de la familia y a la ruina social.

La Iglesia está comprometida en la recuperación de los adictos.

La adicción es un estado de dependencia a algo. Aunque generalmente se refiere al alcohol, las drogas y los juegos de azar, hay muchas otras adicciones, por ejemplo la pornografía. El adicto adquiere un aumento de tolerancia a la sustancia, pero también queda atado al hábito de consumo. Experimenta una creciente dificultad para dejar la droga, sustancia o experiencia. El miedo a los síntomas de retiro de la sustancia es el mayor obstáculo, aún para personas que están convencidas, en el campo moral, que debieran de superar la adicción.

Los programas de recuperación seculares ofrecen algunos medios positivos, pero solos no pueden llegar a la raíz espiritual del problema. El hombre es criatura y depende de Dios. Sin Dios el hombre queda vacío y termina dependiendo de otras cosas. Sólo un retorno a Dios puede verdaderamente liberar al hombre. El hombre sin Dios no tiene las fuerzas para liberarse. Dios puede actuar por medio de programas seculares para ayudar a la recuperación pero, sin una apertura a Su gracia, el alma seguiría vacía.

El Papa Juan Pablo II intervino en el tema de la adicción en más de 360 ocasiones. Cristo ha venido a sanar al hombre cuerpo y alma. El estudio de la adicción ha contribuido a desarrollar la teología moral Católica en cuanto a comprender la culpa subjetiva. El adicto pierde el control de su vida y necesita insertarse en un cuerpo donde experimente el amor de Dios. Solidaridad: esta necesidad del convivir con otros en un ambiente con fundamentos cristianos de moral es necesario para todo ser humano. Comprender esto ha hecho posible un mejor y más efectivo cuidado pastoral de los adictos.

El Espíritu Santo ha suscitado varios movimientos apostólicos en la Iglesia que ministran a los adictos.


La Iglesia: Drogas y Adicción a las Drogas

El Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios abordó la cuestión de las drogas en un manual pastoral titulado “La Iglesia: Drogas y Adicción a las Drogas”, publicado en el 2001. Desde un punto de vista moral la Iglesia no puede aprobar el consumo de drogas, explicaba el texto, porque implica una renuncia injustificada a pensar, querer y actuar como personas libres (N. 43).

El consejo decía que los individuos no tienen el “derecho” a abdicar de su dignidad personal o a dañarse a sí mismos. La liberalización de las leyes que controlan las drogas, advertía el consejo, corre el riesgo de crear una clase inferior de seres humanos subdesarrollados, que dependen de las drogas para vivir. Esto sería un abandono del deber del Estado de promover el bien común (No. 51).

En lugar de extender el acceso a las drogas, el manual proponía una mayor educación que enseñe a las personas el verdadero sentido de la vida y dé prioridad a los valores, comenzando por los valores de la vida y el amor, iluminados por la fe. La Iglesia también propone una terapia de amor y dedicación a las necesidades de los adictos para ayudarles a superar sus problemas (N. 53-55). Soluciones que será difícil poner en práctica, pero que ofrecerán un remedio acorde a la dignidad humana-

A continuación extracto de la Carta a los agentes sanitarios, 1995 del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios.


La dependencia

92. La dependencia, desde el punto de vista médico-sanitario, es una condición de hábito a una sustancia o a un producto -como fármacos, alcohol, estupefacientes, tabaco- por los cuales el individuo sufre una incoercible necesidad, y cuya privación puede ocasionarle turbaciones psicofísicas. El fenómeno de la dependencia presenta en nuestra sociedad una creciente, preocupante y en ciertos aspectos dramática escalada. Este hecho está en relación, por un lado, con la crisis de valores y de sentido por la cual atraviesa la sociedad y la cultura de nuestro tiempo, por otro lado, con el stress y las frustraciones generadas por el eficientismo, por el activismo y por la elevada competitividad y anonimia de las interacciones sociales. Indudablemente los males causados por la dependencia y su curación no le pertenecen exclusivamente a la medicina. Pero de todos modos le compete una gestión cercana preventiva y terapéutica propia.


Droga

93. La droga o tóxicodependencia es casi siempre la consecuencia de una reprobable evasión de la responsabilidad, una contestación apriorística contra la estructura social que es rechazada sin propuestas productivas de razonables reformas, una expresión de masoquismo motivada por la carencia de valores. Quien se droga no comprende o ha perdida el sentido y el valor de la vida, exponiéndola así a riesgos y peligros, hasta perderla: muchos casos de muerte por sobredosis son suicidios voluntarios. El drogado adquiere una estructura mental nihilista, prefiriendo superficialmente el nada de la muerte al todo de la vida.

94. Desde la dimensión moral "el drogarse es siempre ilícito, porque comporta una renuncia injustificada e irracional a pensar, querer y obrar como persona libre". El juicio de ilicitud de la droga no es un dictamen de condena al drogado. Él vive la propia situación como una "pesante esclavitud", de la cual tiene necesidad de ser liberado. La vía de recuperación no puede ser ni la de la culpabilidad ética ni la de la represión legal, sino impulsar sobre todo la rehabilitación que, sin ocultar las eventuales culpas del drogado, le favorezca la liberación y reintegración.

95. La desintoxicación del drogado es más que un tratamiento médico. Por otra parte, los fármacos poco o nada pueden. La desintoxicación es una intervención integralmente humana, orientada a "dar un significado completo y definitivo a la existencia" y a restituirle al drogado aquella "autoconfianza y saludable estima de sí" que le ayuden a reencontrar el gozo de vivir. En la terapia recuperativa del tóxicodependiente es importante "el esfuerzo de conocer a la persona y comprender su mundo interior; conducirlo hacia el descubrimiento o al redescubrimiento de la propia dignidad de hombre, apoyarlo para que le resuciten y crezcan, como sujeto activo, aquellos recursos personales que la droga había sepultado, mediante una segura reactivación de los mecanismos de la voluntad, dirigida hacia firmes y nobles ideales".

96. La droga es contra la vida. "No se puede hablar de la «libertad de drogarse» ni del «derecho a la droga», porque el ser humano no tiene la potestad de perjudicarse a sí mismo y no puede ni debe jamás abdicar de la dignidad personal que le viene de Dios" y menos aún tiene facultad de hacer pagar a los otros su elección.


Alcoholismo

97. A diferencia de la droga, el alcohol no está deslegitimado en sí mismo: "un uso moderado de éste como bebida no choca contra prohibiciones morales". 200 Dentro de límites razonables el vino es un alimento. "Es condenable solamente el abuso" el alcoholismo, que crea dependencia, obnubila la conciencia y, en la fase crónica, produce graves daños al organismo y a la mente.

98. El alcohólico es un enfermo necesitado tanto de tratamiento médico como de ayuda a nivel de solidaridad y de la psicoterapia; Por eso, se deben poner en ejecución acciones de recuperación integralmente humana.


Tabaquismo

99. También para el tabaco la ilicitud ética no concierne al uso en sí mismo, sino al abuso. Actualmente se afirma que el exceso de tabaco es nocivo para la salud y crea dependencia, ya que induce a reducir siempre más el umbral del abuso. El fumar crea un problema que ha de manejarse por disuasión y prevención, desarrollándolas especialmente mediante la educación sanitaria y la información, aún de tipo publicitario.


Psicofármacos

100. Los psicofármacos conforman una categoría especial de medicina tendientes a controlar agitaciones, delirios y alucinaciones o a liberar del ansia y la depresión.

101. Para prevenir, contener y superar el riesgo de la dependencia y del hábito, los psicofármacos están asumidos bajo control médico. "Rige la misma instancia sobre la indicación médica de sustancias psicótropas para aliviar en casos bien determinados sufrimientos físicos o psíquicos, aunque también conciernen criterios de gran prudencia, para evitar peligrosas formas de hábito y de dependencia". "Es responsabilidad de las autoridades sanitarias, de los médicos, del personal directivo de los centros de investigación dedicarse a reducir al mínimo estos riesgos mediante adecuadas medidas de prevención y de información".

102. Suministrados con finalidad terapéutica y con el debido respeto a la persona, los psicofármacos son éticamente legítimos. Rigen para ellos las condiciones generales de licitud de la intervención curativa. En particular, se exige el consentimiento informado y el respeto al derecho de rechazar la terapia, teniendo en cuenta la capacidad de decisión del enfermo mental. Como también el respeto al principio de proporcionalidad terapéutica en la elección y suministro de estos fármacos, sobre la base de un estudio cuidadoso de la etiología de los síntomas o de los motivos que inducen a una persona a solicitar el fármaco.

103. Es moralmente ilícito el uso no terapéutico y el abuso de psicofármacos llevado al punto de ser potencializadores del funcionamiento normal o a procurar una serenidad artificial y eufórica. Utilizados en esta forma, los psicofármacos son semejantes a cualquier sustancia estupefaciente, por eso se aplica para ellos los juicios éticos ya formulados respecto a la droga.


Psicología y psicoterapia

104. En casi toda la patología del cuerpo está ya demostrado un componente psicológico ya sea como con-causal o como resonancia. De esto se ocupa la medicina psicosomática, que sostiene el valor terapéutico de la relación médico-paciente. El agente de la salud ha de esmerarse en la interacción con el paciente, de modo tal que su sentido humanitario refuerce la profesionalidad y la competencia y, así, éstas resulten más eficaces por su capacidad de comprender al enfermo. El acercamiento pleno de humanidad y de amor al enfermo, procurado por una visión integralmente humana de la enfermedad y avalado por la fe, se inscribe en esta eficacia terapéutica de la relación médico-enfermo.

105. Malestares y enfermedades de orden psíquico pueden afrontarse y tratarse con la psicoterapia. Ésta comprende una variedad de métodos que consienten que una persona le ayude a otra a sanarse o al menos a mejorarse. La psicoterapia es esencialmente un proceso de crecimiento para la persona, es decir, un camino de liberación de problemas infantiles, o de conflictos pasados, y de promoción de la capacidad de asumir identidad, rol, responsabilidad.

106. Como intervención curativa la psicoterapia es moralmente aceptable; pero con el respeto a la persona del paciente, en cuya interioridad él permite entrar. Tal respeto obliga al psicoterapeuta a no violar la intimidad ajena sin su consentimiento y a obrar dentro de los límites que le impone el mismo paciente. "Así como es ilícito apropiarse de los bienes de otro o atentar contra su integridad corporal sin su aprobación, igualmente no es tolerado entrar contra su voluntad en su mundo interior, cuales sean las técnicas y los métodos empleados".

El mismo respeto obliga a no influenciar y forzar la voluntad del paciente. "El psicólogo verdaderamente deseoso de buscar solo el bien del paciente, semostrará muy atento de respetar los límites fijados a su labor por la moral, dado que él, por así decirlo, tiene en la mano la facultad psíquica de un hombre, su capacidad de obrar libremente, de realizar los más elevados valores que comportan su destino y su vocación social".

107. Desde el punto de vista moral las psicoterapias privilegiadas son la logoterapia y el counselling. Pero todas son admisibles, a condición de que sean administradas por psicoterapeutas guiados de un elevado sentido ético.

Consultar el documento completo: Carta a los agentes sanitarios

 

29 de Agosto, 2017, 11:39: ALFRE306Familia y Sociedad
¿Por si nos divorciamos? ¡Qué clase de mentalidad es esa! ¡Cómo alguien puede casarse así!


Por: Pamela Vizcaíno | Fuente: Catholic.net



Hace unos días llevé mi coche a la agencia para que recibiera el servicio de mantenimiento y sentada a la espera de un taxi que me regresara a mi casa conocí a un señor llamado Raymundo, no soy muy buena con los cálculos pero creo que su edad era de unos sesenta y pico; comenzamos a platicar del tema en turno: coches… y yo, que no sé mucho de eso solo pude comentar algunos puntos sobre diferentes marcas, le hablé sobre mi sueño de manejar un bocho –que espero algún día se haga realidad– y a decir verdad ese tema no duró mucho sobre la mesa.

De un tiempo acá me considero una apasionada por las historias de amor, pero no un amor como el que nos cuenta Hollywood en 120 minutos, ¡qué va! sino un amor de verdad, ese amor que se avienta a lo desconocido y comienza a construir poco a poco una historia que nace de un noviazgo feliz y con bases sólidas como lo son el conocimiento mutuo, los detalles, y la comunicación entre los novios, y que después en el matrimonio construyen juntos un patrimonio, una economía y con la llegada de los hijos ¡una familia! Ese día, Raymundo me platicó diferentes aspectos de su vida, mencionó a sus hijos en la conversación y al poco rato, a su esposa; yo no pude evitar hacer la pregunta obligada: ¿Cuántos años llevan casados? –37 años, contestó él… –¿¡Treinta y siete años!? ¡Felicidades! Levanté la voz al decir esto y las personas que estaban al rededor se me quedaron mirando como diciendo: y a ésta loca, ¿qué mosco le picó? Cabe mencionar que eran las 8:00 a.m. y a esa hora la gente no tiene muchas ganas de convivir. Seguimos conversando del tema y yo hice énfasis en mi felicitación: “En estos tiempos es de admirarse que una pareja llegue a los 37 años de matrimonio, yo a usted lo felicito, y lo admiro” a lo que él contestó: “Es verdad, hoy en día se casan queriendo no casarse… porque a la preparación de la boda se le agregan detalles que antes no era necesario tomar en cuenta, se casan por bienes separados, y los novios dicen: "por si  nos divorciamos…”.


No tardó mucho en llegar el taxi del señor Raymundo, nos despedimos y al poco rato también llegó el mío. El tiempo que tardé en llegar a mi casa me quedé pensando en esta última frase que él me había dicho, y en mi cabeza solo daba vueltas esto: ¿Por si nos divorciamos? ¡Qué clase de mentalidad es esa! ¡Cómo alguien puede casarse así! ¿No se supone que te casas para toda la vida? Y es que, vivir en una sociedad en donde ya todo es desechable, incluso el amor, es un poco complicado. En donde en el colegio, en la clase de sexualidad nos enseñan que para proteger el amor solo es necesario un condón y que “si es por amor” no tiene nada de malo tener sexo, eso si, omiten la parte de que cuando se dan cuenta que en realidad no era amor el corazón termina destrozado y entregarse a una y otra y otra persona al final los lleva a no saber quiénes son en realidad, pues han dado tanto a tantas personas que terminan por quedarse con muy poco.

 

Nadie nos da la opción de vivir la castidad y esperar hasta el matrimonio, fortaleciendo el amor a través de la espera, sabiendo que si la persona con la que estamos ahora no es para nosotros, no tenemos por qué acostarnos con ella pues posiblemente estemos acostándonos con la persona de alguien más. Y para los que pueden ver el futuro y argumentan esto diciendo estar 100% seguros de que se van a casar con la persona en turno… si están tan seguros de ello, entonces, ¿cuál es su apuro con el sexo?

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